El llamado realizado durante la última asamblea conjunta del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional a adoptar "urgentes medidas" para enfrentar la "crisis alimentaria" que amenaza la estabilidad política y el crecimiento de las naciones ubica en primer plano de la inquietud internacional a uno de los problemas mas acuciantes que actualmente atentan contra el desarrollo de la economía mundial.
Sin embargo, la denuncia de los organismos internacionales no es novedosa. Confirma un pronóstico varias veces anticipado por los analistas que en los últimos años advirtieron sobre el riesgo que implicaba el crecimiento de la demanda mundial de alimentos sin un correlativo aumento de la oferta que alteraría los mercados, desataría procesos inflacionarios y afectaría la gobernabilidad de los estados. La noticia tampoco fue sorprendente para los representantes argentinos, del sector público y privado. Lamentablemente, las advertencias no provocaron el efecto deseado en el país.
Por su condición de productor de alimentos e integrante del Mercosur que es uno de los principales bloques proveedores de proteínas para el sustento de la humanidad, Argentina tiene un importante papel que cumplir y una responsabilidad indelegable que asumir.
En la medida de sus posibilidades, hace tiempo que sus socios y vecinos encararon la situación y adoptaron sus decisiones. En la última década, Brasil con una clara visión estratégica se consolidó como el primer exportador mundial de carnes bovinas, —sin descuidar su participación en el comercio de internacional de aves y porcinos ni desalentar el incremento de sus despachos de oleaginosas, cereales y otros granos—.
Fiel a su estrategia, ha comprado industrias procesadoras en Argentina, Estados Unidos, Australia, Uruguay, y al mismo tiempo ha invertido en importantes empresas de distribución en Italia y en Alemania. Se ha convertido hoy en el primer exportador mundial y se encamina a manejar el comercio mundial de carnes bovinas.
Por su parte Uruguay duplicó en los últimos años su producción de carne vacuna que pasó de 329.862 toneladas en 1988 a 620.575 en 2008 lo que le permitió cuadriplicar las exportaciones del producto que en el mismo período treparon de 104.476 a 420.000 toneladas. El proceso obligó a sacrificar el consumo interno que luego de una acentuada caída comenzó a mostrar una firme recomposición y actualmente se ubica en los 44,3 kilogramos, por habitante año. La comparación de la situación argentina con los vecinos inmediatos es por demás ilustrativa. Por lo general se tiende a cotejar con los países más desarrollados cuya capacidad les permite desenvolvimientos ajenos a nuestro alcance. No obstante, al margen de los modelos adoptados y de los resultados obtenidos en cada caso, es claro que los cambios apuntados en la producción de los socios del Mercosur son la consecuencia de programaciones sostenidas en el tiempo.
Lo cual indica que a pesar de las falencias económicas y limitaciones estructurales es posible prever el futuro y proyectar el crecimiento.
Decir que el panorama económico mundial brinda a la Argentina una oportunidad extraordinaria para desarrollar su producción agroalimentaria es una obviedad. Destacar que si a comienzos del siglo pasado fue el "granero del mundo" pone en evidencia que ahora puede descollar como "góndola" del consumo mundial de alimentos. Tal vez corresponda señalar que cuando los centros internacionales dan voces de alarma es porque el incendio ya estalló; que jugamos un tiempo de descuento frente a la crisis alimentaria mundial y que si no reaccionamos de manera inmediata terminaremos en el bando de los fracasados a pesar de reunir todas las condiciones para triunfar.
Es verdad que justamente ahora las cadenas agroalimentarias argentinas atraviesan un grave conflicto de difícil solución, con líneas políticas cruzadas e intereses económicos contrapuestos. Pero también es cierto que es el tiempo de reaccionar y, a pesar de todas las diferencias y oposiciones, ha llegado el momento de una planificación a 10 años que ponga en evidencia la visión estratégica de crecimiento sostenido. Ha llegado el momento de buscar la salida más conveniente para la Argentina y sus habitantes, productores, industriales, trabajadores y gobernantes, porque como solía decir un viejo general "a este país lo arreglamos entre todos o no lo salva nadie".