En un contexto donde el cultivo vuelve a ganar protagonismo por su competitividad, desde RAGT Semillas aseguran que el sorgo granífero tiene margen para al menos duplicar su rendimiento promedio en Argentina si se ajustan variables clave de manejo.

 

Federico Pisoni, gerente Comercial y de Marketing de la firma, fue claro: “Hoy estamos perdiendo más del 70% del potencial del cultivo por no manejar correctamente tres variables: la condición de siembra, la densidad y el momento de cosecha”.

El ejecutivo destacó además que el sorgo atraviesa un buen momento desde lo económico, aunque todavía persiste una mirada conservadora por parte de los productores. “Sigue siendo relegado a los ambientes más restrictivos, cuando la genética actual permite pensar en planteos mucho más ambiciosos”, señaló.

Condición de siembra: el primer paso

Uno de los conceptos centrales que dejó la jornada fue cambiar el enfoque tradicional de “fecha de siembra” por el de condición de siembra.

El asesor Guillermo Repetto explicó que el punto crítico es la temperatura del suelo: el cultivo debe implantarse cuando se registran 18°C a cinco centímetros de profundidad durante al menos tres días consecutivos.

“Medir es fundamental. Lo que no se mide, no se mejora”, resumió.

Nutrición y manejo, la deuda pendiente

Otro de los ejes fue la necesidad de profesionalizar el manejo del cultivo, especialmente en lo que respecta a la fertilización.

Daniel Gottschalk, responsable comercial en Buenos Aires y sur de Santa Fe, remarcó que durante años el sorgo fue considerado un cultivo secundario, lo que derivó en planteos de bajo nivel tecnológico.

“Hoy sabemos que es un cultivo noble y rentable, pero necesita las mismas condiciones agronómicas que cualquier cultivo de alto potencial”, afirmó.

Genética + tecnología

Desde el área de desarrollo, Agustín Cantó subrayó la importancia de combinar manejo con genética de última generación. En ese sentido, se destacaron los materiales con tecnología S Full, que integran herramientas para el control de malezas y tolerancia al pulgón amarillo.

Además, insistió en la necesidad de ajustar densidad de siembra, planificar la nutrición y evitar demoras en la cosecha. “El sorgo no tolera atrasos como el maíz: el grano queda expuesto y las pérdidas pueden ser importantes”, advirtió.

Una oportunidad concreta

Para Rafael Losada, gerente general de la compañía, el contexto de precios —en torno a los 200 dólares— abre una ventana clara para el cultivo.

“Si logramos rendimientos cercanos al maíz con menores costos, el sorgo pasa a ser una alternativa muy competitiva dentro del esquema productivo”, sostuvo.

Además del sorgo granífero, la muestra incluyó materiales sileros, forrajeros y avances en girasol, reforzando la estrategia de diversificación.


El dato: con manejo ajustado y tecnología, el sorgo podría pasar de los actuales 3.800 kg/ha a niveles que lo posicionen como un cultivo central en la rotación agrícola argentina.