Sin embargo, la tendencia a la baja es firme, aunque no muy acentuada. Al menos por ahora.
El mercado se defiende de las pujas. Y, así, logra que los precios vayan cayendo más suavemente y con alzas esporádicas que, ciertamente, no logran revertir la tendencia.
Las predicciones sobre la siembra en Sudamérica están en su más alto nivel. Reina el optimismo.
Las lluvias de septiembre, en la Argentina, cayeron como anillo al dedo, sobre todo para el maíz. Vale destacar que ellas fueron superiores a las del mismo mes del año pasado y todos los pronósticos hablan de más agua para octubre.
Otro tanto pasa en Brasil. Las condiciones climáticas allí son de primera. La siembra camina por rieles y en forma acelerada.
Lógicamente, con un cuadro así, los precios deberían tender a la baja puesto que es previsible una gran oferta disponible a partir de febrero ya que los resultados de la campaña Sudamericana serían muy importantes.
Y hay algo más que juega en contra de los precios: los famosos fondos de inversión. Los fondos se muestran reticentes a ingresar en los mercados de futuros. Por el contrario, están dando muestras de que desean recortar posiciones como respuesta a la fuerte presión de la Commodity Futures Trading Comission (CFTC).
La CFTC supervisa el buen comportamiento de los mercados futuros, su competitividad y eficiencia y trata de evitar todo tipo de manipulaciones en desmedro de sus participantes y de su buena fe.
Esta comisión tiene un rol relevante sobre el comportamiento de los fondos, que de una forma u otra, está presionando hacia la baja en el volumen de operaciones en los mercados de commodities.
Lo cierto es que la caída de los valores se está produciendo. Pero lo está haciendo bajo los atenuantes de una presión de la demanda que no cesa de actuar.
Las exportaciones semanales de EEUU se mantienen en elevados en niveles sorprendentemente elevados. Fíjense que este país estaría exportando a un ritmo de 1 millón de toneladas de maíz, y otro tanto de soja, por semana.
¡Increíble!
Hay un elemento que está pesando a favor de los precios. Pero sólo lo hará por estos días. En EE.UU. las lluvias han retrasado la trilla. El piso es un problema para los cosechadores que trabajan con maquinarias de gran tamaño.
Se estima que el área cosechada en EE.UU. ha superado el 10% del total. Este porcentaje está muy por debajo del promedio de anteriores años para la misma fecha.
Si hubiese mayor volumen de lluvias, la cosa se pondría pesada y, en consecuencia, podría darse algún repunte en los precios. Cada día que pasa, la zona está más próxima al invierno, y ello es un riesgo de consideración. Esta es una posibilidad remota, pero posibilidad, al fin.
Es obvio que, además, el dólar debilitado es muy importante para los importadores de estos granos y sus subproductos, de China y el sudeste de Asia y de gran parte de Europa. Mientras siga devaluado habrá una presión para que los valores no se derrumben.
Además el petróleo, con todos sus vaivenes, no ha caído mucho. La industria de los biocombustibles sigue -pese a todos los embates recibidos- sigue relativamente firme.
Así las cosas, y a medida que la voluminosa cosecha de EE.UU. avance, los valores en el disponible deberían caer aún más. Con relación a la cosecha nueva, tanto los de la soja como los del maíz habrán de soportar, también, toda la presión americana. Por lo tanto, tendrían por delante un futuro similar.