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Hace un año, Cristina Fernández de Kirchner visitaba Estados Unidos como candidata a presidente, postulada por su esposo. Hoy, pisa suelo norteamericano con una imagen desgastada por el conflicto con el campo y el caso “valijagate”.
El politólogo Rosendo Fraga, director de la consultora Nueva Mayoría, escribió el siguiente artículo, que analiza el viaje de la presidente en el presente, con un ojo en el pasado:
El viaje de la presidente a los EEUU se realiza en condiciones muy diferentes a las de un año atrás.
En septiembre se realiza todos los años la asamblea anual de las Naciones Unidas, oportunidad en la cual la mayoría de los presidentes del mundo visitan New York, sede de este organismo internacional, y suelen hacerlo aun los más enfrentados con Washington.
El año pasado Cristina acompañó a su marido y juntos se entrevistaron con Bill Clinton, en momentos que su esposa Hillary parecía la favorita, tanto para las primarias demócratas como para la presidencia. Hoy el candidato demócrata es Obama y su triunfo no es tan seguro.
Los contactos con el gobierno de los EEUU se dan en el marco de la UN y desde esta perspectiva son similares a los que pueden tenerse con cualquier otro jefe de gobierno y canciller que asista a la asamblea.
Pero es diferente con la comunidad de negocios. Washington es el centro político del país, pero New York es el económico. Las decisiones de gobierno se adoptan en la primera ciudad, pero las inversiones se definen en la segunda.
Un año atrás, Cristina Kirchner era percibida como alguien que al llegar al poder cambiaría el estilo e incluso la orientación de la gestión de su marido Néstor Kirchner. Se esperaba que su mandato daría más prioridad a lo institucional, que tendría un estilo más dialoguista, que enfocaría la económica buscando generar un mejor clima de negocios y que resolvería los temas económicos que dejaba la gestión de su marido, como la distorsión de la inflación, la deuda con el Club de París y los deudores que quedaron fuera del canje de deuda. Era una expectativa similar a la que se evidenciaba dentro del país, donde el entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández había creado la imagen de que habría un cambio con Cristina respecto a su marido y predecesor.
Pero no fue así. El conflicto con el campo deterioró al Gobierno, perdiendo su popularidad inicial. Los problemas económicos no se enfrentaron e incluso se agravaron, como sucedió con la inflación. La relación con Chávez se reforzó y el llamado valijagate generó tensión en la relación con EEUU, como lo ha reconocido la misma embajada de este país en Buenos Aires.
Un año atrás, Cristina iba a los EEUU a conquistar espacios, simpatías y apoyos; ahora, en cambio, va a limitar daños.
Fuente: Nueva Mayoría
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