Pablo Wende
"La Nueva Provincia"
Estados Unidos y Europa ya están en recesión, aunque hagan falta algunos
meses más para determinarlo de manera técnica (se requieren dos trimestres
consecutivos de caída del PBI).
La incógnita de los inversores es si las principales economías del mundo se
encaminan, en realidad, a una depresión, es decir una caída de la actividad más
profunda y prolongada. El agudo derrumbe de Wall Street en las últimas semanas
no hizo más que reflejar este nerviosismo.
Soñar que la Argentina puede resultar inmune o apenas salpicada por esta
crisis sería cuanto menos poco realista. El bajón de la producción y de la
demanda interna ya comienzan a ser notorios. Según las estimaciones preliminares
que manejan en la consultora FIEL (que maneja como ninguna los datos
relacionados con la industria), en este cuarto trimestre el crecimiento será
equivalente a cero respecto al mismo período del año anterior.
El contraste es enorme si se tiene en cuenta que para esta misma época del año
pasado el crecimiento superaba el 8,5%. Uno de los síntomas de esta virtual
paralización es la baja de la inflación, y en los próximos meses podría
estancarse también el ritmo de crecimiento del empleo luego de varios años de
fuerte incremento (la tasa de desocupación está en un dígito, aún sin contar los
planes Jefes y Jefas).
Sólo una parte del bajón se explica por la profundización de la crisis en los
países desarrollados. En realidad, ya desde principios de 2008 comenzó a hacerse
evidente la desaceleración por efecto de la elevada inflación y la falta de
inversión. Esta tendencia se profundizó a partir de mayo debido al paro del
campo, que generó además una fuerte corrida de depósitos.
Desde entonces, los bancos privilegiaron la liquidez y el crédito aumentó en
mínimas expresiones. El público también comenzó a mostrarse más reticente para
consumir.
La suba del dólar, que pasó casi de $3 a $3,27 en menos de un mes, también es un
reflejo de este cambio en el contexto internacional, marcado por una apreciación
del dólar contra el euro, pero también por la fuerte depreciación de las monedas
de los países emergentes.
En América latina, el real cayó más de 30%, mientras que el peso chileno, uruguayo y mejicano lo hicieron entre 15% y 20%. "Así como en su momento creímos que el peso no se tenía que apreciar a la par de otras monedas de la región, ahora creemos que tampoco debe seguir el ritmo de devaluación de otros países", aclaró a mediados de esta semana Martín Redrado.
Incentivos . El presidente del Banco Central sabe como nadie que cuando la divisa se escapa se produce automáticamente una fuerte caída de la demanda de dinero, que se expresa en una caída de depósitos en pesos. Por eso, durante esta semana se incentivó un incremento de las tasas de interés para plazos fijos, con el objetivo de competirle a la suba de la cotización.
Los efectos de la gran crisis internacional impactan de lleno en la Argentina por distintas vías:
* Ante la perspectiva de una fuerte caída del consumo a nivel mundial, se
derrumbaron los precios agrícolas, que ya están 40% por debajo de sus máximos de
mediados de año.
Sucede lo propio con el petróleo y los metales, que se utilizan para la
producción industrial. Esta caída implicará una sensible baja en los superávit
gemelos (fiscal y comercial). El resultado será una fuerte disminución en el
ingreso de divisas al país y, posiblemente, la necesidad de que el Banco Central
se vea obligado a perder más reservas para hacer frente a la demanda de dólares
en los próximos meses.
* El menor crecimiento mundial también implicará que habrá menos mercados para
vender la producción nacional. En el caso argentino el impacto será menor al de
otros países ya que las exportaciones representan un porcentaje relativamente
chico del PBI (menos de 25% contra 55% de Chile), pero el efecto igual se
sentirá.
* Las devaluaciones de los países vecinos también representan un fuerte desafío
para la industria local, sobre todo tras la suba del dólar en Brasil. Los
empresarios locales respiraron tras la intervención del Banco Central brasileño,
que hizo caer al dólar casi desde 2,50 reales a 2,16. Si el déficit comercial
con Brasil superaba los 4.000 millones de dólares anuales antes de estos
movimientos, el abaratamiento relativo de los productos de ese origen
extenderían todavía más esta brecha. El gobierno y los industriales se
encuentran en estado de alerta ante una posible invasión de bienes del vecino
país.
* Además de una reducción del comercio, el impacto también se sentirá en el
sector servicios, por ejemplo el turismo. Hoteles en Buenos Aires ya están
recibiendo cancelaciones desde Europa y Estados Unidos justo antes del inicio de
la temporada alta, que arranca ahora hasta diciembre. Esto provocará una
disminución adicional en el ingreso de divisas.
No es demasiado lo que lleva adelante ahora el gobierno para evitar el impacto de la crisis internacional. Néstor Kirchner, que reapareció esta semana como ministro de Economía bis, habló sobre la necesidad de fortalecer los superávit gemelos. Pero además de las declaraciones será clave llevarlo a la práctica, a través de una mayor reducción del gasto público.