Evidentemente la producción de carne está en una situación grave ya que desde hace tiempo está en dificultades económicas y escasea hasta tal punto que no es posible satisfacer el consumo interno y el externo simultáneamente, incluso a pesar de que ahora este último esté alicaído.

Parece un contrasentido que habiendo más demanda que oferta, siempre creciendo la primera y permaneciendo prácticamente estancada la segunda, la actividad sufra económicamente. Con el objetivo de posibilitar un alto consumo de carne vacuna (70 a 80 kilos por habitante/año), único en el mundo, se instaló un control de precios y una restricción a las exportaciones que desviaron hacia un callejón sin salida la evolución de la producción. De un crecimiento lento, pasando luego por un estancamiento, estamos observando día a día cómo se va deteriorando la actividad y perdiendo el número de productores ganaderos ó mixtos.

La relación de los últimos años entre la vaca de cría (fábrica de carne) y la ternera (utilizada para faena) muestra crudamente el abandono de la actividad. Desde fines del año 2002 hasta fines del 2006 se necesitaban en promedio 442 kilos de ternera para compra una vaca con cría.
Desde principios del 2007 hasta la fecha con solo 376 kilos en promedio hacíamos la misma compra. Vale decir que el vientre en producción se deterioró un 15% en este último período. La ternera se destina a faena (vía feed-lot subsidiado) mientras que no hay compradores para la cría. Hasta el inicio de la parición fue notoria la faena de vacas preñadas, dado que valían más como carne que como vientre.

CUADRO RELACION VACA NUEVA PREÑADA CON TERNERA


Otro gráfico significativo resulta de la comparación entre la VACA PREÑADA y el NOVILLO. Al no ser sustentable la producción de éste último en los encierres a corral, y dado que su precio limitado políticamente lo eliminó de la competencia con la agricultura, luego de una caída libre de hasta un 33% en su valor relativo, se recuperó; fundamentalmente porque está dejando de haber oferta.

CUADRO RELACION VACA NUEVA PREÑADA CON NOVILLO


El objetivo político (y también humano al principio) de proveer carne barata al consumidor, al mantenerse en el tiempo ha expulsado a muchos productores de la actividad sin encontrar ninguna alternativa que revierta esta tendencia. La prioridad colocada sobre el precio bajo en las carnicerías ha sido lograda por una sobreoferta en el mercado interno que consume todo lo que se le vende. Como correlato la actividad ganadera entró en crisis.

Veamos en que se asemeja la producción de carne con otras actividades en crisis, como ser: lechería, generación de electricidad, transporte, rutas, combustibles. En todas hay precios controlados, falta de inversión, falta de rentabilidad y por ende subsidios. Todas son sensibles para el bolsillo de los habitantes. En todas la omniprescencia del estado intenta evitar que desaparezcan a través del subsidio. Últimamente la reducción de recursos del Estado ha obligado a actualizar tarifas.

El subsidio puede ser una herramienta ante una coyuntura de crisis, pero nunca un incentivo para la producción. La actividad ganadera es de mucho capital y riesgo, y a nadie puede interesarle si la rentabilidad va a estar determinada desde un escritorio. Al ser una actividad tan dependiente de la naturaleza, sus variables son casi infinitas y distintas según cada caso; mal puede un funcionario, por más buena voluntad que tenga, prever y proveer la ganancia necesaria a todos los actores de la cadena. El Estado debe establecer regulaciones de sanidad y sana competencia, pero falla si pretende reemplazar a los particulares tanto como si éstos pretendieran reemplazarlo a él.

Si por un momento nos imagináramos vivir en un país dónde las actividades que hoy subsidiamos fueran prósperas, no concebiríamos una población necesitada de prebendas. Una nación con buena producción de carne, leche, combustibles y con buenos transportes y autopistas no coeexiste con una población pobre. El Estado tiene que facilitar y promover la suficiente producción de bienes para la exportación y el consumo. De nada sirve y tiene poco futuro si la población consume todos los bienes que produce; no se genera la riqueza necesaria si el país no exporta.

Estamos frente a la disyuntiva del huevo ó la gallina. Tenemos la gallina que pone huevos de oro: el mundo reconoce nuestra carne y no necesita de publicidad (todavía). Vendamos por lo menos la carne de los cortes caros y la conserva al precio que los compradores externos nos ofrecen. Ese dinero ingresado al país no puede más que mejorar nuestra calidad de vida.

¿ Por qué tenemos que comer tanta carne ? Si exportamos un buen porcentaje de la producción lograríamos mantener esa fuente de recursos que es la ganadería y uno de los pocos estandartes que nos distinguen entre las naciones. Si persistimos en comernos todos los “huevos”, nos quedaremos sin “gallinas” y las próximas generaciones degustarán carne uruguaya ó brasilera. Lamentablemente recientes cálculos indican que en unos tres años tendremos que reducir el consumo de carne en un 30% porque no habrá más.

Por otra parte y por alguna razón emprendedores extranjeros ingresaron en el negocio de la carne mientras que los locales lo prefieren abandonar. Los primeros gozan de recursos y del tiempo necesario para esperar el cambio de paradigmas. En algún momento tornará a ser políticamente acertado levantar la bandera de la recuperación de la ganadería, sea porque sume votos ó sea porque el beneficio se muestre inocultable al bien común. Pero antes la paciencia y la astucia venida de otras latitudes recogerá los frutos que venderá con su marca. Intentemos encontrar una política que nos beneficie a todos y no sólo a los consumidores actuales.

Por Juan J. Barberis
Consignatario de hacienda