Lejos de tratarse de un fenómeno repentino, la resistencia de las malezas a los herbicidas es el resultado de un proceso gradual de selección que puede prevenirse mediante un manejo integrado y el uso estratégico de nuevas herramientas químicas. En este contexto, Alejandro Brunori —especialista del INTA Marcos Juárez, Córdoba— habló en el congreso de Aapresid sobre “Mitigación de la resistencia: nuevos enfoques para recuperar la eficacia en gramíneas anuales y sorgo de Alepo”.
De acuerdo con Brunori, la resistencia se origina a partir de la variabilidad genética natural presente dentro de las poblaciones de malezas. “Algunos individuos poseen características que les permiten sobrevivir a un tratamiento herbicida. Cuando se utiliza de manera reiterada un mismo sitio de acción, esas plantas sobreviven, producen descendencia y aumentan progresivamente su presencia en el lote”, señaló, y añadió que generalmente, el problema se detecta cuando ya existen parches resistentes y las opciones de manejo son más complejas, costosas y menos eficientes.
Los antecedentes relevados por la Red de Manejo de Plagas (REM) en Argentina y por la base internacional de resistencia a herbicidas de Heap evidencian casos de resistencia simple y múltiple en especies de alta importancia productiva, como Eleusine indica, Echinochloa colona, Lolium multiflorum y Sorghum halepense (sorgo de Alepo). Además, “las experiencias registradas en otros países permiten anticipar escenarios que podrían repetirse en los sistemas productivos argentinos si no se implementan estrategias preventivas y diferentes”, indicó Brunori.
Frente a este escenario, los especialistas sostienen que la mitigación debe comenzar antes de observar fallas generalizadas en el control. De acuerdo con las recomendaciones del Comité de Acción para la Resistencia a Herbicidas (HRAC), resulta fundamental combinar diferentes prácticas agronómicas, como la rotación de cultivos, la incorporación de cultivos de servicio, el control de plantas sobrevivientes, la prevención de la producción de semillas y la diversificación de las estrategias de manejo.
“En el plano químico, —puntualizó Brunori— el empleo de mezclas de herbicidas puede contribuir a disminuir el riesgo de selección de resistencia, siempre que combinen sitios de acción diferentes, que ambos principios activos sean eficaces sobre la misma maleza y que se apliquen en las dosis y momentos adecuados”. Sin embargo, los especialistas advierten que estas mezclas no constituyen una solución definitiva ni reemplazan las prácticas de manejo integrado.
Como parte de la búsqueda de nuevas alternativas, Pablo Belluccini —especalista en malezas del INTA Marcos Juárez— evaluó la incorporación de herbicidas inhibidores de la enzima PPO para el control postemergente de gramíneas anuales, así como el uso de epyrifenacil —un nuevo ingrediente activo perteneciente al Grupo 14 de inhibidores de PPO— incorporado a tratamientos con glifosato y cletodim para el control tardío de sorgo de Alepo proveniente de rebrote.
“Los resultados obtenidos muestran que la incorporación de este nuevo ingrediente activo aporta una herramienta adicional para acelerar el control de las malezas y facilitar la continuidad de las labores agronómicas, especialmente en situaciones donde el manejo se torna más complejo”, detalló Belluccini.
En este sentido, Brunori concluyó que preservar la eficacia de los herbicidas depende, principalmente, de una estrategia preventiva. “Diversificar los sistemas de producción, utilizar mezclas realmente efectivas y evitar que las plantas que sobreviven a los tratamientos produzcan semillas”, subrayó.