En una jornada técnica sobre trigo realizada recientemente en la planta La Ballenera que Nidera tiene en Miramar, el especialista en nutrición del Departamento Técnico de Nidera Nutrientes, Ing. Marcelo Palese, advirtió que hay que parar con la expansión horizontal y profundizar la expansión vertical de los cultivos.
“Intensificar no es poner más de todo, sino usar mejor cada kilo de producto o de semilla. Esto requiere prácticas de manejo integradas, incluso del agua, apuntando a la interacción entre cada elemento que se esté aportando”, detalló Palese.
En el caso particular del trigo, de la evaluación de los ensayos realizados el especialista señaló que “en la región sur de Buenos Aires, vimos respuestas interesantes al aporte de azufre, sobre todo en lotes con antecedentes de soja, pero estamos avanzando en una mayor especificidad de este nutriente (sulfatos), ya que si bien se pensó durante mucho tiempo, no tiene el mismo ciclo ni movilidad que el nitrógeno (nitratos), por lo tanto no puede manejarse igual”.
Otro de los elementos, según Palese, que mostró cierto grado de respuesta es el cloro, en toda la región pampeana, incluso en campos cercanos al mar.

El punto de partida

Palese señaló que “el análisis de suelo es una herramienta elemental para definir la estrategia del sistema y de cada cultivo, sin esto difícilmente se podría haber avanzado en los tipos de mezclas, presentaciones y fuentes como para seguir creciendo en respuestas”.
Para el especialista ya no se puede evaluar solo un elemento, sino ese elemento en relación con otros. “Lo que nosotros pedimos no son los elementos estándares con 3 o 4 parámetros, sino análisis completos, justamente para no tirar tiros al aire y adivinar a qué elemento se debe la respuesta del cultivo”, precisó.
“Resulta importante tener claro qué estamos pisando, pidiendo no menos de 18 o 20 parámetros e información estratificada con lo que pasa sub superficialmente, sobre todo en el caso del trigo, donde hay mayor exploración y tiene la capacidad de captar o secuestrar algún elemento que pudo haber fugado o perdido profundidad”, especificó el técnico de Nidera Nutrientes.
Aunque no es posible precisar números, Palese indicó que sí pueden marcarse estrategias y momentos oportunos de aplicación. “En trigo, como en cualquier otro cultivo, cuando se abre la segunda boca del carburador hay que tener preparados cada uno de los elementos que sean necesarios”, detalló.
Asimismo, destacó que “hoy las presentaciones se han mejorado mucho en cuanto a la aplicación y a la composición de los principales elementos para una mejor expresión y transformación en rendimiento”. Y agregó que “en el mercado hay fosfato monoamónico azufrado, azufre reforzado y fósforos de distintas entregas con probados resultados”.

Los otros elementos

Detrás del nitrógeno, el fósforo y el azufre, hay otros que acompañan a los elementos tradicionales, como el calcio, el cloro y magnesio. Por eso la idea es abrir más el espectro de e ir evaluando qué combinaciones saldan los requerimientos que tenga el lote.
Los elementos, si se quiere secundarios, como el zinc y el cobre, tienen una gran reserva en la materia orgánica (MO) pero, además, la posibilidad, dentro de formas orgánicas, de estar más disponibles para la planta, por caso, esto ocurre con el cobre y el manganeso.
“Es importante poder hacer diagnósticos cada 2 o 3 años para ver si hay evolución, estancamiento o involución de determinado elemento”, sostuvo el técnico. Y añadió que “la recomendación ante la duda es poder hacer el análisis, no tiene sentido recurrir a productos polinutritivos si no sé a qué estoy teniendo respuesta. En estos casos, lo ideal es poder individualizar las respuestas, de modo de poder trazar una buena estrategia para la siguiente campaña”.
La recomendación se funda en que hay una mayor especificidad en micronutrientes en uno u otro cultivo, pero de lo que no se puede prescindir como herramienta que transparenta el suelo para tomar decisiones seguras, es el análisis. “Nosotros hemos probado las mejores respuestas a los aportes individualizados, es decir aplicaciones divididas. Tenemos que pensar más allá de los puntos críticos zonales, tanto en los principales elementos como los secundarios, ya que estas medidas siempre tienen un margen de error de, al menos, 2 ppm para abajo y para arriba”.

Cultivos protegidos

En materia de sanidad y protección de cultivos, dos importantes lanzamientos de Zamba este año fueron Manta y Aliado. El primero es un fungicida para el control de enfermedades en trigo, tiene un destacado comportamiento preventivo y de corte para la roya y una excelente relación costo-beneficio.
“En años complicados como este y como se avizora el que viene, Manta es una alternativa más que interesante, porque estás usando un producto de alta tecnología, una mezcla de estrobirulina de acción sistémica (fluoxastrobin) y triazol para el control de las royas (tebuconazole), muy eficaz ante la aparición de resistencias de algunos hongos”, precisó Geraldine Bush, responsable del Servicio Técnico de Zamba.
En este año seco, donde los rindes fueron bajos con respecto a la media, no hubo grandes problemas de enfermedad. Sin embargo, en la zona de Mar del Plata y Necochea y hasta 100 kilómetros de la costa, hubo presencia de roya, porque es la zona más húmeda y se justificó una y hasta dos aplicaciones de fungicida según la variedad y las condiciones con respuestas importantes.
La recomendación es, ante los primeros síntomas (desde inicio de macollaje) ir haciendo monitoreo como para realizar la aplicación lo antes posible para frenar los brotes de enfermedad. “Con una aplicación temprana habría que evaluar a los 20/25 días una segunda aplicación si la infección sigue siendo importante. La dosis aconsejada de Manta es de 600/800 cm3/ha en función de la severidad de la infección y la residualidad que se busque”, precisó Bush.
En el caso de Aliado, es el nuevo insecticida para el control de chinches que permite aplicaciones a partir de inicio del ciclo reproductivo de la soja. Su innovadora fórmula protege al cultivo en su momento crítico, lo que se traduce en una mejor productividad y calidad a cosecha.

Lo que viene

“Seguimos generando y mejorando fungicidas para los distintos cultivos, en soja está más que probada la eficacia de los fungicidas para enfermedades de fin de ciclo (EFC), que causan daños severos en regiones cada vez más amplias”, comentó Bush.
La técnica aconsejó no reducir dosis ante menor presencia de enfermedades, porque se pierde residualidad y eficacia ante posibles rebrotes. En cambio sugirió optimizar el momento oportuno de aplicación para obtener los mejores resultados.
En cuanto a las propuestas para las próximas campañas, Bush anticipó que “venimos probando fungicidas en maíz y girasol para el control de todas las enfermedades foliares con muy buenos resultados, especialmente en girasol, a pesar de que es un cultivo variable, las respuestas han sido estables”. Se trata de productos que se encuentran en nivel de investigación y experimentación en cultivos, para una próxima formulación y recomendación.