El presidente del PJ, Néstor Kirchner, bajó anoche la línea de la nueva estrategia oficial al grueso del consejo nacional partidario. Moderación y buena letra ante la opinión pública y un inminente contacto con la Iglesia. El costo de las consecuencias del paro rural, dijo, lo deberán pagar los cinco dirigentes del agro. "Ahora, ellos se tienen que hacer cargo de lo que pase", expresó el ex presidente durante la reunión del PJ.

"Kirchner quiere hacer responsable ahora a los ruralistas de lo que ocurra: derrame de leche, cortes de rutas, desabastecimiento o violencia. Todo", confió a LA NACION un funcionario que participó del plenario del PJ, en la sede de Matheu 130.

El blanco de las acusaciones, en un intento de aislarlos del resto de la sociedad, serán los cinco dirigentes de las entidades del campo, en este orden: Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli, ambos de Federación Agraria; Mario Llambías, de CRA; Luciano Miguens, de la Sociedad Rural, y Fernando Gioino, de Coninagro.

La otra táctica es la buena letra: mostrar al Gobierno como "dialoguista". Según testigos del encuentro, hay una "profunda preocupación por la eventual reacción de la gente y el impacto por el agravamiento de la crisis".

Por ello, pareció llegar la hora de la moderación. Kirchner llegó a la sede de Matheu con un gesto de preocupación que no lo abandonó.

Según supo LA NACION, Kirchner instruyó a su gente que el documento de la Conferencia Episcopal Argentina, que ayer pidió "un gesto de grandeza para dialogar" no debía ser contestado. Debía ser interpretado públicamente, dijo, como un reclamo eclesial puramente dirigido al campo.

Así, cuando fue consultado por el documento de los obispos, el vocero de la reunión del PJ, Daniel Scioli, señaló: "Los dirigentes ruralistas se tienen que hacer cargo de la situación para contribuir a la paz social". Era la línea oficial. Dijo lo mismo cuando se lo consultó sobre los bloqueos totales.

La orden de no responder esta vez a la pluma del presidente del Episcopado, cardenal primado Jorge Bergoglio, obedece a un cambio de estrategia. En las próximas horas, habría un "contacto de alto nivel" entre el gobierno de Cristina Kirchner y la cúpula de la Iglesia. No es la hora de confrontar, confiaron las fuentes.

Esto se complementó con la reunión concedida anoche al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, como se informa por separado.

Hasta ayer, Kirchner acusaba al campo en su intimidad de ser "golpista" y de "conspirar contra Cristina Kirchner". Todavía lo cree. Pero ayer no hubo menciones a desestabilizaciones.

Sí lo hizo en su última reunión en el PJ con los legisladores bonaerenses, el martes último. Según publicó ayer el diario Crítica de la Argentina, Kirchner dijo ese día: "Tengamos calma, paciencia oriental. La lucha es larga esto es apenas una estación". Y añadió: "Si hubieran existido las bayonetas, no tengan ninguna duda que hubieran apelado una vez más al golpe de Estado". En la reunión de ayer, en cambio tuvo significativas ausencias: el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti; los senadores Carlos Reutemann, de Santa Fe, y Juan Carlos Romero, de Salta, y el referente de Entre Ríos, Jorge Busti. Muestra de que el peronismo hoy luce dividido.

Por Mariano Obarrio
De la Redacción de LA NACION