Récord exportador: el desafío de convertir el potencial agroindustrial en crecimiento sostenido, por Ezequiel García Corado

Entre enero y agosto, los embarques agroindustriales argentinos alcanzaron los 84,26 millones de toneladas y generaron ingresos por US$ 37.525 millones, con subas interanuales del 10% en volumen y del 13% en valor. Además, al menos 126 productos registraron los mayores montos exportados de la última década. La amplitud de ese resultado es uno de los aspectos más interesantes: el crecimiento no se limita a los complejos tradicionales, sino que también alcanza a una variedad de productos con diferentes escalas y mercados.

La evolución de las ventas de carne bovina, aceite de girasol, crustáceos, miel y limón, entre otros rubros, muestra que la oferta argentina tiene posibilidades de ganar espacio en segmentos diversos. En algunos casos, el avance responde a productos con una presencia consolidada en el comercio exterior; en otros, abre la puerta a explorar nuevos destinos y a desarrollar negocios que todavía tienen un peso reducido en el total exportado.

Este último punto merece especial atención. Que productos como el orégano, el kiwi, las semillas de coriandro o el aceite de jojoba hayan alcanzado máximos de la década no significa que puedan transformar por sí solos la matriz exportadora. Sí indica que existen oportunidades para ampliar la variedad de bienes que Argentina coloca en el exterior y reducir, gradualmente, la dependencia de un conjunto acotado de actividades.

Diversificar también implica resolver desafíos logísticos

La diversificación exportadora no depende únicamente de la capacidad productiva o de encontrar compradores. Para sostenerse, requiere que toda la cadena funcione de manera competitiva, desde el origen de la mercadería hasta su entrega en destino. En el comercio internacional, los costos de transporte, la disponibilidad de espacios en los buques, los tiempos de tránsito y la coordinación de los embarques pueden incidir directamente en la rentabilidad de una operación.

Este aspecto adquiere mayor relevancia cuando se trata de productos que están comenzando a ganar mercados. Para una empresa que exporta volúmenes pequeños, una demora o un costo logístico elevado puede representar una barrera considerable. Por eso, el acceso a soluciones de transporte adecuadas, la planificación y la previsibilidad son factores que ayudan a convertir una oportunidad comercial en un negocio sostenible.

También es importante considerar que cada producto tiene sus propias exigencias. No demanda la misma planificación el traslado de mercadería refrigerada que el de productos secos o materias primas a granel. La competitividad exportadora requiere, por lo tanto, una mirada integral que contemple las particularidades de cada operación y permita responder a las condiciones de los compradores internacionales.

Los mercados externos exigen continuidad

India, China, Vietnam, Brasil, Estados Unidos, Chile y Perú, junto con Arabia Saudita, Indonesia y Malasia, figuran entre los principales destinos de la agroindustria argentina. La diversidad geográfica de esos mercados representa una oportunidad, pero también plantea la necesidad de comprender sus características, desarrollar vínculos comerciales y sostener una oferta confiable.

En un escenario internacional competitivo, no alcanza con aprovechar una coyuntura favorable de precios o demanda. La posibilidad de conservar y ampliar mercados depende de cumplir con los compromisos asumidos, mantener estándares de calidad y ofrecer condiciones de entrega previsibles. La continuidad es tan importante como la capacidad de colocar un embarque puntual.

Los datos de exportación muestran que Argentina cuenta con una base productiva amplia y con margen para desarrollar nuevos negocios. El próximo paso consiste en transformar ese potencial en una estrategia de largo plazo, en la que producción, infraestructura, logística y acceso a mercados avancen de manera coordinada.

Un récord es una buena noticia, pero no constituye por sí mismo una garantía de crecimiento futuro. Su verdadero valor está en lo que permite construir a partir de él: más empresas exportadoras, una canasta de productos más diversa y una presencia internacional capaz de sostenerse más allá de las oportunidades coyunturales.

Por Ezequiel García Corado, gerente general de Outland Logistics
Exclusivo para Agrositio