La región enfrenta una exposición combinada a lluvias extremas, inundaciones, sequías y sismos. De acuerdo con la Encuesta de Adaptación Climática de Marsh, las inundaciones (61%), el estrés hídrico (39%) y el estrés térmico (22%) se posicionan como los principales peligros meteorológicos reportados por las empresas. La encuesta muestra que los efectos climáticos trascienden los activos físicos: las áreas más afectadas fueron operaciones y personas, con 78%; activos físicos e infraestructura crítica, con 61% cada una; y proveedores, con 56%.
Riesgos climáticos y el impacto en la fuerza laboral
Un claro ejemplo de esta afectación en el capital humano se observa en fenómenos como El Niño, donde las aguas estancadas y las altas temperaturas disparan enfermedades como el dengue, problemas gastrointestinales y golpes de calor. Este impacto en la salud de los colaboradores incrementa el ausentismo y reduce la productividad aunque la planta operativa permanezca intacta, convirtiendo al bienestar de la fuerza laboral en un factor crítico para la continuidad del negocio.
Gestión del riesgo sísmico y estrategia de seguros en Argentina
En la última década, Latinoamérica acumuló pérdidas por catástrofes naturales cercanas a 100,000 millones de dólares, de los cuales solo 19,000 millones estaban asegurados, según Swiss Re: una brecha de protección aproximada de 81%. Para las empresas, esto refuerza la necesidad de revisar coberturas, valoración de activos y liquidez para la recuperación.
En el plano geológico, Argentina presenta desafíos específicos en la región de Cuyo, donde el norte de Mendoza y el sur de San Juan son consideradas las zonas con mayor peligrosidad sísmica del país. "Aunque es imposible predecir dónde y cuándo ocurrirá un terremoto o evento meteorológico severo, establecer planes claros ayuda a reducir significativamente los daños. Es indispensable contar con un plan de resiliencia y gestión de crisis bien ensayado, así como con una estructura de transferencia de riesgos adecuada", explica Sebastián Czekajlo, SVP - Director y Placement Leader para Argentina y Uruguay en Marsh.
Para mitigar estos impactos, el mercado asegurador ofrece coberturas de daño material y pérdida de beneficios (Business Interruption). Desde el equipo técnico de Marsh destacan que estas coberturas deben estructurarse como "extensiones" adicionales a las pólizas básicas de todo riesgo. Su diseño requiere definir adecuadamente límites y deducibles (que suelen oscilar entre el 2% y el 20%) e incluir la cláusula de las "72 Horas" —que agrupa el evento inicial y sus réplicas en un lapso de tres días como un único siniestro—. Asimismo, se debe contemplar el impacto en la cadena de valor: "Es importante tener en cuenta que, aunque no se hayan sufrido daños directos, las interrupciones en las operaciones de un proveedor clave o las restricciones en la demanda de los clientes pueden paralizar el negocio. Estos riesgos contingentes pueden ser amparados mediante extensiones específicas de cobertura por pérdida de beneficios" detalla Czekajlo.
“En Latinoamérica, la gestión de desastres naturales debe ir más allá de la respuesta inmediata. Las empresas necesitan identificar sus operaciones críticas, evaluar las dependencias de sus proveedores y servicios esenciales, y probar periódicamente sus planes de continuidad. La preparación permite reducir el tiempo de recuperación, proteger a los colaboradores y sostener la operación incluso cuando una instalación o un tercero crítico se ve afectado”, afirmó Gerardo Herrera Perdomo, Director de Consultoría de Riesgos para Marsh en Latinoamérica y El Caribe.
Abordar las amenazas desde un enfoque integral que combine ingeniería de riesgos, planificación de crisis, salud ocupacional y soluciones de capital estructuradas es el camino para que las organizaciones generen la confianza necesaria para prosperar, incluso frente a los escenarios más desafiantes.