En Bunge dicen que nunca se fueron, pero lo cierto es que están de vuelta. Y el emblemático edificio de las calles 25 de Mayo y Lavalle es la mejor prueba. Esa réplica de la antigua casa Bunge en Bruselas y que aquí llaman "El Castillo" fue construida en 1925 y acaba de ser puesta a nuevo tras una inversión de US$ 2 millones y luego de 7 años de pura inactividad.
En los años 90, y luego de su paso por el gobierno de Carlos Menem, Bunge (a la que se le cayó el apellido Born) se desprendió de la mayoría de sus empresas, que abarcaban casi todas las ramas industriales, y se dedicó a exportar granos y aceites. En 1998 vendió su nave insignia, Molinos, a Goyo Perez Companc.
Raúl Padilla, el manager designado en 2001, fue logrando tantos desde entonces. La firma pasó de facturar 400 millones de dólares en 1998 a los actuales 2.500 millones. Hoy, gracias al boom de la soja, es la tercera exportadora del país, después de Repsol-YPF y Cargill, y la segunda en aceites. Padilla se sienta hoy en el directorio internacional que se reúne cuatro veces por año en la sede mundial de esta multi en White Plains, estado de Nueva York. Y depende directamente de Alberto Weizzer, el brasileño que lleva las riendas de esta corporación que factura 23.000 millones de dólares al año y que con 36 millones de toneladas es la número uno en la molienda internacional de soja.
En la Argentina, Bunge maneja 10 millones de toneladas de granos de los 50 millones que se exportan. "Somos una firma de logística", define Padilla a Clarín al describir que están en todos los puntos del proceso, que arranca en el lote de siembra y llega al producto colocado en el barco. Poseen cuatro plantas de molienda y están por dar el salto a un complejo que tendrá 400 hectáreas con puerto propio en Ramallo, y que implica una inversión de 100 millones de dólares en los próximos tres años.
Ramallo será también la punta de lanza para el negocio de fertilizantes que Bunge lidera en Brasil y busca fortalecer aquí.
—¿Qué argumentos utilizaron para lograr esta inversión?, se le preguntó a Padilla.
—Con el complejo de Ramallo nos estamos anticipando a un país que va a producir 100 millones de toneladas de granos. Argentina tiene una gran ventaja comparada con el resto de América latina en su infraestructura para acercar la cosecha a los puertos. Son puertos que permiten la navegación de buques de gran porte.
—¿Para cuándo prevén la cosecha de 100 millones de toneladas?
—Este año se producirán 70 millones; creo que a lo sumo en 2010 llegaremos a los 100.
—¿Cómo influyen los tironeos con los acreedores en inversiones de este tipo?
—Nuestros accionistas son muy optimistas respecto de la Argentina y piensan que las incertidumbres se resolverán de manera razonable. Por otro lado, la capacidad de nuestra firma se está acercando al límite. Este es un mercado en el que vamos a estar y que vamos a liderar.
"El árbol se nos movió varias veces", dice Padilla para describir situaciones difíciles y la decisión de permanecer.
En agosto de 2001 Bunge, que nació en la Argentina en el siglo XIX, debutó en la bolsa de Nueva York, donde cotiza el 40% de su paquete. El resto pertenece a unos 180 accionistas, algunos de cuyos nombres aún suenan familiares: Hirsch, Bunge, Born, Engels y De la Tour