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Se puede decir que actualmente el poder no está acéfalo. Y eso es bueno. ¿Pero qué tan contraproducente puede ser que el mando presidencial sea bicéfalo? Si se analiza la idea, dos cabezas piensan más que una, y aunque entre ellas hayan disidencias, las discusiones siempre aportan distintas perspectivas que pueden servir para elaborar mejores políticas. Con lo cual, no habría motivos para preocuparse, si no fuera porque esas dos cabezas ordenan cosas diferentes. Y eso hace que la situación se ponga fea.
Cristina Fernández recibió un gobierno con muchos menos problemas que el que heredó Néstor Kirchner en 2003. Esta vez, los desafíos fueron otros. Y las promesas fueron distintas. El legado era prometedor: superávit fiscal, reducción del desempleo a un solo dígito, cancelación de la deuda externa, y reactivación de la economía en general, entre otras cosas.
La imagen del Gobierno era altamente positiva. Por ese entonces, lo que se prometía era el cambio, un gobierno más moderado, sin exabruptos, más racional, que invitaba a la concertación, al diálogo, al intercambio de ideas.
A los cuatro meses de Gobierno, las cosas ya habían cambiado mucho. Y el ex presidente ayudó bastante a que los sucesos se fueran desenvolviendo de esta manera. Con la idea de alivianarle la gestión y evitarle fuertes jaquecas, Kirchner ordenó que los problemas gordos recaigan en él, y las buenas nuevas sean para ella. “Ustedes no le lleven problemas a Cristina”, reprodujo la revista Noticias de los diálogos internos de la pareja presidencial y de los funcionarios más cercanos a ella.
De esta manera, él se pone a la cabeza de los reclamos, indica las directrices a los funcionarios K, hace los llamados pertinentes, y cita a los ministros que están bajo su tutela. Ella, por su parte, pone la cara. Y, por supuesto, recibe la cachetada.
“No podés dejar que estos tipos te marquen la agenda”, intenta convencerla él de que no ceda en la puja con el campo, conflicto que la hizo flaquear nerviosamente a cinco meses de iniciada la gestión. La cuestión es que a pesar del intento de Kirchner de fortalecerla, su “apoyo” se convirtió en un ensombrecimiento, y hasta en una invasión, como señaló Fabiana Ríos, gobernadora de Entre Ríos.
“Kirchner debe dejar de invadir a Cristina. Aunque cuando alguien invade es porque hay otro que se deja invadir”, expresó la ex diputada por el ARI. Por su parte, Elisa Carrió, otra mujer que se mueve con soltura en la política, subestimó a la presidenta: “El poder real no está en la Casa Rosada, sino en Puerto Madero y Olivos. El poder real es de Néstor Kirchner”.
En este sentido, el politólogo Sergio Beresztein expresó a la revista Noticias: “Kirchner aumentó su protagonismo porque se ve como un piloto de tormentas, con un país tensionado y con inflación. Cristina es para otro escenario, más calmo. A ella no la desgasta el rol de él, sino la realidad”.
Mejor que se hable de doble comando y no de vacío de poder
¿Qué es lo que teme Néstor Kirchner? ¿Acaso cree que la presidenta es tan débil que no puede hacerse cargo de los problemas de su país?
La revista Noticias escribió esta anécdota de un funcionario K:
“Hace dos semanas, un funcionario se animó a plantearle el dilema a Kirchner en la Quinta de Olivos. “Che, dejala gobernar”, le dijo como en broma, pero el ex presidente no se rió. “Néstor dice que él sale al ruedo cuando hay necesidad de mostrar fortaleza”, cuenta la fuente. “Lo hizo al principio del gobierno de Cristina por el tema de la valija de Antonini, que fue un cachetazo. Y ahora salió de nuevo por los cacerolazos y el paro del campo. Está convencido de que si no lo hace es peor. Y cree que es mejor que hablen de doble comando, y no de vacío de poder”.
El ensañamiento de Kirchner
El ideólogo material de elevar las retenciones a la soja y el girasol –los indicó Noticias en su número 1636- fue Alberto Fernández, al ser consultado por Néstor Kirchner para recaudar más en la “caja”. Pero como esta iniciativa no dio buenos resultados, en seguida, Kirchner se le puso en contra, responsabilizándolo de los hechos desatados.
Extracto del artículo de la revista Noticias:
“Vos tenés la culpa de todo esto’, lo cachetea el ex presidente al jefe de Gabinete, aunque Cristina lo siga mimando y lo considere su principal sostén. Y, por primera vez, Alberto le responde en el mismo tono”.
Y continúa: “En lo que no se ponen de acuerdo es en qué hacer con Alberto Fernández. Cristina siempre lo defendió ante los retos del ex presidente, que centra en él todas las responsabilidades por la debacle kirchnerista de los últimos meses. (...) El patagónico también lo culpa por el salvaje divorcio del Gobierno con el multimedios Clarín: cree que Alberto mostró ineptitud para controlar los contenidos periodísticos del grupo, como si Clarín pudiera ocultar que hubo un paro agrario o un cacerolazo”.
“Así como quiere humillar al campo, Kirchner también está obsesionado con poner de rodillas al multimedios”, indica la nota. La semana pasada, la ciudad amaneció empapelada con unos afiches de JP Evita que decían: “Todo Negocio” y “ Todo Negativo”, en alusión al logo de TN.
Kirchner, que le extendió por 10 años más la licencia de TV al Grupo Noble (de Ernestina Herrera de Noble), hoy se siente traicionado por cómo el medio cubrió el estallido. A ellos también esperará verlos “de rodillas”.
Por Flavia Salon - Agrositio.com