Para lograrlo, es importante realizar un monitoreo constante y periódico que permita conocer la interacción de las variables que inciden en cada situación a fin de corregirlas en tiempo real.

Durante las zafras 2009, 2010 y 2011 en Tucumán, técnicos del INTA Famaillá del Proyecto Precop II y del Grupo Caña de Azúcar determinaron las pérdidas visibles producidas durante la cosecha integral ante diferentes condiciones del cultivo y discriminaron su composición entre precosecha y cosecha, ponderando el peso de las fracciones que la componen.

Las pérdidas en el último año

Las evaluaciones se realizaron sobre lotes con las tres variedades más cultivadas en la provincia (LCP 85 – 384, TucCP 77-42 y RA 87- 3), entre los meses de julio y octubre. Entre las tres campañas se analizaron 120 casos.

Para realizar la evaluación, se escogieron 30 puntos de muestreo sobre el sector del lote que estaba siendo cosechado por la máquina. Se recogió todo el material considerado movible, reconocido como: 1) Caña entera no recolectada; 2) Tocones cortados por arriba de lo normal; 3) Porciones maduras adheridas al cogollo; 4) Trozos enteros; 5) Trozos desmenuzados. A su vez, se diferenciaron 2 tipos de pérdidas: A) Precosecha, formada por la suma de 1, 2 y 3; B) Cosecha, donde se diferencian 2 subtipos: I) Trozada, trozos enteros de caña cortada y sana que cayó de la cosechadora por la mesa; y II) Soplada, trozos desmenuzados.

Simultáneamente, se confecciono una ficha del sitio de muestreo donde se registro edad del cañaveral, variedad, rendimiento cultural, estado del terreno, presencia de caña caída (%), marca y modelo de la cosechadora, antigüedad de la cosechadora, velocidad de avance (km/h), velocidad de los sistemas de limpieza, antigüedad del operario, entre otras variables.

Es importante aclarar que el relevamiento no incluyó las pérdidas en el trasbordo entre la cosechadora y la unidad de transporte, ni aquellas que se pueden producir en el trayecto desde la explotación cañera hasta la fábrica.

Los resultados demostraron que por debajo de los rangos de pérdidas tolerables (2,5%), el porcentaje de vuelco es mínimo con rendimientos culturales óptimos y con antigüedad del operario cercana a nueve años. La franja menor de perdidas durante 2011 se registró en el 11,8% del total de casos analizados; mientras, en el 88,2% restante las pérdidas superaron la cifra de tolerancia, coincidiendo con el incremento del vuelco, la disminución del rinde cultural y la menor antigüedad del maquinista.

La mitad del total de pérdidas correspondió a precosecha y la otra mitad a caña soplada y trozada, al igual que en las dos campañas anteriores.

En la medida en que se incrementó el vuelco, las perdidas de precosecha aumentaron cerca del 90% respecto de los lotes con vuelco inferior al 30%. A partir de 50% o más de incidencia de vuelco, se verificó una disminución de las pérdidas en casos severos de vuelcos, por lo que se infiere que el operario disminuye la velocidad de avance. Esto confirma las tendencias observadas en el 2009 y 2010.

En las perdidas totales no se observaron diferencias en el desempeño de las máquinas con relación a su antigüedad. En las cosechadoras fabricadas a partir del año 2003, el 54% del total de las pérdidas correspondió a caña trozada y soplada, lo que indicaría una falta de control y regulación mas precisa en el sistema de conducción y limpieza de la caña ya cosechada. Mientras, en las cosechadoras más antiguas, el 64% de las perdidas se asocia a la precosecha, lo que se explicaría por la presencia de mecanismos de recolección menos eficientes y versátiles.

En cuanto a la evolución de las perdidas en las tres campañas valoradas, entre 2010 y 2011 se destaca un fuerte incremento de las perdidas totales y de todos los tipos, especialmente en caña trozada y soplada. Estos aumentos fueron del 54% y 56%, respectivamente, en relación a la campaña 2009.

Del análisis de las últimas tres campañas, los técnicos concluyen que las condiciones del cultivo, especialmente el vuelco, son un factor condicionante para la eficiencia de recolección de la cosechadora.

“Las pérdidas observadas por encima del nivel de tolerancia se deben a velocidades de trabajo excesivas y a una inadecuada regulación de los sistemas de limpieza, atribuibles a una falta de capacitación y/o concientización de los operarios. Esta situación se refleja en el desempeño de las cosechadoras modernas, que con la incorporación de tecnología poseen una mayor capacidad de trabajo”, indicó el Ing. Ricardo Rodríguez.

No obstante, por encima de determinados valores de velocidad de avance y volúmenes de cosecha existe una falta de sincronización entre las operaciones de corte, recolección, trozado, limpieza, recepción y trasbordo. Esto se ve reflejado en las perdidas conocidas como caña trozada, a las que se deben agregar las de caña soplada por velocidad excesiva en el extractor primario.

“El sistema de muestreo adoptado por el INTA Famaillá permitió estandarizar el monitoreo de las pérdidas en las últimas zafras, desarrollando una metodología práctica y sencilla que permite evaluar la calidad de las operaciones de cosecha con equipamiento simple y en tiempos razonables. Lo que debemos hacer es abordar esta problemática poniendo mayor énfasis en los responsables de las operaciones de cosecha”, señaló Rodríguez.