Aunque en público la relación entre el Gobierno y el sector agropecuario está marcada por constantes tironeos, cruces y rispideces, en privado la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio instrucciones para generar un cambio de estrategia. Con el gobernador Daniel Scioli como interlocutor de confianza, el Ejecutivo nacional está dispuesto a abrirle la mano al campo, y poner en marcha un plan de estímulo fiscal de $ 2.000 millones que combinará menos retenciones para trigo y maíz, y más compensaciones para ganadería y lechería.
Este giro empezará a plasmarse en el encuentro que el mandatario bonaerense tendrá hoy a las 18 con Cristina. En las cercanías de Scioli prefieren no crear demasiada expectativa. “El espíritu (de la reunión de hoy) no es negociar sino dialogar. Es una reunión de trabajo en la que se buscarán puntos de contacto para ayudar a la producción”. Desde la Casa Rosada, en tanto, un funcionario admitió que “es muy probable que los pedidos de Scioli sean aceptados, ya que se trata de temas en los cuales distintos niveles del gobierno nacional y provincial trabajaron todo el fin de semana”.
El plan buscará no resentir situación fiscal, pero sin soslayar las dificultades para que la Argentina se autoabastezca el año próximo de trigo, maíz, carne y leche. Los $ 2.000 millones totales previstos parecen una cifra importante en comparación con la recaudación de la AFIP durante junio: casi $ 28.700 millones. Pero cobra menor relevancia si se los prorratea en los cinco meses que le quedan al 2009; o cómo impactaría en la balanza comercial la importación de esos alimentos.
Sin tocar a la soja (dado que se espera que cubra más de 75% del área sembrada 2009/10), la propuesta que Scioli le elevará a Cristina está enfocada en aquellas producciones afectadas tanto por la baja rentabilidad como por la histórica sequía. Las retenciones al trigo, actualmente en el 23%, bajarían a la mitad; las del maíz (20%) hasta un dígito (podría incluso ser de 6%). Con la jugada, se buscará garantizarse una cosecha 2010 con suficiente trigo para elaborar el pan que consumen los argentinos –aunque eso depende mucho del clima–; y con suficiente maíz para humanos y animales que se alimentan del grano (cerdos, aves y vacas, de feed-lot y lecheras).
Además, el plan incluiría mayores compensaciones para tamberos y ganaderos, buscando que el año próximo la demanda no supere a la oferta nacional en lácteos y carne. Esto incluirá una medida de la Oncca para estimular la ganadería en el largo plazo (ver aparte). En total, de los $ 2.000 millones de costo fiscal que tiene el plan, unos $ 500 millones se originarán en las bajas de retenciones, mientras los restantes $ 1.500 millones se irán en compensaciones (serían $ 1.000 millones a los tamberos y los restantes $ 500 millones para ganadería). Un paquete muy parecido, aunque sin cifras, al que anticipó la semana pasada el ministro de Asuntos Agrarios bonaerense, Emilio Monzó, tras reunirse con la mesa de enlace provincial.
El equipo de Monzó, y gran parte del gabinete sciolista, estuvieron trabajando todo el fin de semana en los detalles finales. Hasta se comenta que hubo consultas con el ministro de Economía, Amado Boudou. Desde la AFIP, en tanto, hace un mes se entregó un trabajo a la Presidenta en el que se indicaba cuánto impactarían las bajas de retenciones, según cada tipo de producto y punto a punto de rebaja, como anticipó El Cronista el 14 de julio pasado.
Con estos antecedentes, y el cambio de situación política (post-elecciones) y económica (precio de commodities, sequía), algunos operadores kirchneristas creen que “Cristina le dirá que sí” a las propuestas de Scioli. El campo espera, entre ansioso y escéptico, la próxima apuesta oficial.