La noticia provocó un desplome en los precios del petróleo, arrastrando a gran parte de las materias primas agrícolas y acelerando la liquidación de posiciones por parte de los fondos.

El maíz fue uno de los cultivos más afectados por la toma de ganancias. Los precios cayeron más de 10 centavos en una sola rueda tanto para la cosecha vieja como para la nueva campaña, borrando buena parte del reciente rally alcista. La presión vendedora estuvo impulsada por la salida de fondos, en un contexto donde la caída de la energía reduce expectativas sobre demanda vinculada a biocombustibles y etanol.

La soja también profundizó las pérdidas, acompañando la debilidad del petróleo y de los aceites vegetales. El contrato mayo 2026 perforó los 11,80 dólares por bushel, mientras que el aceite de soja, luego de alcanzar máximos recientes, retrocedió hasta operar apenas por encima de los 75 centavos de dólar por libra. El mercado continúa extremadamente sensible a factores externos y a las negociaciones geopolíticas entre Washington y Teherán.

En trigo, la tendencia bajista se extendió tanto al trigo de invierno duro como al trigo blando. El contrato julio 2026 del trigo HRW cayó por debajo de los 6,90 dólares por bushel, mientras que el SRW volvió a niveles similares a los registrados a fines de abril, cotizando debajo de los 6,20 dólares.

A pesar de la presión negativa, el mercado triguero continúa monitoreando de cerca las condiciones climáticas en las principales regiones productoras de Estados Unidos, donde persisten áreas secas que podrían seguir afectando el potencial productivo.

En conjunto, el mercado agrícola atraviesa una etapa de elevada volatilidad, donde la geopolítica, el comportamiento del petróleo y los movimientos de los fondos continúan dominando la dirección de los precios por encima de los fundamentos tradicionales de oferta y demanda.

Por Esteban Moscariello