El campo argentino atraviesa un momento particular. El ánimo productivo mejoró respecto de un año atrás, los precios de los granos y de la hacienda ofrecen señales positivas y comienzan a aparecer decisiones de inversión, pero detrás de ese optimismo existe una realidad más compleja: las empresas agropecuarias continúan administrando con cautela su caja y enfrentan costos crecientes medidos en dólares.
Esa es una de las principales conclusiones del último informe de Zorraquín + Meneses, que analiza el escenario económico y productivo de la Argentina y pone el foco en agricultura, ganadería y lechería.
El trabajo plantea que el desafío para las empresas no pasa solamente por aprovechar la coyuntura actual, sino por transformar los mejores precios en mayor competitividad y eficiencia para enfrentar los próximos ciclos.
El campo está más optimista, pero la caja sigue siendo el problema
Uno de los puntos centrales del informe aparece al comparar las últimas mediciones de confianza empresarial realizadas por CREA y la Universidad Austral.
Según el análisis, ambos indicadores retrocedieron respecto de la medición anterior, aunque continúan claramente por encima de los niveles registrados un año atrás.
La lectura de Zorraquín + Meneses es contundente: no hay un derrumbe de expectativas, sino una especie de techo después de varios meses de mejora.
Pero existe una diferencia importante entre lo que los empresarios dicen y lo que efectivamente hacen.
El relevamiento muestra que una mayoría considera que es un buen momento para invertir, aunque una proporción menor está dispuesta a concretar esas inversiones inmediatamente. Algo similar ocurre con la soja: muchos productores conservan mercadería, pero fundamentalmente para contar con capital de trabajo y afrontar alquileres y gastos de campaña, y no necesariamente para especular con una futura suba de precios.
El optimismo está presente, pero la caja manda.
Las compras de fertilizantes y fitosanitarios se postergan, algunas deudas se refinancian y parte del capital queda inmovilizado en saldos impositivos.
Por eso, el informe identifica dónde está el verdadero deterioro: no tanto en el ánimo del productor, sino en las finanzas de las empresas.
Agricultura: los granos recuperan protagonismo y la soja sin vender gana peso
En agricultura, el mercado internacional continúa condicionado por una combinación de factores que pueden generar movimientos bruscos en las cotizaciones.
La geopolítica, los conflictos entre Estados Unidos e Irán y Rusia y Ucrania, la guerra comercial y la evolución de la oferta y la demanda mundial siguen siendo variables determinantes.
El informe destaca particularmente la situación logística en torno al estrecho del Bósforo, una vía estratégica para el comercio mundial de granos. Rusia y Ucrania se encuentran entre los principales exportadores de trigo, maíz y aceite de girasol, por lo que cualquier amenaza sobre sus puertos o sobre la circulación de los barcos puede repercutir inmediatamente en los mercados.
Pero hubo otra señal que impactó directamente sobre la soja: China volvió a incrementar sus compras a Estados Unidos.
Según el informe, durante el período analizado China compró alrededor de 4 millones de toneladas, frente a cero en igual período del año anterior.
El movimiento tuvo impacto en las cotizaciones locales.
La Bolsa de Comercio de Rosario, según cita el trabajo, registró que maíz, trigo y soja alcanzaron precios de cosecha que no se veían desde hacía cuatro años.
Un dato clave: cuánto de la soja todavía no tiene precio
Uno de los números más interesantes para el productor aparece precisamente en la comercialización de soja.
Sobre una producción estimada en 50 millones de toneladas, las ventas con precio alcanzan solamente 17 millones de toneladas.
Es decir, apenas el 34% de la soja tiene precio fijado.
El escenario abre una ventana para tomar decisiones sobre la mercadería disponible y también sobre la próxima campaña, utilizando herramientas como ventas escalonadas y coberturas que permitan establecer pisos de precio sin resignar completamente una eventual suba.
Ganadería: menos oferta, demanda firme y un negocio que vuelve a atraer inversiones
Si hay un sector que aparece particularmente fortalecido en el informe es la ganadería.
Los precios llevan aproximadamente cuatro meses prácticamente estancados, pero en niveles considerados buenos para el productor.
El novillo y el novillito gordo se ubican alrededor de $8.000 por kilo de carne, equivalentes a aproximadamente $4.600-$5.000 por kilo vivo.
La invernada, que se encontraba en torno de los $6.500 por kilo, comenzó a mostrar una recuperación de entre 2% y 4%.
Sin embargo, el segundo semestre presenta una característica que puede resultar determinante: menor disponibilidad de terneros.
Esta situación llevó la relación de compra/venta a niveles superiores a 1,40, algo que afecta especialmente a los feedlots porque obliga a mejorar la eficiencia para reducir el costo de producir cada kilo.
El informe señala además que actualmente los feedlots están llenos, ya sea con hacienda propia o mediante hotelería.
La oferta de carne cae, pero el peso de faena amortigua el impacto
Uno de los datos centrales del negocio ganadero es la evolución de la faena.
En el último año, la cantidad de cabezas faenadas cayó cerca de 10%.
Sin embargo, los animales llegan a la faena con mayor peso. El promedio pasó de unos 225 kilos a más de 240 kilos por cabeza.
De esta manera, la caída en la cantidad de animales se compensa parcialmente con más kilos producidos por animal y la oferta total de carne disminuye aproximadamente 7%.
Al mismo tiempo, la demanda permanece firme.
El consumo interno se mantiene algo por encima de 45 kilos por habitante al año, todavía en niveles históricamente bajos, mientras que el mercado internacional continúa traccionando tanto en volumen como en precios.
China sigue siendo el principal comprador argentino de carne vacuna, mientras que Estados Unidos aparece como el segundo mercado, con condiciones arancelarias que mejoran la ecuación comercial. Israel y la Unión Europea completan el grupo de destinos relevantes, especialmente para productos de calidad.
El dato que mira el mercado: Argentina retiene vientres
El informe también observa señales claras de una fase de retención de vientres.
El porcentaje de hembras dentro de la faena se encuentra cerca del 43%, un indicador que refleja una menor liquidación de vacas y vaquillonas.
Lo interesante es que el fenómeno no sería exclusivamente argentino: también se observa en Paraguay, Uruguay, Brasil y Estados Unidos.
La conclusión es importante para el mercado mundial: si al mismo tiempo que aumenta la demanda internacional distintos países productores reducen la oferta de hacienda, la disponibilidad de carne podría mantenerse relativamente ajustada durante los próximos años.
Eso constituye uno de los argumentos que explican las expectativas positivas para el negocio ganadero.
Más kilos, más tecnología y una nueva etapa para la ganadería
La relación entre el precio que recibe el productor y los principales insumos de alimentación también mejoró.
Según Zorraquín + Meneses, esa relación muestra mejoras de hasta 40% en algunos casos.
La consecuencia comienza a verse en los campos: hay empresas que están volviendo a invertir en infraestructura, aumentando escala y aplicando a la ganadería estrategias que hasta ahora eran más habituales en la agricultura.
Manejo de ambientes, intensificación y tecnología aparecen como herramientas para transformar una coyuntura favorable de precios en una mejora estructural del negocio.
El financiamiento también aparece como una pieza importante. El informe plantea que los créditos que utilizan el propio stock ganadero como garantía podrían permitir mejores condiciones para financiar inversiones.
La advertencia, sin embargo, es clara: los precios no pueden subir indefinidamente.
Por eso, la oportunidad actual debería utilizarse para ganar competitividad y generar "anticuerpos" para cuando el ciclo vuelva a ser menos favorable.
Frigoríficos: dos realidades completamente diferentes
El buen momento de la hacienda no significa que toda la cadena esté atravesando la misma situación.
El informe diferencia claramente entre los frigoríficos orientados a la exportación y aquellos que dependen principalmente del mercado interno.
Para los exportadores, la fuerte recuperación de los precios internacionales permitió que los márgenes vuelvan a terreno positivo, aunque todavía son considerados ajustados.
En cambio, los frigoríficos destinados al consumo interno enfrentan una situación mucho más complicada.
Menor faena, capacidad ociosa, costos unitarios crecientes, subproductos con bajo valor y dificultades para conseguir animales generan una combinación que presiona fuertemente sobre la rentabilidad.
El resultado ya se observa en algunas plantas que reducen su actividad y en casos de cierres o problemas financieros.
Lechería: aumenta la producción, pero el precio sigue sin acompañar
La situación de los tambos es bastante diferente.
El precio de la leche informado por SIGLeA para julio fue de $527,47 por litro, con una suba mensual de 1,8% y un incremento interanual de 11,5%.
El problema aparece cuando ese valor se compara con la inflación: durante el mismo período, la inflación acumulada fue de 34%.
Según el análisis del OCLA citado en el informe, julio de 2026 registró, a valores constantes, el precio más bajo para un mes de julio de toda la serie SIGLeA de los últimos diez años.
A pesar de esa situación, la producción continúa creciendo.
En julio se produjeron 1.046 millones de litros, un 3,2% más que en julio de 2025.
Durante los primeros siete meses del año, la producción acumuló una expansión del 4,9% interanual, con 21 meses consecutivos de crecimiento interanual.
El mercado interno sostiene el consumo de lácteos
El consumo interno de lácteos, medido en equivalente leche, se ubica en 192 litros por habitante al año, ligeramente por encima del año pasado.
Una de las razones es que los precios de los productos lácteos en las góndolas aumentaron casi diez puntos porcentuales menos que la inflación durante los últimos doce meses.
Eso permitió sostener el consumo pese a la pérdida de poder adquisitivo.
En paralelo, las exportaciones representan aproximadamente 29% de los litros producidos.
La leche en polvo concentra alrededor del 30% de las exportaciones y los quesos el 15%.
Pero también aparece una dificultad: el precio internacional de la leche en polvo entera se encuentra casi 10% por debajo del nivel de un año atrás.
Una industria láctea que también está cambiando
El proceso de transformación de la cadena láctea no se limita a los precios.
El informe menciona la adquisición conjunta por parte de Arcor y Danone del 51% restante de Mastellone, operación que les permitirá controlar el 100% de la compañía mediante un joint venture.
En el otro extremo, SanCor continúa atravesando un proceso de quiebra y venta de activos, con distintos interesados en plantas y marcas.
La conclusión es que la industria continúa atravesando un proceso de concentración y reconfiguración, aunque todavía mantiene un nivel relativamente elevado de atomización: las 40 principales compañías procesan aproximadamente 67% de la producción nacional.
El clima vuelve a ser una variable decisiva
Hay una variable que atraviesa prácticamente todo el informe: el clima.
La expectativa de un año con buenas lluvias resulta positiva para la agricultura y la ganadería, pero la posibilidad de un escenario de precipitaciones excesivas asociado a un eventual "super Niño" también genera cautela.
Por eso, el clima ya ocupa un lugar central dentro de las decisiones empresariales del agro.
Para la agricultura, un año Niño puede mejorar las expectativas de rendimiento en cultivos como soja y maíz, aunque también introduce riesgos productivos y logísticos que deberán monitorearse.
El gran desafío: convertir los buenos precios en competitividad
El diagnóstico general de Zorraquín + Meneses podría resumirse en una frase: el campo está mejor, pero todavía no está cómodo.
La macroeconomía muestra señales de orden, mientras que en el agro aparecen mejores precios, recuperación de expectativas e inversiones puntuales.
Sin embargo, la suba de costos en dólares y las dificultades financieras obligan a las empresas a ser mucho más selectivas con cada decisión.
La agricultura tiene una oportunidad por la recuperación reciente de los granos; la ganadería atraviesa una coyuntura particularmente interesante por la combinación de demanda internacional firme y menor oferta; mientras que la lechería continúa buscando una recomposición de precios que permita acompañar el crecimiento productivo.
En este escenario, la estrategia parece pasar menos por esperar que los precios sigan subiendo y más por aprovechar el momento para invertir en eficiencia, tecnología, escala y estructura financiera.
Porque, como advierte el propio informe, los precios nunca suben indefinidamente. La verdadera diferencia para las empresas estará en cuánto puedan mejorar su competitividad mientras la coyuntura todavía juega a favor.