Los líderes de las cuatro entidades que convocaron al paro agropecuario siguieron el anuncio del Gobierno en la sede de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), junto a sus segundas líneas. A las seis en punto ya estaban sentados en el pequeño auditorio de esa entidad. Allí esperaron unos 40 minutos hasta que comenzó el acto en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Papel y lapicera en mano, dispuestos a tomar nota, siguieron atentamente los discursos del ministro de Economía, Martín Lousteau, y de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Mario Llambías, de CRA; Eduardo Buzzi, de Federación Agraria; Luciano Miguens, de Sociedad Rural, y Fernando Gioino, de Coninagro, sabían que era muy improbable que el Gobierno anunciara sorpresivamente la suspensión de la resolución que instauró un sistema de retenciones móviles y crecientes a los granos. Pero esperaban más del anuncio de ayer. Y por eso, ratificaron el paro agropecuario hasta mañana al mediodía, tal como fue previsto el sábado pasado. La continuidad o no del cese de comercialización a partir de entonces dependerá de lo que decidan "las bases" en los 400 cortes y asambleas que siguen en pie en todo el país.

Los ruralistas también pidieron a los productores que se encuentran en las rutas que liberen el tránsito al transporte de leche y demás productos perecederos -como verduras, frutas y hortalizas- y se concentren en impedir la circulación granos y hacienda. De hecho, las entidades no descartan que -si el diálogo no se retoma- la protesta siga centrada solamente en los granos, con bloqueos a los puertos para afectar la recaudación por retenciones a la exportación.

Inmediatamente después de que la Presidenta terminó su discurso, el primer ruralista en responderle fue Buzzi, líder de la Federación Agraria. "A simple vista, da la impresión de que no modifica en esencia el motivo que llevó a este conflicto, aunque debemos reconocer que mejora el diagnóstico y se está a tiempo de descomprimir la situación suspendiendo la medida", fue lo primero que dijo el dirigente, a cuyos representados -decenas de miles de pequeños y medianos productores- parecen estar dirigidas las medidas esbozadas por Lousteau.

"El Gobierno no entiende cuál es la raíz del problema, se toma esto como una reacción del productor sojero, cuando la gente que está en la ruta cuestiona políticas ganaderas, lecheras y para el trigo", afirmó Llambías, presidente de CRA. Su par de la Sociedad Rural, Luciano Miguens, agregó: "El empleo que genera la soja no son sólo los dos hombres que están en el campo, también está el trabajo generado por la investigación en la semilla, la maquinaria agrícola de altísima precisión, los servicios, el transporte e incluso la industria, porque la soja se transforma en aceite y biodiésel".

"Generalidades"

"Las medidas son generalidades sin precisiones. Y la Subsecretaría de Desarrollo Rural que mencionan como una concesión se había anunciado el 22 de octubre de 2007 en Parque Norte; tardaron seis meses en instrumentarla y todavía no se sabe bien su configuración", agregó Buzzi, que pidió "racionalidad y firmeza" a los manifestantes.

Cuando en uno de los primeros tramos de su discurso, Lousteau dijo que, con las fuertes retenciones a la soja, el Gobierno quiere "evitar la concentración de la tierra", a varios dirigentes de la Federación Agraria se les escaparon varios rezongos. También hubo risitas nerviosas cuando la Presidenta dio a entender que las retenciones al trigo no son móviles como las de la soja, cuando el sistema es similar para todos los cultivos.

El principal problema que el Gobierno tiene con el campo es de credibilidad. Los productores no le creen porque en el pasado ya escucharon hablar de reintegros, compensaciones, reapertura de las exportaciones y promoción ganadera. Pero lo que más molesta es el poco conocimiento que, a juicio de los ruralistas, tienen la Presidenta y su ministro sobre la economía agropecuaria. "Creo que está mal asesorada, se le informa mal. Por ejemplo, hay que aclararle que la única soja que resiste el glifosato [herbicida] es la que está genéticamente modificada", corrigió Llambías. Los ruralistas, que hasta anoche no habían logrado detalles de las medidas, quedaron con más dudas que certezas. Como la definición de pequeño productor que dio Lousteau: "Es aquel que produce 500 toneladas anuales de soja y girasol", cultivos cuyos ciclos se superponen. Además, el ministro no dio precisiones sobre los agricultores dedicados al trigo y la soja.

En medio del reclamo ruralista, los precios de estos dos últimos granos cayeron fuertemente ayer en la Bolsa de Chicago. El trigo cerró a US$ 341 la tonelada, y la soja, a US$ 439, con caídas del 6,5 y el 6%, respectivamente (ver Economía, Pág. 5).

Por José Crettaz
De la Redacción de LA NACION