Mauricio Macri y Francisco de Narváez no son políticos. Son jóvenes adinerados que incursionaron en la política, probablemente por hartazgo en su actividad cotidiana o por snobismo. Pero si fuesen políticos con comprensión de qué es el poder, no estarían concediendo con entusiasmo aquello que les conviene a los Kirchner.

El adelantamiento electoral les conviene a los Kirchner. En cuanto a la sociedad argentina, la ecuación es indiferente. Y para la oposición política, su negativa debería ser tajante.

Es correcto el punto de vista de Felipe Solá, de Gerardo Morales y de Elisa Carrió.

No se entiende lo de Hilda de Duhalde pero ella no es una dirigente política sino la mujer de fulano, más o menos como Cristina, que llegó más lejos.

Tampoco se entiende lo de Mauricio Macri (fue tan confuso que ni él debe haberse comprendido) y menos lo de Francisco de Narváez, autor de bravatas tan memorables como estúpidas (¿o no fue Narváez aquel que con estruendo prometió enfrentar a Néstor Kirchner en las elecciones internas del PJ y luego se retiró en silencio?).

Macri y Narváez no son políticos y a algunos eso les pareció una virtud. Es parte de la confusión que invade a los argentinos desde hace tiempo.

¿Por qué concederle a los Kirchner y al Frente para la Victoria un adelantamiento electoral que no merecen?

Ni en USA, donde hasta ahora el impacto de la crisis fue mucho más tremendo que en la Argentina alguien imaginó siquiera modificar el cronograma electoral por la coyuntura.

Pero la Argentina carece de seriedad institucional. Por eso cualquier ley o norma puede modificarse en forma discrecional. Todo se transgrede. Entonces, a los Kirchner no les provoca pudor solicitar cambios que no pueden justificar.

El impresentable gobernador de San Juan, José Luis Gioja, llegó a decir que había que anticipar los comicios porque la crisis impacta mucho en Cuyo y no pueden exportar vino como en el pasado. ¿Qué tiene que ver?

La oposición tendría que estrechar filas y oponerse al adelantamiento electoral con energía. Demostrarle su poder a los Kirchner impidiendo la modificación del calendario electoral. Desafiándolos e intentando provocarles una derrota tan importante como la del bloqueo a la resolución ministerial 125.

Es obvio que en octubre la crisis doméstica, resultado de la mala administración de los Kirchner antes que de la crisis internacional, impactará más que en junio.

Es obvio que el cronograma electoral no le impidió a los Kirchner tomar decisiones. Si no las concretaron fue culpa excluiva de su propia falta de creatividad, inteligencia y capacidad.

Es obvio que en octubre la oposición tiene mejores posibilidades que en junio. Entonces, ¿a quién se le ocurre obsequiar la simple posibilidad de un triunfo electoral?

Es inadmisible, frívolo, insensato y sospechoso lo de Macri y lo de Narváez. Tampoco Carlos Reutemann fue concreto en su rechazo al adelantamiento. Macri y Reutemann tienen bastantes semejanzas en sus espíritus gaseosos.

En cambio, dentro del llamado peronismo disidente, fue correcto lo de Felipe Solá: "No es coherente lo del Gobierno. Esto apura los tiempos y nos obliga a todos a estar listos antes. No tenemos ningún problema para enfrentarlos en las urnas, pero no nos vamos a creer que esta jugada tiene un sentido positivo".

Sorprendió gratamente Solá con su declaración. Comienza una batalla que exige audacia e inteligencia. Y que la política comience a limitar a los advenedizos. Acostumbran equivocarse en los momentos decisivos.