A continuación, adjuntamos una entrevista que el medio Miradas al Sur realizó a Daniel Rearte, Ingeniero del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), coordinador del programa Carnes del INTA y quien formó parte de los equipos del trabajo del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal 2010-2016 (PEA).

En este sentido, el ingeniero Daniel Rearte, consideró que el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) estima un gran crecimiento en el área ganadera, y aseguró que “nuestro país está en condiciones de aumentar en un 190% la producción porcina y la vacuna en un 70%”. De producirse un reordenamiento en la cadena de producción y comercialización, Argentina podría volver a convertirse en un país exportador de estos dos tipos de carne.

– ¿Cuáles son los elementos que los llevan a estimar un salto tan grande en la producción de carne porcina?

De todas las carnes, es la que estratégicamente tiene más posibilidades de despegar porque no compite la tierra con la agricultura como sucede con la ganadería bovina. Sólo requiere de inversión y galpones.

Además, es la que más le conviene al país ya que les da valor agregado a los cereales al transformarlos en carnes. El conflicto que se va a tener de por vida es entre la agricultura y la ganadería bovina, porque compiten por el factor tierra. Con 20 o 50 hectáreas construyo los galpones que necesito para los cerdos. En cambio, para las vacas necesito 500 hectáreas.

Lo que estaba frenando todo era el valor bajo que tenía la carne vacuna. Aunque protesten todos porque está carísima, la carne vacuna va a estar cara para siempre porque permite varias cosas.

Por un lado, le permite al productor ser competitivo con la agricultura y la soja y por otro permite que se exprese todo el resto de la producción ganadera. El alto precio le pulsea bien a la soja y mantiene equilibrio por la tierra y a la vez permite que las otras carnes encuentren su mercado.

– ¿Esto también explica que algunas zonas que históricamente eran ganaderas y que se convirtieron en sojeras vuelvan a su producción de origen.

Claro, aunque en algunos casos.

La zona típicamente ganadera que si hacía soja le daba un bajo rinde, ahora le conviene hacer vaca. Es decir que el alto valor de la carne reordena el territorio.

– ¿Qué políticas públicas se pueden llevar adelante para se dé una integración en las cadenas?

Lo más importante es tener en claro que todos los productos cárnicos tienen que tener como principal objetivo la exportación. Pero no para desabastecer el mercado interno, sino por el contrario, para funcionar como tracción. Esta tracción ordena toda la cadena. Se da la coincidencia de que los cortes que generan interés en el exterior no son los mismos que consumimos en la Argentina.

El asado no es un corte de exportación, por ejemplo. El reordenamiento de la cadena va a permitir incrementar los volúmenes y también la oferta, tanto del mercado interno como el internacional.

– ¿Cuál es la relación entre la integración de la cadena de valor y la generación de empleos de trabajo?

Por ejemplo, por efecto de la integración se hace necesario tener más frigoríficos en los lugares donde se produce la carne. No como ahora donde el 80% de los animales que se crían en el campo se faenan en Buenos Aires.

Con una integración, los frigoríficos van a estar donde se produce la carne. En vez de tener unos camiones jaulas con animales muertos de sed, se pueden traer containers desde el Chaco con los cortes ya congelados y de acá se mandan al puerto o al supermercado. Eso reordena territorialmente y crea un mayor desarrollo de las economías regionales.

–En el caso ganadero, cómo se puede integrar la cadena productiva para que genere más empleos?

Fundamentalmente en el sector porcino y aviar, porque automáticamente para producir más se integra con la producción de granos. En la carne vacuna, la integración es necesaria para disminuir los gastos de las economías. Un ordenamiento de la carne va a permitir que la comercialización se deje hacer como actualmente a través de la media res y en su lugar se envíen los cortes de acuerdo con los lugares donde se los demanda.

– ¿Cómo se cambia la actitud de los productores que se han mostrado reticentes a las políticas públicas?

Ya se está cambiando con lo que demuestra la actualidad: todos los sectores están en franco crecimiento. Lo que pasa es que cada sector tira para su lado. El sojero quiere que no le toquen las retenciones, pero lo cierto es que sin retenciones no hay ganadería que aguante.

Así como digo que el precio de la carne vacuna debe ser alto, todo tiene que estar en equilibrio. Con el alto precio que tiene el ternero, hay una alta tasa de retención de hembras. Ni este año ni el que viene se va a dar una alta tasa de la producción, porque las hembras que se retienen son terneras.

Hasta que se transforme en vaca y dé un ternero y éste crezca, van a pasar tres años. No se faenan terneras porque los productores se las guardan para que sean vacas. Esas terneras que se están guardando irán al toro el año que viene y recién van a parir dentro de dos años. Y su descendencia recién dentro de tres años va a ser novillo gordo para faena. Por eso el proceso que se inició este año llevará tres años hasta que esté en el mostrador.