SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- La cumbre de presidentes del Mercosur fue una inevitable caja de resonancia de la crisis política del país: dos manifestaciones contrapuestas, una en protesta contra las retenciones agropecuarias y otra en respaldo de la política oficial, ganaron anoche las plazas de esta ciudad capital.

Ambas concentraciones se disputaron la atención de los ocho presidentes y sus comitivas, que se dieron cita aquí para las deliberaciones sobre el rumbo político de la región.

Las marchas en esta ciudad fueron un reflejo de lo que viene ocurriendo en la plaza del Congreso, en Buenos Aires, con la guerra de las carpas.

Cada una a su turno, las marchas enviaron sendos mensajes antagónicos a los jefes de Estado que se encontraban a varias cuadras de donde transcurrían las manifestaciones.

La primera fue en respaldo de la política que desarrolla la Casa Rosada: la organizó el Movimiento Libres del Sur y convocó aproximadamente a unas 1000 personas en la plaza San Martín para defender las retenciones por considerarlas redistributivas.

La segunda manifestación fue la de los productores rurales, que desde la plaza Alberdi reclamaron el cese de los gravámenes.

Los partidarios del campo elaboraron un documento destinado a todos los mandatarios de la cumbre en el que señalaron que la Argentina está perdiendo la oportunidad histórica de alimentar al mundo.

Cuanto más lejos, mejor

La preocupación giraba alrededor de la posibilidad de que las protestas callejeras concentraran la atención de la cumbre.

El temor fue tal que el gobernador tucumano, José Alperovich, tomó en sus propias manos las gestiones para que ambas movilizaciones se concretaran lo más lejos posible del centro de operaciones de los mandatarios y en horarios distintos.

La movilización de Libres del Sur contó con el respaldo de la Casa Rosada, que buscó con su escenificación neutralizar la protesta que horas después lideraron las delegaciones tucumanas de la Federación Agraria Argentina y la Sociedad Rural.

Los militantes sociales coparon la plaza San Martín a las 18, apenas una hora después de que la presidenta Kirchner pisara suelo tucumano.

No fue casual: la marcha se programó en ese horario para que coincidiera con la llegada de los demás presidentes de la región.

Ocurre que luego de aterrizar, al cruzar la ciudad desde el aeropuerto, los mandatarios visitantes tendrían un primer pantallazo del conflicto, pero con una movilización en respaldo del Gobierno.

La marcha oficialista fue comandada por el dirigente político y funcionario del Ministerio de Desarrollo Social Jorge Ceballos. Los manifestantes reclamaron por la potestad del Gobierno de aplicar los gravámenes en discusión y reivindicaron lo que evalúan como el carácter redistributivo de la medida.

"Hay que garantizar el alimento para los pueblos más que los saldos exportables y la ganancia de los grandes empresarios agrícolas", dijo Ceballos desde un escenario a los manifestantes.

Quienes marcharon eran en su mayoría militantes que participaron de la cumbre de los pueblos, realizada aquí durante el fin de semana previo a la llegada de los mandatarios. Entre ellos hubo escasas presencias nacionales.

La marcha del campo

La siguiente movilización fue la que organizaron los ruralistas, también a unas 20 cuadras del hotel Catalinas Park, donde transcurría la cumbre.

La manifestación apuntó a poner de relieve un tema sensible para el Mercosur: las retenciones violan las directivas del mercado común.

Por eso, la marcha incluyó la lectura de un documento, que estaba dirigido a los presidentes de la región que se dieron cita en la cumbre del Mercosur y contenía un encendido rechazo al régimen de retenciones móviles que estableció el gobierno nacional.

"Los visionarios que diseñaron el Mercosur fijaron que no se establecerían derechos de retención intrarregión a producción alguna", dijo el presidente de la Sociedad Rural, Víctor Pereyra.

"Nuestro país hace de las retenciones una política violatoria del Mercosur", agregó.

Por Lucas Colonna
De la Redacción de LA NACION