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Esto posiciona a la Argentina como uno de los países líderes en la venta de productos agroindustriales. Y en un país donde la mitad de las exportaciones provienen del sector agrícola, los mercados de granos cumplen un papel fundamental en el descubrimiento de precios y la cobertura.

La negociación de millones de toneladas de granos al año se realiza de manera simple y de acuerdo a los usos y costumbres de un mercado en donde la confianza entre las partes es lo primordial. El proceso de descubrimiento de los precios es desarrollado básicamente por los agentes bursátiles (corredores de cereales) mediante la tarea profesional de acercar las posturas de la oferta y la demanda al precio de concertación. A este mercado de disponible acuden oferentes y demandantes y por el libre accionar entre ellos se determinan los precios de los productos locales tomando como base las referencias internacionales.

El proceso de descubrimiento de precios con la implementación de la resolución 125/2008, publicada el día 12 de Marzo en el Boletín Oficial 31364, se enturbia perdiendo transparencia la posibilidad de determinación de la capacidad teórica de pago de los compradores. Con ello se pierden armas necesarias para un adecuado asesoramiento a los oferentes y demandantes para la toma de decisiones en cuanto a oportunidades de compras o ventas.

La previsibilidad que se pretende dar al sector productor mediante las nuevas medidas vigentes, se convierte en una falacia ya que produce un efecto devastador para los mercados agrícolas destruyendo su operatoria, al quitar a los actores la posibilidad de protegerse libremente ante cambios adversos de precios.

Distorsiona el sistema de fijación de precios de contado inmediato puesto que una vez levantada la cosecha, se tiene poco que ganar y mucho que perder por conservar la mercadería, riesgo que el productor solo puede asumir si retiene y almacena su producción. Ante un escenario internacional en que los precios suben y bajan con altísima volatilidad, al no ser trasladadas las subas al mercado doméstico producto de las nuevas disposiciones, se decidirá a vender en cosecha buscando mejores opciones de inversión desacoplándose de su moneda de cambio habitual.

A medida que este razonamiento se vaya generalizando, la presión vendedora será tan fuerte que los precios internos se deprimirán más allá de la capacidad de pago de los compradores. Es decir, los precios percibidos no sólo van a bajar como consecuencia del incremento del porcentaje de las retenciones sino porque no hay posibilidad logística, industrial, comercial ni económico-financiera para que se comercialice toda la cosecha en tan corto tiempo.

Antes de la aplicación del nuevo esquema de retenciones móviles los compradores competían entre sí para adquirir la mercadería ofertada por los acopios, cooperativas y productores. Estos últimos tenían la posibilidad de guardar su cosecha, no vender y quitar presión a la oferta defendiendo el precio hasta el comienzo del nuevo ciclo productivo, lo que con el nuevo esquema se pierde. Además, la introducción de incentivos diferenciales provocará una maraña de regulaciones y controles que difícilmente puedan ser auditados generando seguramente accesos indebidos a esas compensaciones. En una palabra, se desviste un santo para vestir a otro afectando la dinámica que el negocio granario requiere.

Los Mercados a Término y los Mercados Disponibles donde también se negocian contratos diferidos (forwards) creados hace más de 100 años para solucionar la acuciante situación en la que se encontraban los productores, que debían deshacerse del grano en la época de la cosecha, ya no podrán seguir funcionando eficientemente por la implementación virtual de precios máximos.

El actual sistema de retenciones móviles aplicado por el Gobierno Nacional lesiona el principio básico de las operaciones de futuros y diferidas, al eliminar el libre juego de la oferta y la demanda, fijando un precio máximo a los productos negociados en los mismos.

Las señales de precios que los mercados proveen, sirven de impulso a las inversiones, que al poder asegurar una rentabilidad mínima fluyen fuertemente en el sector granario. La ausencia de mercados redundará en la disminución de las inversiones en el campo, con la consiguiente baja de productividad y pérdida de ingresos fiscales.

Como ya se dijo más arriba, frente a la innegable necesidad de contar con precios genuinos y competitivos y, peor aún, la ausencia de la función moderadora del flujo de la oferta en el tiempo, que cumplen los mercados, inducirá al productor a vender la totalidad de su cosecha al momento de la recolección, ocasionando un colapso tanto en los precios como en la logística agroindustrial.

Por otro lado, ante la imposición de un techo al precio de las ventas al exterior, los compradores se verán desincentivados a operar en los mercados de futuros, ya que se conoce de antemano hasta cuanto puede subir el precio de una determinada commodity, perdiéndose una de las patas genuinas de la operatoria en derivados.

Los mercados de futuros argentinos habían logrado convertirse en líderes mundiales en la formación de precios agrícolas en Sudamérica. Este liderazgo se perderá a favor de otros mercados internacionales. No se aumentaron solamente las retenciones. Se eliminó la libre posibilidad de negociar los bienes producidos, afectando a una cadena que lleva más de 100 años de desarrollo.

Fuente:

Dirección de Informaciones y Estudios Económicos- Bolsa de Comercio de Rosario.
Centro de Corredores de Cereales de Rosario.