Al crear restricciones para la compra de un bien se crea un mercado paralelo de lo que está prohibido y, como hay más demanda que oferta y además riesgos, el precio sube en ese mercado. Con las prohibiciones había que pagar un sobreprecio para comprar las milanesas en los períodos de veda. Al terminarse las trabas, el precio tiende a normalizarse. Los bienes y servicios homogéneos tienden a un precio único si no hay restricciones.
En los últimos meses de 2011 se impusieron restricciones a la compra de dólares, con lo cual se fue desarrollando un mercado paralelo al oficial, con una brecha creciente en las cotizaciones. El Gobierno tiene bastantes reservas de dólares, pero no quiere satisfacer la demanda en este momento, quizá para preservar esas reservas hacia el futuro.
El mercado paralelo es muy pequeño, pero para los argentinos es un signo de algo más importante que puede venir detrás, aunque no sea cierto. Es que la población ha sufrido distintos cambios bruscos de reglas de juego cuando han faltado dólares, como la pesificación de Eduardo Duhalde en 2002 o el Plan Bonex de Carlos Menem en 1990, y se acuerda de esos bruscos cambios de medidas, que deja atrapada a la mayoría, especialmente a los que confiaron en el peso.
La falta de disponibilidad de billetes para mercados bastante dolarizados, como por ejemplo los de inmuebles y autos, esta paralizando las operaciones. Eso ha tendido a frenar los despachos de cemento (cayeron 17% entre abril de 2011 y 2012) y también la importación de bienes de capital (cayeron un 45% entre las mismas fechas), aunque aquí se suman las restricciones a las importaciones.
Apreciación del peso
La situación fiscal, madre de todos los males, ha generado la necesidad de usar el financiamiento del Banco Central, lo que empujó a la inflación hacia las dos cifras (20-25% anual). El tipo de cambio oficial se movió menos que los precios y costos internos, pues se usó como "ancla antinflacionaria". Mientras Europa y Brasil, dos de nuestros tres principales clientes comerciales, habían revaluado sus monedas, no hubo problemas con nuestra estrategia. Pero ahora es diferente. Tanto Europa como Brasil han devaluado fuertemente sus monedas en los últimos 12 meses.
El real brasileño -que es lo que mas afecta a nuestra industria- se ha depreciado desde julio de 2011 hasta ahora un 32% con una inflación del 5%, o sea una devaluación efectiva de 27%. Nosotros devaluamos oficialmente entre esas fechas un 11%, pero con una inflación del 23%, es decir, hemos generado una apreciación efectiva del peso de 12%. Sumando la depreciación del real a la apreciación del peso, la diferencia de competitividad efectiva con Brasil en este lapso se puede estimar aproximadamente en 39-40% en contra nuestra. Es llamativo que el dólar paralelo, tomando la cotización de 5,93 $/US$, se haya despreciado en 39% entre julio de 2011 y 2012.
El tema del dólar prohibido y su brecha con el oficial se podrá arreglar cuando se logre tener una inflación como la de los primeros años del kirchnerismo, que era del 3-5% anual. Habrá que hacer toda la "sintonía fina" que se anunció a principios de 2012 e incluso bastante más para controlar el creciente déficit fiscal, no sólo nacional, sino también de las principales provincias. Postergar el problema esperando alguna solución que pueda ser menos costosa en materia de impopularidad, puede exigir después cambios más importantes que anticipando las tendencias a tiempo.