Este espacio de intercambio de ideas propone construir una Agenda Federal para el desarrollo nacional pero también poner el Federalismo Cooperativo en agenda.
En el Centro de Convenciones Metropolitano de Rosario se desarrolla la última jornada de XIX Congreso de Aapresid, edición 2011, bajo la consigna “Inteligencia Colaborativa”. Un encuentro que comenzó el miércoles pasado con una grilla colmada de seminarios, talleres, stands de exposición, conferencias internacionales y más de 2700 asistentes.
De manera habitual la jornada de cierre del congreso tiene entre sus actividades principales el tradicional espacio de Quo Vadis Argentina, un ámbito de debate e intercambio de ideas que en la presente edición propone interrogarse sobre cuál debería ser una Agenda Federal a corto, mediano y largo plazo en Argentina. “Una agenda que genere reformas necesarias para lograr un país federal, fortalecer el desarrollo sustentable y la inclusión social”, explican sus organizadores.
En la Sala Belt tuvo lugar la conferencia inaugural Quo Vadis 2011 con la presencia de reconocidos panelistas como el historiador y politólogo Natalio Botana, Juan Llach, sociólogo, economista y ex Ministro de Educación de la Nación y el economista Orlando Ferreres. El bloque de la primera mañana contó entre sus espectadores al gobernador de la provincia de Santa Fe y candidato presidencial Hermes Binner.
El encargado de la coordinación del espacio durante toda la jornada es el
periodista y analista político Alfredo Leuco.
El primero en hacer uso de la palabra, brindando una verdadera clase de historia
fue el pensador Natalio Botana. En su alocución propuso plantear claves para
analizar algunos factores que indican “por qué la Argentina no es un país
federal en los hechos”.
“No crean que la Argentina tuvo alguna vez una trayectoria federal sin
complicaciones, por fuera de la confrontación y el conflicto. El federalismo
nació como problema”, dijo Botana. Citando una frase de Félix Luna, el pensador
planteó la dicotomía entre “Buenos Aires y el resto del país” como estructura
genética y marca continua de 200 años de historia nacional.
“La Argentina del siglo XIX y casi la totalidad del XX era un país de un solo
puerto, el puerto de Buenos Aires. Y el resorte fundamental para obtener
ingresos eran los impuestos de aduanas”, comentó Botana, para explicar que quien
controlaba el puerto controlaba la llave política y hegemónica del país. “Y
hegemonía es aquí sinónimo de supremacía”, sonrío el historiador.
Otro de los puntos que señaló Botana para abordar la cuestión federal fue sobre el rol de cada uno de los poderes del estado. Pero sin duda el concepto que más subrayó fue el de “la concentración demográfica como problema para un real federalismo electoral”.
“Buenos Aires configura en su entorno una megalópolis del gran Buenos Aires. Según el último Censo Nacional allí hay 15 millones de habitantes, eso equivale al 37, 5 por ciento del electorado nacional”, explicó Botana. Inmediatamente agregó: “No hay grandes provincias hay sólo una provincia que contiene una megalópolis”.
Para concluir Botana resumió: “No hay república sin equilibrio de poderes y ni hay república sin descentralización. El arte republicano del futuro es el de llevar adelante una política de descentralización, para que las ciudades alojen autonomía basada en la proximidad entre ciudadanos y gobernantes”.
En segundo término tomó la palabra Juan Llach, sociólogo y economista, quien enfocó su exposición en “la devolución de poder y recursos a los municipios como aspectos claves para el desarrollo integral”.
En ese sentido se refirió a la necesidad prioritaria de un “nuevo pacto fiscal”. Es decir, un trabajo de rediseño del sistema impositivo donde “la separación de las fuentes recaudatorias a nivel municipal, provincial y nacional” tengan como patrón común “la tendencia a que el gasto público sub-nacional dependa cada vez más de la recaudación propia, sin soslayar el principio de solidaridad”, explicó Llach.
El último en hacer uso da palabra fue el economista Orlando Ferreres quien dio continuidad a los planteos de Llach en relación a las trasferencias de ingresos y gastos entre la órbita provincial y nacional y subrayó la necesidad de otorgar los estados provinciales la potestad sobre la recaudación del impuesto las ganancias.