El especialista en biotecnología de la Universidad de Berna (Suiza), Klaus Amman, disertó en el marco del XVI Congreso Aapresid, celebrado en la Bolsa de Comercio de Rosario, sobre el futuro de la biotecnología. “Yo no tengo nada contra los productores orgánicos, a mí me gustan porque tienen muy buenos elementos de razonamiento. Creo que nosotros podemos aprender mucho de ellos, pero considero que ellos también deben aprender de otras tecnologías”, expresó en referencia a la comercialización de cultivos genéticamente modificados.

En marzo, durante su anterior visita a la Argentina, había destacado que “el número de países en desarrollo (12) que sembraron cultivos transgénicos fue mayor que el de los países industrializados (11), y también fue mayor la tasa de crecimiento (21% ante 6%)”.

El experto suizo aseguró que avanza en el mundo la aceptación de la ingeniería genética aplicada a los alimentos, desestimó el discurso de las agrupaciones ecologistas y tildó de falsos los argumentos que éstas presentan.

Amman expresó que lentamente la sociedad comienza a aceptar la utilización de la ingeniería genética aplicada a los alimentos: “En este momento la situación sigue siendo bastante negativa pero las cosas están cambiando”.

“Yo dije que el año 2008 iba a ser el año del cambio. La gente no es tan tonta. Hace diez años que vienen escuchando a Greenpeace diciendo que los transgénicos son peligrosos y tóxicos. Pero mucha gente empieza a preguntarse ¿adónde están los enfermos, dónde están las muertes?. Llegó el momento en que la gente empezó a pensar”, apuntó.

En este sentido, Amman desestimó los argumentos que utilizan las entidades como Greenpeace o Amigos de la Tierra, remarcó que no se cumplieron sus predicciones negativas y opinó que son falsos y mentirosos los pilares en los basan la totalidad de sus fundamentos.

Asimismo, aprovechó para contar una anécdota para ilustrar su pensamiento: “Hay una historia maravillosa de cuando Suiza introdujo el tren. En ese entonces, había un grupo de notables médicos que le escribieron una carta al Gobierno en la que mostraban gran preocupación y decían que una velocidad superior a los 40 kilómetros por hora podía causar serios daños celebrales. Estos notables además señalaban que también podían registrar lesionados todas aquellas personas que observaran pasar el tren. Sobre el final, los notables proponían construir paredones de tres metros de altura al costado de las vías para evitar que la gente tenga daño cerebral. Y, ¿saben qué les contestó el Gobierno?; que eso no iba a ser posible y les propusieron esperar tres años para ver qué era lo que pasaba”.

Consultado sobre los motivos por los que algunos pueblos europeos están aceptando estos cambios, reflexionó: “Yo soy un poco cínico al respecto. En definitiva la cuestión es económica. Por ejemplo, en cuanto a la escasez de alimentos, hay 200 establecimientos agrícolas orgánicos en Suiza que este año tuvieron que cerrar porque la gente no está dispuesta a pagar precios tan altos. En lugar de aumentar la productividad, cerraron”.

Y continuó: “Yo no tengo nada contra los productores orgánicos, a mí me gustan porque tienen muy buenos elementos de razonamiento. Yo creo que nosotros podemos aprender mucho de ellos, pero considero que ellos también deben aprender de otras tecnologías”. Finalmente, concluyó: “Todo esto junto, podría combinarse bien”.

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