Gustavo Grobocopatel es conocido en Argentina como el rey de la soja porque controla un imperio agrícola del tamaño de Luxemburgo. Hoy, esa distinción le trae más pena que gloria.
Los precios de la soja han caído aproximadamente 40% desde julio, en medio del desplome global de las materias primas. Las penurias han sido especialmente intensas para los agricultores argentinos. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien en un momento llegó a referirse a la soja como "prácticamente un yuyo" (en alusión a la maleza), ha establecido un alto impuesto sobre el grano y el gobierno se inmiscuye a menudo en la economía. Por si fuera poco, la peor sequía de los últimos 70 años en la Argentina ha arrasado el campo durante la temporada de cultivo.
"Todas nuestras peores pesadillas se están haciendo realidad, una después de la otra", lamenta Julio Mayol, un agrónomo que trabaja en la compañía de Grobocopatel, Grupo Los Grobo SA.
Durante casi seis años, las alzas en los precios de las commodities y un clima favorable fueron una bendición para empresas y gobiernos a lo largo de América latina. Aparecieron magnates de los recursos naturales, las aldeas mineras y pueblos petroleros de la costa experimentaron un crecimiento asombroso y los inversionistas extranjeros se lanzaron en tropel a comprar acciones de empresas latinoamericanas cuyos nombres apenas podían pronunciar. Los gobiernos pagaron deudas e invirtieron generosamente en programas sociales. El crecimiento económico de la región promedió 5% entre 2003 y 2008, frente al 3,5% durante las tres décadas anteriores.
Un alto precio
Ese ciclo, sin embargo, ha dado un giro repentino. Los precios de la soja, el
cobre, el petróleo y el mineral de hierro ?los principales sustentos de la
región? se han desplomado a medida que la crisis de la economía global frena la
demanda. Grandes inversiones en recursos naturales, incluyendo un proyecto de
refinería de US$ 1000 millones en Perú y una expansión minera de US$ 2000
millones en Brasil, están siendo revisados o archivados. Los agricultores que
apostaron a que los precios de los granos continuarían subiendo están viendo
cómo sus equipos de cosechadoras y tractores son embargados. El Fondo Monetario
Internacional proyecta que la región crecerá apenas 1,1% este año, una tasa
insuficiente para una población cada vez mayor.
Brasil está pagando un alto precio por depender de recursos naturales como el mineral de hierro y la soja para el 40% de sus exportaciones. El empresario minero y energético Eike Batista, quien en medio del boom pasó a ser el hombre más rico del país con un imperio valorado, según él, en US$ 16.000 millones, ha visto cómo el valor de sus posiciones se ha reducido a la mitad desde que se desatara la crisis financiera.
El otrora enorme superávit comercial de Brasil pasó a territorio negativo en enero. Con empresas como el gigante minero Vale eliminando empleos, Brasil perdió más puestos de trabajo a fines del año pasado que en cualquier momento de los últimos 16 años.
Los grandes productores de petróleo y gas de la región ?Venezuela, Bolivia y Ecuador? también han sido golpeados. Ecuador, por ejemplo, hace poco entró en cesación de pagos de algunos de sus bonos extranjeros, en parte porque su presidente los consideraba "ilegítimos" y también debido a que los menores precios del crudo se traducirán en menos ingresos para pagar la deuda. Se proyecta que su economía se contraerá entre 3 y 4 por ciento este año.
En la Argentina, el gobierno peronista de la presidenta Kirchner ha pasado a depender de empresas agrícolas competitivas a nivel mundial, como Los Grobo, como una fuente importante de ingresos. El año pasado, la soja y sus derivados representaron cerca del 25% de las exportaciones de Argentina. El gobierno cobra un impuesto de 35% a las exportaciones de soja, que el año pasado generaron alrededor del 10% de la recaudación tributaria del país. Estados Unidos y Europa, en cambio, apuntalan sus industrias agrícolas con fuertes subsidios.
Tensiones políticas
Como resultado, los problemas que aquejan a empresas como Los Grobo podrían,
indirectamente, provocar tensiones políticas. La soja ha sido la espina dorsal
de la economía argentina. Los US$ 7000 millones generados por los impuestos a la
soja el año pasado fueron casi equivalentes a los subsidios que el gobierno de
Kirchner distribuyó para que la electricidad y el transporte público siguieran
siendo baratos. Durante los últimos dos meses, a medida que el colapso del
precio de la soja empezó a sentirse, Kirchner ha subido los precios de la
electricidad y el metro, provocando demandas judiciales y protestas esporádicas.
Ahora que importantes pagos de deuda argentina están por vencer, Kirchner lucha por conseguir dólares para compensar las menguantes ganancias de la soja. Una consecuencia es que la Administración Federal de Ingresos Públicos, el organismo encargado de los impuestos, está estudiando mandar cartas a 500.000 contribuyentes para informarles sobre una amnistía para los que paguen impuestos sobre dinero no declarado anteriormente.
Algunas de las medidas de emergencia del gobierno podrían complicarles la vida a Los Grobo. En octubre, Kirchner nacionalizó los fondos de pensiones privados con activos de US$ 26.000 millones, incluyendo la mayor parte de los US$ 20 millones de deuda que Los Grobo emitió en 2007. El gobierno sostiene que los fondos privados no se esmeraron en su labor de administrar los ahorros de los argentinos.
Por ahora, el gobierno se ha negado a bajar el impuesto a las exportaciones de soja. "En este escenario de precios bajos y sequía", muchos agricultores quebrarán, augura Grobocopatel. En las últimas semanas, ha habido algunas manifestaciones contra el impuesto. Algunos productores rurales en el pueblo de Tornquist arrastraron dos vacas muertas, víctimas de la sequía, hasta una intersección y colocaron un gran letrero que decía: "Hoy son ellas. Mañana ¿?" .
El secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, dice que el gobierno ha otorgado decenas de millones de dólares en ayuda. También insinuó que los agricultores exageran sus problemas y siempre se quejan del gobierno.
Los Grobo es dueña de sólo una pequeña porción de la tierra que cultiva. Arrienda la mayor parte, pagándoles a sus dueños una tarifa fija o una parte de la cosecha. Este año, la compañía ha cultivado 270.000 hectáreas, incluyendo terrenos en Uruguay, Paraguay y Brasil. Además de soja, produce maíz y trigo y provee servicios agrícolas. La empresa proyectó ventas de aproximadamente US$ 800 millones este año.
El precio de la soja alcanzó un máximo de US$600 la tonelada en julio de 2008 para luego empezar a caer a medida que la crisis financiera empeoraba. Los precios repuntaron un poco este año, antes de volver a desplomarse a cerca de US$ 365 la tonelada.
Impacto devastador
Grobocopatel, un ingeniero agrónomo de 47 años, asegura que la sequía augura
"un gran deterioro de la producción". La cosecha de soja de Argentina, que según
los pronósticos iniciales se iba a disparar este año, caerá más de 10% con
respecto a los niveles del año pasado, según Agritrend S.A., una consultora de
Buenos Aires. Las cosechas de trigo y maíz también disminuirán este año 45 y 35
por ciento, respectivamente, según la firma. Pablo Giorgi, el gerente de
planificación de Los Grobo, dice que la sequía podría tener un impacto
"devastador" en los resultados de la empresa. Los costos de cultivo,
arrendamiento de tierra y fertilizantes de Los Grobo siguen siendo
extraordinariamente altos esta temporada, explica. La razón es que fueron
fijados a mediados del año pasado, durante el apogeo mundial de las commodities.
Aun así, Grobocopatel se muestra optimista respecto a la soja en el largo plazo porque espera un continuo crecimiento de China, el principal mercado de la Argentina. "Los chinos no van a dejar de comer", insiste.