La agricultura argentina continúa evolucionando y dejando atrás los esquemas simplificados que marcaron la etapa del auge sojero. En un contexto atravesado por la incertidumbre climática, económica y productiva, las rotaciones vuelven a ocupar un lugar estratégico dentro de los sistemas agrícolas, aunque ya no como recetas universales, sino como decisiones diseñadas a medida de cada ambiente.
Este será uno de los temas destacados del próximo Congreso Aapresid 2026, que se realizará los días 4, 5 y 6 de agosto en Rosario bajo el lema "Nuestro suelo, nuestra voz". Allí, especialistas analizarán cómo las rotaciones se transforman en una herramienta fundamental para sostener la productividad y la salud de los suelos.
Fernando Salvagiotti, investigador del INTA y especialista del Conicet, sostiene que las rotaciones constituyen la base de cualquier planteo de agricultura sustentable y regenerativa. Según explicó, en los últimos 15 años se hizo cada vez más evidente el impacto negativo que genera la simplificación de los sistemas productivos, especialmente a partir de los extensos períodos de monocultivo de soja que predominaron hasta mediados de la década pasada.
En paralelo, comenzaron a ganar protagonismo nuevas alternativas para diversificar los planteos, entre ellas los cultivos de servicio. Estas especies, que no necesariamente se destinan a cosecha, aportan beneficios agronómicos clave. Las leguminosas contribuyen con la fijación biológica de nitrógeno; las gramíneas generan biomasa, carbono y mejoran la estructura del suelo; mientras que las crucíferas ayudan a reducir problemas de compactación y algunas enfermedades.
Además de sus ventajas ambientales, algunos cultivos incorporados a las rotaciones también ofrecen oportunidades económicas. Es el caso del girasol en verano y de oleaginosas invernales como colza, carinata y camelina, que suman rentabilidad al sistema productivo.
Cada ambiente requiere su propia estrategia
Para Salvagiotti, no existen rotaciones ideales aplicables a todas las situaciones. La disponibilidad de agua, la región productiva, el tipo de suelo y los cultivos comerciales de cada zona son variables que deben ser consideradas al momento de planificar.
"La clave es tomar decisiones basadas en información precisa", señaló el especialista. Como ejemplo, destacó que una soja de primera implantada dentro de una rotación adecuada puede superar en hasta 400 kilos por hectárea el rendimiento de una soja proveniente de monocultivo.
La necesidad de adaptar las estrategias también se vuelve evidente en producciones regionales específicas. Cultivos como el maní en Córdoba o la papa en el sur bonaerense presentan desafíos particulares debido a la forma de cosecha y a sus elevadas demandas nutricionales. En estos casos, las rotaciones resultan fundamentales para recuperar y conservar la calidad del suelo.
La genética acompaña la evolución de los sistemas
La creciente complejidad de las rotaciones también plantea nuevos desafíos para la industria semillera. La incorporación de más especies y la reducción de los períodos de barbecho exigen materiales genéticos capaces de adaptarse a sistemas más intensificados.
Fernando Mrozek, jefe de Desarrollo de Semillas de ACA, destacó que los cultivos de servicio ya forman parte estable de los planteos agrícolas y que los híbridos de maíz, girasol y los cultivares de trigo y soja muestran una muy buena adaptación cuando son sembrados después de estas coberturas.
Desde Bayer coinciden con esta visión y remarcan que los distintos materiales suelen responder positivamente tras un cultivo de servicio, manteniendo o incluso incrementando sus rendimientos. Entre las razones se destacan una mayor eficiencia en el uso del agua y de los nutrientes, junto con un mejor desarrollo radicular que permite aprovechar las mejoras generadas en el suelo.
En definitiva, las rotaciones dejaron de ser una fórmula rígida para convertirse en una herramienta dinámica de manejo. En un escenario de creciente variabilidad climática y exigencias productivas, la planificación específica para cada lote aparece como el camino para construir sistemas agrícolas más resilientes, rentables y sustentables.
fuente: aapresid