El buen tiempo se afirmó en la última semana. Ello destrabó el operativo de cosecha tras varias precipitaciones consecutivas que azotaron la región núcleo hasta la tercera semana de abril. 

La cosecha de soja pudo avanzar y recuperar algo de lo atrasado.

Ello no quiere decir que se encuentre en los niveles de avance usuales.

¿Por qué?

El promedio de avance de los últimos 5 años da un resultado del 95% para esta época del año.

Solo Córdoba revela un avance similar al promedio de los últimos años. Las demás provincias están retrasadas.

Santa Fe, atrasada, con cerca del 65% de avance. Por último, la provincia de Buenos Aires. El noroeste muestra un 65% y el noreste cerca del 50%.

Hasta que lleguen las lluvias, este miércoles, el avance se acelerará, dado que ahora los suelos están en mejores condiciones para soportar el peso de las máquinas.

Este proceso benigno, se acentuó el sábado con un quiebre en las condiciones climáticas, con el ingreso de viento del sur además de un descenso significativo de la temperatura.

En cuanto a la soja de segunda, el progreso de la cosecha se aproxima al 25%.

Los costos de cosecha atentan contra los rindes que están resultando mejor de lo esperado.

La continua sucesión de días húmedos y las lluvias excesivas de abril dejaron secuela.

Mayores costos, menor rentabilidad.

Con un dólar atrasado en términos reales respecto a su comportamiento histórico, la rentabilidad es muy ajustada.

Para acelerar la trilla, en muchos casos se recurre al uso de desecante para elevar el control de malezas todavía verdes que aumentan la humedad del grano y estandarizan la maduración de las plantas. Aunque el desecante representa mayores costos, es cierto que, simultáneamente, podría disminuir los costos de secado artificial más el riesgo de descuentos en acopio.

Este es un momento complejo, pues los gastos de comercialización y cosecha representan cerca del 25% de los gastos totales. 

Todo depende de la ubicación pues el costo del flete largo es decisivo, algo que no entienden las autoridades.

Ciertamente la oleaginosa argentina es competitiva en origen, pero el flete reduce su ventaja frente a competidores como Brasil. 

Hablemos claramente: pese a que la soja debe recorrer una distancia promedio cuatro veces más extensa que en Argentina, el costo final por tonelada tiende a ser menor por el uso de barcazas y trenes de gran escala.

De esta forma, la ventaja comparativa de Argentina queda neutralizada por la falta de inversión en trenes y el alto costo operativo interno. Mejores rutas y el uso de "bitrenes”.

El sistema ferroviario Ferronorte es un modelo ejemplar. Merced al Ferronorte, Brasil produce soja a miles de kilómetros del puerto con costos más reducidos que en muchas zonas de Argentina.

Mientras en nuestro país, la reducida disponibilidad de vagones y la velocidad media del tren genera costos que Brasil no tiene.

¿Por qué los costos se reducen en Brasil?

Brasil es más competitivo por la mayor escala de sus convoyes y una infraestructura más moderna hacia los puertos del Norte.

Los trayectos largos en este país, como de Mato Grosso a los puertos del Arco Norte se efectúan por carreteras más preparadas para bitrenes.

La pregunta es qué pasa con la infraestructura argentina. A dónde han ido a parar los derechos de exportación.