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Ochocientos millones de pesos es la diferencia que se desprende del resultado fiscal de la medida que provocó la crisis más seria desde que el kirchnerismo está en el poder, y el saldo que queda después de haber complementado el aumento de las retenciones con los reintegros anunciados el lunes pasado, según indicó la revista Veintitrés.

En una nota de Marcelo Zlotogwiazda, se explica que ese monto fue el costo estimado de “neutralizar el impacto de las retenciones para el 80% de los productores más pequeños de soja, que era la esencia de la objeción casi unánime que se le hizo al esquema de retenciones móviles anunciado el 11 de marzo”.

Esta cifra representa menos del 10% del costo total del tren bala –cuyas obras se financiarán con un nuevo endeudamiento externo por US$ 3.900 millones- y es semejante a cuatro días de recaudación del IVA. Y de esto, surge automáticamente una pregunta: ¿Es justificable tanto ensañamiento del Gobierno por una cifra, macroeconómicamente hablando, no demasiado importante? ¿El costo político y de desgaste institucional no le costará más caro que la pérdida de este dinero?

Inevitablemente, el periodista Zlotogwiazda reflexiona que si el ministro de Economía, Martín Lousteau hubiese anunciado el paquete en su conjunto hace 20 días, “seguramente habría habido protestas (como cada vez que se le quita algo a alguien) pero jamás un conflicto de gravedad del que se vivió”.

“Además de las pérdidas materiales, de ciertos quiebres en la convivencia social, y de otros costos difíciles de medir, por ahora, las tres semanas de convulsión dejaron al desnudo un Estado con gravísimas deficiencias para administrar situaciones donde lo que hay que aplicar no es brocha gorda sino pincel fino”, opina el autor del artículo.

Zlotogwiazda concluye que “los errores políticos y la improvisación técnica provocan daños directos e inmediatos. Pero, tal vez más grave que eso, desacreditan instrumentos, instituciones y políticas de importancia clave”. Y continúa: “El desprestigio del Indec y la pérdida de credibilidad en los acuerdos y controles de precios eran dos antecedentes a tener en cuenta. La tercera no fue la vencida. Se cumplió aquello de que no hay dos sin tres”.