Roberto Viola, de Nueve de Julio, refleja lo que parece haberse convertido el productor bonaerense, en especial el que vive en el noroeste provincial: un hombre productiva y económicamente golpeado desde todos los costados posibles. En una misma campaña sufrió la sequía y la inundación. De la anorexia de lluvias a los más de 1000 milímetros. Viola tiene el campo bajo el agua y su futuro es incierto . Según distintas fuentes consultadas, en el noroeste bonaerense están inundados más de 1,1 millones de hectáreas, entre los partidos de Pehuajó, Bolívar, 9 de Julio, Carlos Casares, Henderson, Rivadavia, Trenque Lauquen, General Viamonte, Carlos Tejedor, Olavarría y Azul, entre otros lugares. Hubo en varias zonas precipitaciones que ya superaron la media anual. De hecho, en Rivadavia rompieron todas las estadísticas. El período enero-mayo de 2012 fue el más llovedor de los últimos 117 años. Así, mientras en la serie enero/mayo de 1895/2011 cayeron en promedio 435 milímetros, en lo que va del año ya son 911 los milímetros registrados.
Campos con soja bajo el agua, praderas perdidas, dificultades para sacar la leche de los tambos, complicaciones para encarar la nueva campaña de fina y caminos destrozados son parte del panorama del noroeste provincial. Que tiene la particularidad de tener zonas muy bajas que forman verdaderas ollas donde queda retenida el agua. Con el agravante de tener poco declive, lo que complica el escurrimiento. De Pehuajó a 9 de Julio sólo hay seis metros de diferencia, lo que no es suficiente para tanta agua.
Roberto Viola, que produce sobre tierras alquiladas de 9 de Julio y, además, es contratista de cosecha, sabe muy bien lo que es lidiar contra esto. Días atrás se encontró con que se le venía una fuerte tormenta mientras estaba cosechando. El apuro por terminar no le alcanzó: quedó atascado en el lote, con 20 centímetros de agua.
"Ya iba terminando y no sé si agarré una cueva o un hormiguero, pero la máquina se cayó de costado", dijo a LA NACION.
Al principio, todo fue bronca. Pero, en medio de esa situación, un conocido apareció por el lugar y le tomó una foto arriba del cabezal de la cosechadora. Viola quedó inmortalizado posando con una ligera sonrisa. "Lo tuve que tomar con humor", afirma. Eso le ocurrió mientras cosechaba un lote de su padre.
En su caso particular, tiene unas 40 hectáreas inundadas, que son las que alquila y produce. "El agua pasó arriba de la soja. La pasamos mal con la sequía y no imaginamos que se iba a venir esto", precisó.
En rigor, primero Viola gastó unos 1000 pesos por hectárea para sembrar la soja [sin contar alquiler]. Pero por la sequía la soja no nació y tuvo que volver a gastar 500 pesos por hectárea para resembrar. "Ahora la soja quedó bajo agua y no sé si la voy a poder levantar. Creo que voy a tener que usar la plata que saqué como contratista para pagar lo que me gasté en la siembra", subrayó.
A Juan Pelatti, otro productor y contratista de 9 de Julio, tampoco le va mejor. "Estamos complicados. En 100 hectáreas, tengo 35 bajo el agua", comentó.
Pero no sólo eso. Como contratista, Pelatti tiene parados los trabajos de siembra de pasturas que debía realizar para tambos de la zona. "Tengo un proyecto de pasturas, pero hasta ahora sólo pudimos hacer 80 de 600 hectáreas", precisó.
En este panorama, además de los trastornos para la soja bajo agua, el futuro del trigo está en duda. "Entre las pocas de ganas de sembrar (por la intervención oficial) y la imposibilidad de hacerlo por la falta de piso, acá va a haber un 80% menos que el año pasado", indicó Pelatti.
Más impuestos
Ezequiel Berrocal, productor y asesor de Pehuajó, también las pasó todas. Ya venía con pérdidas del rinde en torno del 15 al 30% por la sequía que afectó a la soja, el maíz y el girasol, y ahora se encontró con un mar de agua.
"Como dice el dicho, sobre llovido, mojado. Cuando estábamos por recolectar lo que nos quedaba de los cultivos luego de la sequía, nos encontramos con que se inundaron los campos", expresó. Según el productor, aún le queda por recolectar el 50% de la soja de primera y toda la soja de segunda. Además, en el caso de los campos asesorados, todo el maíz. "Hoy nuestros campos se encuentran con el 30% de agua en algunos casos, a otros con el 80%. La media es un de 35/40% de agua. Esto no nos permite hacer trigo o cebada a aquellos que por rotación y en campo propio íbamos a hacerlo", comentó Berrocal.
Poniendo en la balanza las pérdidas de la campaña sobre el capital invertido, éstas van a tener un piso del 30% a un techo del 60% en campos alquilados. "En campo propio van de ganancias del 5% a pérdidas de un 5%, dependiendo el caso", detalló.
Sequía y ahora inundación. Aquí nadie se olvida de otra cuestión más: la reforma impositiva que pretende hacer aprobar el gobernador Daniel Scioli, que tendrá un fuerte revalúo de tierras y un posterior impacto sobre el inmobiliario rural, bienes personales y renta mínima presunta.
Berrocal ejemplificó qué impacto tendrá la mayor carga tributaria sobre un campo de 2430 hectáreas (90% agrícola) que asesora comercial y técnicamente en la zona. Ese establecimiento, que hasta ahora tenía una valuación fiscal de $ 3.318.850, pasaría a estar valuado en 24.918.655 pesos. En este contexto, de pagar 236.433 pesos de inmobiliario, con el revalúo esa suma treparía a $ 530.088. Además, suponiendo que por bienes personales aumentaría el porcentaje para la persona física de 0,5 a 1,25%, de abonar $ 16.594 saltaría a 311.483 pesos.
Todo esto sin incluir la renta mínima presunta ni tampoco ingresos brutos. En resumidas cuentas, ese establecimiento, que venía pagando 253.027 pesos entre inmobiliario y bienes personales, debería subir con el impuestazo a 841.571 pesos en total. "¿Cómo hacemos para pagar cuando estamos perdiendo plata? Es obvio que se terminarán vendiendo tierras para cumplir con los impuestos", indicó.
A todo esto, en 9 de Julio, Pelatti precisó que de pagar $ 30.000 por año "sólo de inmobiliario pasaría a 3 o 4 veces más, dependiendo del revalúo que se haga".
Pelatti hizo otra cuenta: a los rindes actuales, si suman bienes personales, el impacto total de la suba impositiva equivale a pagar más retenciones. "Considerando mi producción, sería como estar pagando otro 10% más de retenciones a la soja", calculó.
PASADOS POR AGUA Y CON DIFICULTADES
En el noroeste bonaerense, las inundaciones que sobrevinieron después de fuertes lluvias que ya superaron la media anual trajeron problemas no sólo para recolectar la soja, con lotes intransitables para las máquinas, sino trastornos para sacar la producción de leche de los tambos y para la ganadería, cuya hacienda está siendo arrinconada a los lugares más altos.