La presidenta Cristina Kirchner empezó el día con la idea de tomar la iniciativa discursiva del Gobierno y “explicar” su versión sobre la crisis con el campo. Apenas terminó de hablar en público, todo cambió radicalmente. Las cacerolas comenzaron a escucharse en las puertas de la Casa Rosada (y en todo el país) y en minutos se lanzó la contraprotesta con las agrupaciones piqueteras oficialistas. Lejos quedó la intención de acotar el conflicto y aislar al campo.
A los despachos del primer piso de la Casa Rosada habían llegado ayer los informes que menos esperaba la Presidenta: el gran porcentaje de autoconvocados en el interior del país hacía incontrolable la protesta y su imagen bajaba en los sectores urbanos. De inmediato se ordenaron encuestas para medir la reacción.
Una armada silenciosa de militantes y funcionarios de tercera línea del Gobierno viajaron el fin de semana a Córdoba y a Rosario para monitorear de cerca el paro. El informe alertó a la Presidenta. "Son los trabajadores solos, que hasta se oponen a los dirigentes del agro", fue la primera advertencia de los hombres que trabajan en la Casa Rosada. La segunda, que el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, estaba jugando en su contra.
La preocupación en las entrañas del poder caló tan hondo que Cristina Kirchner buscó con su discurso de ayer "recuperar" la opinión pública, un espacio que la obsesiona, según confiaron a LA NACION altas fuentes oficiales.
El discurso presidencial que exacerbó los ánimos del campo anoche, se planificó, sin embargo, con detalle. Según confiaron altas fuentes, la idea madre no fue amenazar, sino sentar posición y recuperar el espacio en los medios. Pero los resultados fueron los contrarios, con el regreso de los tan temidos cacerolazos.
Quienes trabajan con la Presidenta reconocían anoche problemas en la comunicación. Y hasta se generó un debate interno sobre la falta de un llamado al diálogo por parte de Cristina Kirchner en su discurso.
La Presidenta había estudiado las encuestas, pidió informes y se aferró a la dialéctica para rebatir la protesta. "Fue un discurso sin histeria", repetían anoche sus defensores. Antes de las peleas en la Plaza de Mayo, los funcionarios alertaban que, a diferencia de lo que ocurría durante el mandato de Néstor Kirchner, no había habido "escraches" como aquel que encabezaron en la petrolera Shell los piqueteros oficialistas en 2004.
Pero la reacción posterior en la calle movilizó a las agrupaciones sociales, que marcharon para desactivar el reclamo espontáneo del agro.
Señal a D Elía
Los habituales operadores de la Casa Rosada caminaron pocos metros para monitorear la situación de cerca detrás de las vallas de la Pirámide de Mayo. Sólo a las 22, con la señal del Gobierno, las agrupaciones sociales kirchneristas conducidas por Luis D Elía y compañía alertaban que llegarían también allí.
Una hora antes, entró raudo en la Casa Rosada el ministro de Economía, Martín Lousteau, y se reunió de urgencia con la Presidenta, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Los voceros oficiales sólo informaron que se repasó la situación. Y ratificaron la medida que irritó al campo de subir las retenciones. Al cierre de esta edición los dos funcionarios, sin la Presidenta, estaban reunidos con el vicepresidente, Julio Cobos, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo.
Antes del cacerolazo, la opinión de Cristina Kirchner era inamovible: "No pueden ser voceros del Gobierno D Elía y [Hugo] Moyano". Por eso planeó hablar durante unos 20 minutos para desgranar su postura y "explicar" la situación, según argumentó un allegado a la Presidenta.
Anoche, el jefe de Gabinete consideró en declaraciones al canal C5N que era necesario "recuperar la cordura" ante la consulta sobre la contraprotesta oficialista. "El primero que rompe la cordura es el que llama a un paro por tiempo indeterminado. Después están los que aprovechan la oportunidad y los que reaccionan. Es bueno que todos recuperemos la cordura", pidió.
Por los pasillos de la Casa Rosada corrían funcionarios de un lado a otro. La policía rodeó la salida de la explanada de la calle Rivadavia como nunca antes en la era kirchnerista para garantizar la salida de la Presidenta. Desde las 21, se apostó la seguridad presidencial en un operativo especial.
En el final de una jornada de suma tensión, la Presidenta decidió no viajar en helicóptero y se fue a la quinta de Olivos en auto.
La Picasa
En un tramo de su discurso, la presidenta Cristina Kirchner se refirió a las obras realizadas por el gobierno kirchnerista en la laguna La Picasa. "Es una laguna ubicada en la provincia de Santa Fe, en una zona limítrofe con la provincia de Entre Ríos", señaló. En realidad, La Picasa se encuentra en el sur de Santa Fe, en el límite con el norte de la provincia de Buenos Aires. Al este de Santa Fe está el río Paraná.