Al mismo tiempo, planteó el escenario de crisis como una oportunidad; donde los productores del norte pueden empezar a pensar en hacer cobertura sobre el suelo, sembrar gramíneas de verano y diagramar su negocio de manera estratégica. “Con alquileres un poco más baratos es posible ser sustentables en el tiempo y salir de la coyuntura cortoplacista de una soja de 1200 pesos”.
El balance, corresponde a Horacio Agüero, miembro regional de Aapresid y
productor agropecuario de la región de Gancedo y Quimilí, en el norte argentino.
El especialista, considera que existe una estrategia para poder producir y ser
sustentables en zonas donde las precipitaciones son escasas, junto a una serie
de factores que las proyectan como marginales o adversas.
“Todos sabemos que cuando un productor cuenta con 600 milímetros agua por año,
desarrollar las tareas agrícolas es complicado. Mucho más, cuando se trabaja en
regiones con demandas atmosféricas más amplias, donde se torna imprescindible
reformular los esquemas productivos”, explicó Agüero.
La fórmula pasa por comenzar a producir con gramíneas de verano, que generen
cobertura, mejor infiltración y porosidad en el suelo. De esta manera, los pocos
recursos hídricos que hay en el suelo, se aprovechan de mejor manera.
“Ahora, el problema se ocasiona, al sembrar gramíneas en regiones tan alejadas
de los puertos. Para este caso, hay que saber diferenciar particularidades,
donde se conjugan productores de corto plazo con aquellos cuya visón es a un
largo lapso.
Oportunidades. Según Agüero, cualquier productor comprende que un girasol,
algodón o soja, sobre un rastrojo de maíz o de sorgo (respecto a un de soja)
rinde 5, 6 y hasta 10 quintales más, sobre todo en una situación extrema o
límite de sequía. “Muchas veces, el productor piensa en el corto plazo, y solo
analiza la rentabilidad de una campaña. La situación para estas regiones
productivas, pasa por pensar en mediano y largo plazo; y no cometer el error de
dejar de imputar al cultivo antecesor (maíz o sorgo), esos kilogramos extras de
producción de soja, algodón o girasol”.
Es decir, “el rastrojo (de esa gramínea de verano antecesora) tiene un valor
plus que le da estabilidad al negocio agropecuario con el correr del tiempo. La
llave para ser sustentables cuando la soja cuesta 700 pesos por toneladas y los
alquileres están en baja, como en estos meses.
Así, cambiamos un mal momento por una oportunidad para los productores de largo
plazo; donde se pueden hacer contratos con rotaciones (a tiempo extendido),
basados en producciones más sustentables y predecibles a través del tiempo y
sobre años tan secos, como los que se están dando en el Norte.
[En el Norte, se ven mayores ventajas, a partir de la ganadería. Una puede ser la generación de nuevos contratos, donde el productor puede destinar algún lugar de su campo para hacer un poco de picado fino con grano de sorgo o maíz, con el objetivo de trasformar esos granos en carne; tomar un negocio alternativo y replantear los costos que se generan cuando se llevan los granos desde regiones tan distantes de los puertos].