Buena genética, promotores de crecimiento, hormonas vegetales y fertilización
foliar. Cuatro tecnologías para enfrentar la escasez hídrica. Sin grandes
costos, la estrategia apunta a levantar los pisos de producción para que los
números cierren. Un enfoque productivo que puede verse en las jornadas SPS
Anticipa.
Cuando la sequía es extrema, poco puede hacerse. Pero en algunas regiones del
país, la situación de déficit hídrico se puede compensar con algunas estrategias
de manejo defensivo que tienden a darle a la planta la fortaleza necesaria como
para poder hacer frente al estrés, optimizando el uso de agua a medida va
cayendo. Elegir correctamente los híbridos y variedades más adecuados al
ambiente, proteger la estructura aérea de la planta y fortalecer el
enraizamiento son algunas de las claves para levantar el piso productivo.
Con este enfoque, SPS lleva adelante su serie de jornadas SPS Anticipa. Una
propuesta con la que la semillera buscar acercar los últimos paquetes
tecnológicos y sus ensayos de cultivos en distintas regiones del país, en
condiciones reales de producción y donde los hombres de campo las necesitan.
Durante estas jornadas, que comienzan el 12 de febrero en América y continúan el
26 de febrero en Cañada de Gómez (Santa Fe), el 12 de marzo en Miramar (BA) y el
19 de marzo en San Antonio de Areco (BA), los especialistas de SPS junto a
técnicos de Syngenta, BASF, Nitragin, Sudamfos, Bertini y Glencore, abren su red
de ensayos para mostrar a campo las tecnologías con las que el productor puede
enfrentar la campaña.
La base genética
Uno de los principales objetivos perseguidos por la semillera con estas jornadas
es ofrecerle al productor la posibilidad de comprobar la respuesta de aquellos
híbridos y variedades que mejor se comportan en cada ambiente. Una de las bases
para encarar un manejo defensivo es la correcta elección genética, la búsqueda
de materiales con buen desempeño en condiciones de estrés y adecuada estructura
de planta, por ejemplo.
En las jornadas SPS Anticipa, la compañía pone a disposición la oportunidad de
analizar materiales de distintos grupos de madurez y fechas de siembra y su
respuesta a las condiciones productivas de la región. Todo esto con el valor
agregado de un paquete tecnológico disponible que hoy permite sacar el máximo
provecho a una genética que, de base, debe ser buena.
Adrián Poletti es asesor técnico de Incrementar y uno de los profesionales
encargados de diagramar las jornadas a campo SPS Anticipa. Según detalla, otra
de las herramientas que los productores tienen a disposición para enfrentar
momentos críticos como éstos son los PGPR o promotores de crecimiento. Se trata
de inoculantes que se colocan en la semilla y le permiten a la planta tener un
mejor desarrollo de raíz. De esa manera, la raíz tiene más profundidad y más
volumen como para poder absorber, explorar mejor el perfil del suelo y poder
aprovechar mejor el recurso hídrico.
Otro de los productos que en esta campaña ha sido muy utilizado por el agro
proviene de la horticultura. Es una hormona formadora de raíz compuesta por
oligoelementos. Es una mezcla de ácido naftalen acético, una hormona vegetal
natural, y elementos menores como hierro, molibdeno, boro, zinc, que la planta
utiliza normalmente para hacer procesos fisiológicos para que funcione mejor la
raíz, que le permite fijar más hidratos de carbono y generar más aceite.
En todos los casos, “buscamos que la planta tuviese un arranque bueno con una
profundidad de raíz importante y una fuerza de exploración para que pueda
tolerar mejor las situaciones de estrés. Luego el cultivo tuvo el manejo normal.
A posteriori, se le agregaron, para el momento de pasar con los fungicidas, 5 o
6 litros de fertilizante foliar, lo que permite bajar los niveles de respiración
de la planta, los niveles de uso de agua y, a su vez, con esa nutrición vía
hoja, la planta puede reponer los nutrientes que no sintetizó debido a que
estuvo debatiéndose con la sequía. Además, le permite seguir fijando dióxido de
carbono y haciendo fotosíntesis. El efecto de esta tecnología se ve muy marcado
en el girasol y el maíz. Se prolonga el estado verde de la planta, hace que el
cultivo trabaje el período de llenado durante más tiempo, con una alta
eficiencia en el uso de agua y de nutrientes que estuvieron aplicados”, explicó
Poletti.
El objetivo, en todos los casos, es ayudar a que materiales de una buena base
genética puedan mejorar la utilización de los recursos agua y nutrientes. Es
tecnología de complementación de nutrición.
Los costos
Según Poletti, lo más interesante es que toda esta tecnología no tiene un costo
muy alto. Los PGPR deben costar 5 dólares por hectárea, la suplementación de
oligoelementos y ácido naftalen acético que viene de la horticultura y la
floricultura, cuesta 1,5 dólares por hectárea. La fertilización foliar, que es
lo más caro, puede llegar a costar 15 dólares, depende de la dosis. “No son
tecnologías carísimas que no estén al alcance de cualquier productor. Son
fáciles de utilizar, se pueden usar en el momento en que se hace algún defensivo
para la planta, cuando se pasa herbicida o a algún insecticida, de forma tal de
no sumar aplicaciones. Además, permiten al cultivo llegar mejor parado,
prolongar el período de llenado y recuperar kilos”, detalló el técnico.
Cuándo usarlas
La clave es usar tecnología que el productor tiene disponible. En todos los
casos, los ensayos se realizaron en condiciones reales de producción. “Sembramos
en la medida en que la sequía lo fue permitiendo, al igual que el productor”,
aclaró el asesor.
En el caso de las Anticipa, “buscamos apretar el uso de esta tecnología en la
medida que veíamos que las condiciones climáticas venían empobreciéndose”, dijo.
En Cañada de Gómez fue usada para corregir los problemas de déficit hídrico que
hubo al inicio de la siembra. En América, que hace rato no llueve, está
permitiendo que la soja siga desarrollándose y cargando bien el girasol y el
maíz al sacar agua de mayor profundidad. Ahora, en San Antonio de Areco, donde
se va a ver una demostración de siembras tardías y manejo defensivo, también se
hizo esa tecnología porque venían con 600 mm de déficit hídrico y se sembró con
una sequía extrema. “Cuando las plantas nacieron, les dimos enseguida todo el
paquete como para que cuando empiece a llover pueda aprovechar correctamente
todos los nutrientes”, destacó el técnico.
En Miramar, por ejemplo, que también se sembró bajo una sequía extrema y se está
haciendo riego, “también le hemos dado una protección de inicio para que el
cultivo se desarrolle y optimice el recurso de utilizar el riego, que es
carísimo. Por lo tanto, por cada mm de agua que se aplica, hay que buscar que
recupere la mayor cantidad de kilos posible, para poder pagarlo”, aseguró.
Más tecnología
En algunas de las SPS Anticipa, los productores podrán ver además ensayos de
distanciamiento en maíz y de separación de surcos utilizando la tecnología de
resistencia a glifosato. “Mediante el espaciamiento entre surcos y aumentando la
presión de plantas dentro del mismo surco, con 6 plantas por metro sembrado,
pero con surcos puestos a 1 metro de distancia, estamos haciendo ensayos
comparándolos con 52 cm de separación entre hileras. El objetivo es analizar el
impacto de ese manejo a la hora de estabilizar los rendimientos de maíz que se
hacen con siembras tardías o de segunda atrás de trigo. Lo que buscamos es abrir
el surco de maíz para mantenerlo limpio y diferir el consumo de agua lo más
posible hacia la floración. Aprovechamos mejor el recurso hídrico para que lo
use para formar grano y no para formar hoja”, concluyó Poletti.