Compactación de suelos: el problema invisible que puede hacerle perder hasta 2.000 kilos de maíz por hectárea

La compactación del suelo puede convertirse en un enemigo silencioso de la productividad agrícola. Aunque las lluvias sean abundantes, una estructura deteriorada puede impedir que el agua ingrese al perfil y que las raíces exploren el suelo en busca de humedad y nutrientes. El resultado puede verse en cultivos desparejos y en pérdidas de rendimiento.

Durante la primera Jornada de Actualización Técnica (JAT) de Maíz de Supra Semillas, especialistas abordaron esta problemática y destacaron la importancia de diagnosticar cada lote antes de definir intervenciones. Según lo expuesto durante el encuentro, la compactación puede generar diferencias de entre 1.000 y 2.000 kilos por hectárea entre lotes vecinos sembrados en la misma fecha y con el mismo híbrido.

El panel fue moderado por Fernando Giachetti, gerente de Desarrollo de Supra Semillas, y contó con la participación del ingeniero agrónomo Cristian Álvarez, asesor privado, docente de la Universidad Nacional de La Pampa e integrante de AGSUS; Joaquín Panadeiro, asesor privado; y Lucas Scozzina, responsable de los ensayos de compactación de la marca.

Cuando llueve, pero el agua no se aprovecha

Uno de los principales efectos de la compactación es la pérdida de capacidad de infiltración. Cuando se deterioran la estructura y la porosidad del suelo, se restringe la circulación del agua y del aire, y las raíces encuentran dificultades para explorar el perfil.

Lucas Scozzina advirtió que el problema también afecta a los planteos agrícolas puros y que las precipitaciones abundantes no garantizan un aprovechamiento eficiente del recurso hídrico si existen capas compactadas.

Los ensayos realizados por Supra Semillas en 9 de Julio mostraron diferencias marcadas en la velocidad de infiltración. Según detalló Giachetti, en el suelo compactado el agua tardó más de una hora en descender, mientras que en un sector descompactado mediante el uso de paratill el proceso demandó apenas un minuto.

Los especialistas remarcaron que evaluar esta limitante es importante incluso cuando las condiciones hídricas parecen favorables. Detectar el problema permite determinar si es necesario intervenir y evitar que una restricción física termine afectando el potencial productivo del maíz.

La pala, una herramienta clave para detectar la compactación

Para diagnosticar correctamente el problema, los especialistas señalaron que los análisis químicos, los mapas de rendimiento y las imágenes satelitales deben complementarse con la observación directa del suelo.

“No alcanza solo con el penetrómetro o las imágenes satelitales; la herramienta indispensable es agarrar la pala, hacer calicatas y observar la textura, la humedad y el desarrollo de raíces”, enfatizó Joaquín Panadeiro.

La apertura de calicatas permite examinar el perfil, reconocer cambios en la estructura y observar cómo se desarrollan las raíces. También ayuda a distinguir una compactación efectiva de otras situaciones que pueden generar resistencia, como un suelo seco o la presencia de un horizonte arcilloso.

Esta diferenciación es importante para evitar labores mecánicas innecesarias y ajustar la intervención a la limitante real de cada ambiente.

Cristian Álvarez agregó que los cambios de color y consistencia del perfil, junto con las alteraciones en las raíces, pueden aportar señales para identificar el problema. Además, advirtió que los síntomas de la compactación pueden confundirse con deficiencias nutricionales, porque la pérdida de porosidad y estructura también afecta la actividad biológica y la disponibilidad de nutrientes.

Hasta el 40% del agua de lluvia puede perderse por falta de infiltración

Uno de los datos destacados durante el panel estuvo relacionado con la eficiencia en el aprovechamiento de las precipitaciones.

A partir de investigaciones realizadas junto al INTA, Álvarez señaló que, en promedio, de cada 100 milímetros de lluvia registrados en distintas regiones agrícolas del país, solo 60 milímetros ingresan al perfil del suelo.

“El 40% restante se pierde por falta de infiltración”, explicó el especialista.

El agua que no logra infiltrarse puede escurrir o acumularse en superficie y generar encharcamientos. Además, cuando existen capas restrictivas en profundidad, pueden aparecer falsas napas y situaciones de saturación superficial.

Estas condiciones también pueden aumentar el riesgo de lixiviación de nitrógeno y reducir la eficiencia de la fertilización. Por eso, el manejo de la estructura física del suelo no solo incide sobre la disponibilidad de agua, sino también sobre el aprovechamiento de los nutrientes aplicados al cultivo.

Cómo recuperar la estructura del suelo y sostenerla en el tiempo

Supra Semillas desarrolla ensayos de corto y largo plazo para comparar distintas estrategias de recuperación de suelos compactados. Una de las experiencias, con tres años de evaluación, analiza un manejo combinado que incluye intervenciones mecánicas, fertilización fosforada, enmiendas y cultivos de cobertura.

Ese planteo se compara con alternativas mecánicas y químicas, además de un testigo sin intervención, con el objetivo de evaluar las diferentes estrategias.

Los especialistas destacaron que la elección del equipo, la profundidad de trabajo y el distanciamiento entre cuerpos deben ajustarse a cada ambiente y a la ubicación de la capa compactada. Por eso, el diagnóstico previo es determinante para definir qué intervención realizar.

Álvarez remarcó que la recuperación no debe limitarse a una labor mecánica. Para sostener la estructura del suelo a lo largo del tiempo, es necesario integrar cultivos de cobertura y de servicio, nutrición estratégica, rotaciones y manejo del tránsito de la maquinaria.

“Corregir esta limitante no solo transforma la eficiencia de uso del agua en el maíz, sino que potencia el rendimiento de todo el esquema de rotación con soja, girasol y trigo”, concluyó.

La salud del suelo, un factor para definir el rendimiento

La compactación puede permanecer oculta hasta que aparecen diferencias de emergencia, crecimiento o desarrollo radicular. Por eso, los especialistas insistieron en que la evaluación física del suelo debe formar parte del diagnóstico agronómico de los lotes y de la planificación de las inversiones.

La primera JAT de Maíz de Supra Semillas también incluyó presentaciones sobre fertilización tardía oportunista y Corn Stunt. La disertación completa se encuentra disponible en el canal de YouTube de la compañía.

Además, la marca ofrece recomendaciones técnicas a través de Supra Útil, su plataforma de contenidos para acompañar a los productores en la toma de decisiones. La información está disponible en www.suprasemillas.com.ar/supra-util.