No sólo en el acto en Córdoba sino con la movilización de los productores en el interior. Aunque todavía cuenta con el crédito abierto, necesitaba que fuera expreso el apoyo de las bases después de los cuestionamientos recibidos por haber firmado un acuerdo débil con la presidenta Cristina Kirchner.

Ese renovado respaldo está destinado a tratar de obtener algo más que los retoques cosméticos en la política de granos, carne, leches y economías regionales conseguidos en las dos primeras reuniones con los ministros del Interior, Florencio Randazzo, y de la Producción, Débora Giorgi.

Son los agricultores y ganaderos a quienes ellos representan los que demandan medidas que incentiven la inversión y la producción. Es que mientras el tiempo pasa, se acerca el momento de tomar decisiones en el campo. La siembra de trigo de la campaña 2009/10 comienza en los primeros días de mayo, pero la definición sobre cuánto implantar e invertir en semillas y fertilizantes, entre otros insumos, se toma ahora. Los dirigentes rurales creen que el Gobierno puede dar una señal positiva al campo si anuncia una nueva rebaja de las retenciones al cereal, que hoy tiene una alícuota del 23%. Están convencidos de que una reducción de ocho puntos, para llevarla al 15%, lejos de provocar un agujero fiscal al Estado terminaría por proporcionar mayores ingresos tributarios por un aumento de la producción.

En la campaña 2008/09, la producción de trigo cayó a la mitad respecto del ciclo 07/08 no sólo por la brutal sequía sino, fundamentalmente, porque el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, presionó a molineros y exportadores para que pagaran a los productores el menor precio posible. De esa política, argumentan los productores, no se benefició el consumo, ya que el precio del pan casi se duplicó desde entonces, mientras que el del cereal sigue siendo el mismo.

Una señal parecida esperan para la actividad ganadera. Se prevé para las próximas semanas un incremento del precio de la hacienda, como consecuencia de la falta de animales provocada por la sequía. Hasta el momento, la variable de ajuste fue el precio del ternero. Los ruralistas creen que es tiempo de que Moreno se dedique a monitorear a carnicerías y supermercados, entre otros eslabones de la cadena. Además, están convencidos de que el cepo a las exportaciones establecido por la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) pierde sentido en un mundo que vuelve a demandar carne vacuna.

El otro mensaje que los dirigentes rurales se esfuerzan por transmitir es que el campo necesita un shock de confianza para que los pueblos del interior que dependen de la actividad agroindustrial no caigan en una recesión.

Las movilizaciones en reclamo de trabajo que se vienen sucediendo en los polos de la industria de la maquinaria agrícola en las ciudades santafecinas de Armstrong, Las Parejas y Firmat demuestran que el campo es una cadena de producción integrada con la industria.

En esta campaña agrícola se producirán, según las estimaciones de los especialistas, unos 20 millones de toneladas menos de granos que en el ciclo 2007/08. Eso significa, por ejemplo, menos trabajo para camioneros, expendedores de combustible y comerciantes, entre otros sectores que dependen de la actividad agrícola.

Allí se encuentra uno de los mayores puntos de ruptura entre los ruralistas y el Gobierno. Según las palabras de la Presidenta, el campo es un sector que ha tenido una renta extraordinaria en los últimos años y, para peor, nunca está conforme con las medidas anunciadas.

En un año electoral esa diferencia de visiones parece alejar la posibilidad de que el diálogo tenga un final feliz.