Dicen que cada generación suele superar a la anterior, y algo de eso parece confirmar la historia de María Alejandra Espinosa, ingeniera agrónoma, egresada de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (FCA-UNLZ), hoy emprendedora y líder junto a su hermano del tambo La Teresa, fundado hace 60 años por su abuelo en la localidad de Jeppener, partido de Brandsen.

Hoy el tambo ha profesionalizado el proceso de producción y apuesta a crecer, tanto en cantidad de vacas lecheras como en volumen de leche producida. Esto pese a que la actividad sufrió en los últimos tiempos un cambio de vientos que obliga a mirar al detalle cada ítem de la estructura de costos para no perder rentabilidad.

En el caso de La Teresa se trata de una actividad integrada que va desde la producción de leche en el tambo a la fabricación de quesos, y la cría de ganado para la industria cárnica.

En una nueva edición del ciclo Cosecha Propia de la FCA- UNLZ, Espinosa cuenta cómo es producir hoy en la Cuenca del Salado, qué está ocurriendo con los precios que pagan las usinas lácteas y cuál es la tendencia del mercado a nivel de tecnología y calidad de productos.

¿Por qué decidiste estudiar agronomía y en la UNLZ?

Al terminar el secundario hice un curso de orientación vocacional, me salieron tres carreras, entre ellas agronomía y ahí no dudé en anotarme, porque siempre me gustó la vida al aire libre, las plantas y me interesaba ser ingeniera agrónoma. La facultad estaba en Lomas y quedaba cerca de mi casa, además quería ir a una universidad estatal, así que arranqué. De la facultad tengo unos recuerdos hermosos, fue una experiencia inolvidable.

Hagamos un puente entre ese momento de la facultad y la actualidad. ¿En qué consiste el emprendimiento en Brandsen?
Mi familia hace 60 años tiene un tambo en la localidad de Jeppener, partido de Brandsen. Cuando empecé en la facultad no pensé que iba a terminar en esto. Funcionaba como un emprendimiento familiar, que mi papá manejaba parcialmente, porque tenía otras actividades. El tambo era de mi abuelo materno y se llama La Teresa.

Cuando me estaba por recibir, mi papá ya estaba trabajando con mi hermano, que lo ayudaba en el campo y me propone si yo estaba interesada en seguir y armar un proyecto laboral con mi hermano, porque él se quería retirar. Me pareció muy tentador. Ahí empecé a derivar todas mis energías hacia el tambo y viajaba de Lomas a Brandsen.

Si bien el tambo estaba organizado, fuimos con una propuesta innovadora, arrancamos con un nutricionista y otros cambios. Me casé, mi esposo también es ingeniero agrónomo egresado de la UNLZ, y me vine a vivir a Brandsen. Así que al salir de la facultad no fui a trabajar al campo o ser asesora del tambo, sino directamente pasé a ser la dueña del campo.

¿Cómo es trabajar en un emprendimiento familiar?

Uno tiene que tener mucha organización, respeto, empatía, poder congeniar para que la empresa siga funcionando. Hace 25 años que trabajamos juntos y nos llevamos muy bien.

¿Cuál es la producción del tambo y cuántos animales tienen en producción?

Empezamos con 140 vacas y ahora estamos en 250 y la idea es llevarla a 300 vacas y de ahí seguir. Empezamos con 2.000 litros de leche diarios, ahora estamos produciendo 6.000 litros y además el 20% de la producción se deriva a una fábrica de quesos, que maneja mi esposo. El 80% se vende como leche fluida, se la remitimos a una empresa láctea y el resto va a la fábrica de quesos. 

Además, tenemos un lote de cría de vacas Aberdeen Angus, mejoradas genéticamente. Arrancamos con un lote pequeño en el mismo campo y ahora ya estamos alquilando otro campo.

Nuestro campo se encuentra en la localidad de Jeppener, en la Cuenca del Salado, tiene suelos muy overos y es difícil de trabajarlo, en épocas de lluvia se inunda mucho. Frente a eso hacemos toda una planificación en función de un mapa de suelos, de una caracterización de los suelos por capacidad de uso y en función de eso vamos viendo qué tipo de pasturas o verdeos colocar. Además, con un cambio climático evidente ahora es muy difícil producir, cuando te dicen que viene El Niño o La Niña tenés que ir adaptándote y tener cintura para todas las inclemencias climáticas.

Tienen animales para cría y también vacas lecheras, entiendo que por ahí la alimentación es distinta. ¿Ahí es donde entran a jugar los conocimientos agronómicos?
Sí, por supuesto, toda la planificación de verdeos, de pasturas, confección de silos y de rollos, mezclas forrajeras, elegir las variedades, los híbridos para sembrar, todo eso me lo aportó la facultad. Incluso hago también un presupuesto financiero donde se registran todos los gastos del campo, hasta si se hace una fotocopia, porque hoy es muy, muy finito el negocio del tambo. Uno tiene que ir llevando los números día a día y también, más allá de todo, acompañar al equipo de trabajo.

¿Cómo está conformado este equipo de trabajo?

En el campo viven cinco familias y tratamos de consensuar y de buscar la potencialidad de cada uno. Son gente de campo y tratamos de incentivarlos porque ahora hay mucha gente que no quiere vivir y trabajar en el campo. El éxodo es importante, a veces no pueden salir por la lluvia, los chicos no pueden ir al colegio, se les corta internet y la realidad de hoy del campo es que es muy difícil encontrar gente que quiera trabajar en el campo. Nosotros tenemos un tractorista, un guachero (trabaja directamente con los animales), y un tambero, que tiene dos ayudantes de fosa.

¿Cómo está hoy el negocio de la lechería? Decís que los números son muy finitos. ¿A qué se debe eso?

El 2025 fue un año espectacular, con buen clima y el precio fue acompañando, el precio vino bárbaro y fue en suba hasta noviembre del año pasado. A partir de ahí el precio quedó planchado, no subió y los costos de producción son muy altos. Sumado a que también hay una sequía importante. En este momento está lloviendo muy poco, entonces hay que ir ajustando todo para poder solventar esta situación.

¿A qué atribuyen ese cambio en la política de precios?

El mercado interno está muy quieto, el poder adquisitivo de la gente está frenado, y las usinas lácteas adjudican los actuales precios a que hay pocas ventas. En ese contexto, nosotros también vamos viendo a quién le podemos vender la leche. Durante años le vendimos a otra usina láctea, pero por un tema de precio, cambiamos a Vacalín.

Ahora estamos bien, pero siempre estamos abiertos a ver cuál es la situación que nos da mejor, porque en un negocio de centavos, un centavito más en el ciclo económico y a mí me suma. No es fácil en este contexto, con el campo que tenemos y las estructuras que hay que mantener.

Aún en este contexto están pensando en aumentar la cantidad de vacas. ¿Cuál es el plan de inversión para el año?

Tenemos un lote de vacas importante que vamos incorporando, por lo tanto, no vamos a tener que comprar vacas. Con nuestras vacas vamos a ir incrementando la cantidad de animales en ordeñe. El tema es que tenemos aún que mejorar la estructura del tambo. Es un tambo espina de pescado con 10 bajadas y vamos a tener que agrandarlo para que la duración del tambo sea más corta. Nunca sacamos crédito, siempre nos manejamos con nuestra propia billetera, pero estamos pensando en hacerlo para poder agrandarnos en escala.

¿Qué pasa con la industria y el mercado de quesos? ¿Tiene una situación parecida a la que comentás del tambo?

No, es un poco mejor. Podemos ubicar bien los quesos, son quesos muy buenos, ricos, y de a poquito, siempre vamos creciendo.

¿Qué variedades de quesos fabrican?

Hacemos queso gouda, por el momento. La idea es poder hacer algún otro tipo de queso, pero para que te des una idea, empezamos con una ollita en mi casa, y ahora estamos fabricando el 20% de la leche del tambo. La fábrica se llama El Mesías y hacemos quesos artesanales. La venta normalmente en el verano disminuye, pero después en el invierno vuelve a repuntar.

¿Qué pensás que te dejó la universidad, más allá de la formación académica que, por supuesto, siempre es valiosa?

Lo primero que me dejó la facultad, que para mí fue muy importante es la cantidad de gente que conocí, amistades que mantengo en la actualidad. También a aprender a valerme por mí misma, a ser independiente y a poder resolver situaciones. De cada una de las materias siempre rescaté algo que me sirvió, algo positivo.

Recuerdo profesores que me han aportado mucha de su experiencia, han venido al campo, me han ayudado a hacer el mapa de suelos del campo y que en la actualidad yo lo uso para todo. Según la caracterización de uso de los suelos puedo ver qué matriz de rotación utilizar y eso me aportó un montón.

Comprendí que la Cuenca del Salado es un sector de explotación difícil, en donde uno tiene que ver muy bien qué tipo de especies colocar en cada lugar. La cátedra de suelos me hizo ver realmente que no es fácil producir en este tipo de suelos y siempre lo recordaré.

Me sirvieron mucho los viajes que hicimos en la facultad. Conocimos producciones forestales, huertas, viñedos. Hemos viajado mucho y yo tuve la suerte también de quedar en una beca por un intercambio con la Universidad de Agrónomos y Montes de Córdoba fui a España a estudiar y pude conocer cómo es la dinámica en una universidad de otro país, cursar materias, rendir exámenes, convivir con otros alumnos de Zootecnia y Agronomía. Fue una experiencia inolvidable y me sirvió muchísimo.

¿Cómo ves el año en materia de producción, qué desafíos presenta el 2026?

El clima es algo que nos está preocupando con la presencia de la Niña, y respecto a los precios, reunida con la gente de la usina láctea dicen que va a quedar un poco estancado, como viene ahora, pero no va a bajar. 

Respecto a los precios, reunida con la gente de la usina láctea dicen que va a quedar un poco estancado, como viene ahora, pero no va a bajar. Hay una tendencia al pago del del litro por calidad de leche y es más que nada por la cantidad de sólidos totales en la leche. Y para poder tener los parámetros de calidad (unidades formadas de colonias, células, inhibidores, etcétera) cada vaca tiene su manejo, su registro, su alimentación, su plan sanitario, hay que llevarlo muy bien.

Cosecha propia

Es un espacio de comunicación donde graduados de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) comparten sus experiencias en el ejercicio profesional. A través de entrevistas, se presentan trayectorias de profesionales que iniciaron su camino en la agronomía y las prácticas zootecnistas y que hoy se desempeñan en empresas pequeñas, medianas e incluso en ámbitos multinacionales.

En cada testimonio se ponen en valor los aportes de la Facultad, tanto en la formación técnica como en las experiencias de campo, que resultaron clave para su desarrollo profesional. Al mismo tiempo, este espacio busca convertirse en una referencia para los estudiantes, acercándolos a historias reales de egresados que hoy trabajan en áreas como investigación, producción, logística y desarrollo de negocios.

Por Lic. Sandra Capocchi