El sector lechero argentino muestra una combinación de señales positivas en términos productivos y estructurales, pero también enfrenta tensiones económicas que condicionan su rentabilidad. Así lo refleja la Encuesta Sectorial Lechera 2024-2025 del INTA, que aporta una radiografía detallada de cómo funcionan hoy los tambos y cuáles son sus perspectivas a futuro.

De acuerdo al relevamiento, el 64% de los tambos proyecta crecer en los próximos cinco años, lo que marca una señal clara de confianza en el negocio pese a las dificultades coyunturales. Sin embargo, este optimismo convive con márgenes ajustados, donde los gastos directos representan el 70% del ingreso total, limitando la capacidad de generar rentabilidad.

Un sistema productivo con fuerte base técnica

Uno de los datos más destacados del informe es el nivel de profesionalización del sector. El 94% de los tambos cuenta con asesoramiento veterinario, mientras que también existe una importante adopción de herramientas de gestión y seguimiento productivo.

En materia de manejo, el modelo predominante sigue siendo pastoril: el 70% de los establecimientos mantiene el pastoreo durante todo el año, lo que refleja la importancia del aprovechamiento directo del recurso forrajero en la estructura productiva argentina.

Además, el informe muestra que el sector combina tecnología con esquemas tradicionales. Por ejemplo, el 61% realiza control lechero, mientras que también se observa el uso de inseminación artificial en el 68% de los casos y sincronización de celos en más de la mitad de los tambos.


Estructura productiva y eficiencia

En términos de productividad, los números muestran una mejora sostenida. La producción promedio alcanza los 6.289 litros por vaca total al año, con niveles de calidad que incluyen 3,78% de grasa y 3,40% de proteína.

También se destaca el crecimiento en la escala productiva, con tambos que incorporan más tecnología y maquinaria: en promedio, cada establecimiento cuenta con 2,6 tractores y una importante presencia de equipos como mixers, palas frontales y carros forrajeros.

En paralelo, la organización del trabajo mantiene un componente familiar relevante. El 34% de la mano de obra es familiar, lo que evidencia el peso histórico de este modelo dentro del entramado lechero argentino.

Costos, rentabilidad y el límite del negocio

A pesar de los avances productivos, el principal cuello de botella sigue siendo económico. La encuesta estima una rentabilidad promedio del 3,4%, un nivel bajo que deja al sector expuesto ante cualquier variación de costos o precios.

El peso de los costos directos —que absorben el 70% del ingreso— refleja un esquema donde la eficiencia es determinante. En este contexto, muchos tambos buscan mejorar escala, productividad y gestión para sostenerse en actividad.

Además, el informe evidencia diferencias claras según tamaño: los estratos más grandes logran mejores niveles de productividad y crecimiento, mientras que los más chicos enfrentan mayores dificultades para sostener su estructura.

El clima, el principal riesgo hacia adelante

Entre los desafíos, el factor que más preocupa a los productores es la variabilidad climática, señalada como el principal riesgo por el 24% de los encuestados.

A esto se suman otros factores relevantes como:

  • Incremento de costos de producción (19%)
  • Dificultades para conseguir mano de obra (17%)
  • Volatilidad del precio de la leche (16%)

Estos elementos configuran un escenario donde la incertidumbre sigue siendo alta, especialmente en un contexto económico cambiante.

Una actividad en transformación

El informe también muestra señales de cambio estructural en el sector. Por un lado, hay un proceso de concentración y aumento de escala; por otro, se observa una mayor adopción de tecnología y profesionalización.

En términos generacionales, el 50% de los tambos ya está preparando un sucesor, y en el 84% de los casos ese sucesor participa en la toma de decisiones, lo que indica una continuidad del negocio en buena parte del sector.

Crecimiento con desafíos estructurales

La lechería argentina muestra un perfil productivo sólido, con vocación de crecimiento, adopción tecnológica y mejoras en eficiencia, pero enfrenta un escenario donde la rentabilidad sigue siendo el principal condicionante.

El equilibrio entre costos, escala y productividad aparece como la clave para sostener el negocio, mientras que factores externos como el clima y el contexto económico seguirán definiendo el rumbo del sector en los próximos años.