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Un trabajo de los especialistas Gustavo Scarpetta y Facundo Simes analiza la presencia de China como “principal locomotora del gran crecimiento de América Latina debido a que absorbe una enorme cantidad de las materias primas que se elaboran y es el motivo esencial del fuerte aumento de las cotizaciones del petróleo, acero, cobre y soja”.
Y ahora, el país asiático ha impuesto desde este año fuertes retenciones a exportaciones agrícolas, debido a las presiones inflacionarias y a la insuficiente oferta para la demanda interna.
“Esta situación ha generado una bonanza en nuestra región, pero trae aparejado una importante inflación a nivel mundial. En México reclaman por el alto costo del maíz, base de su alimentación, en Italia intentaron huelgas de consumo de pastas por el costo del trigo, también importante alimento en la península, y en nuestro país, algunos alimentos subieron excesivamente al ritmo del aumento en el resto del mundo”, indica el informe redactado por los especialistas en Comercio Internacional.
Consecuentemente, indican que, ahora, China que había permanecido
inicialmente alejada del problema, se ha visto sacudida como un efecto bumerang
por un aumento de la inflación en su país, causado en parte por su enorme
crecimiento.
Retenciones chinas
(La Mañana de Córdoba)
El aumento de precios internos de alimentos suponen una inflación del 6,9 por ciento, la cifra más alta en los últimos 11 (once) años. La inflación que el gobierno esperaba mantener por debajo del cuatro por ciento para el año 2007, se sitúa en la actualidad como una de las principales preocupaciones para las autoridades, a los efectos de contener la inflación principalmente del sector alimenticio y velando por el correcto abastecimiento del mercado interno, es que las autoridades chinas han impuesto a partir del 2008, fuertes retenciones a las exportaciones y tampoco se descarta la aplicación de cuotas a través de políticas de permisos.
Los exportadores de commodities agrícolas que operan en China, deberán pagar entre el 20 por ciento y 25 por ciento en concepto de retenciones o de derechos de exportación para exportar trigo y sus derivados, toda vez que para realizar envíos de maíz, arroz y sus derivados, las alícuotas se ubicarían entre el cinco por ciento y diez por ciento respectivamente.
De esta forma el gigante asiático admite que su producción de cereales no alcanza para satisfacer la demanda interna la que se incrementa en forma sostenida, si se suma las desfavorables condiciones climáticas de los principales países productores y la creciente utilización de cereales para producir combustibles, factores que han incidido los precios en todo el planeta.
Tanto la soja como el trigo han visto incrementados sus precios a valores históricos, por su parte el precio del maíz se incrementó arrastrado también por la fuerte demanda de la industria para la producción de etanol.
China ha exportado 4,87 millones de toneladas de maíz y 400.000 toneladas de
soja, durante el 2007 cifras que suponen importantes crecimientos para las
exportaciones del sector agrícola, también se han visto notablemente
incrementadas las de arroz y de trigo.
Nada nuevo bajo el sol
(La Mañana de Córdoba)
Los derechos de exportación no son muy usados en el mundo actual. La Enciclopedia Británica en su definición de “Derechos de exportación” (exports duties) indica que se usa para gravar solo ciertos minerales y productos agrícolas.
Los impuestos a la exportación eran comunes en el pasado, y eran elementos significativos de las políticas comerciales del mercantilismo.
Los derechos de exportación primero fueron introducidos en Inglaterra por un estatuto de 1275 que los impuso fundamentalmente a las lanas.
A mitad del siglo XVII, la lista de materias con “retenciones” a los productos exportados había aumentado para incluir más de 200 artículos.
Con el crecimiento del libre cambio en el siglo diecinueve, los derechos de exportación llegaron a ser menos atractivos; fueron suprimidos en Inglaterra en 1842, en Francia en 1857, y en Prusia en 1865.
Ya en el siglo 20, algunos países impusieron derechos de exportación: por ejemplo, España los impuso en coque y textiles; Bolivia y Malasia en estaño; Italia en objetos del arte; y Rumania en los productos de bosque.
El renacimiento del mercantilismo en los años 20 y los años 30 trajeron una reaparición limitada de estas medidas. En los Estados Unidos, fueron prohibidos por la Constitución, principalmente debido a la presión del sur, que no deseaba trabas a su libertad para exportar.
Son impuestos generalmente usados por los países exportadores de materias primas y no por quienes producen bienes industrializados avanzados.
Los tipos de cambios diferenciados se utilizan a veces para extraer ganancias de sectores de la exportación. Las exportaciones comúnmente gravadas incluyen el café, el caucho, el aceite de palma, y varios productos minerales.
Y más aún si el recurso o el bien a exportar no dispone dentro de su economía
doméstica, de un sustituto inmediato en la canasta básica, por ejemplo un
alimento como la leche.
Para qué se usan
(La Mañana de Córdoba)
Los derechos de exportación pueden actuar como forma de protección a las industrias domésticas. Como ejemplos, los impuestos en exportaciones noruegas y suecas de los productos de bosque fueron impuestos principalmente para motivar la elaboración de muebles y la carpintería en general, así como la fabricación de papel en el país.
Es importante destacar que durante el año 2007 y en un contexto histórico,
han crecido prácticamente todas las economías del planeta.
Según informes del CEPAL, América latina ha crecido a tasa del 5,6 por ciento
-para el mismo período- y los más importante es que lleva cinco años
consecutivos de expansión, lo que incrementa la demanda agregada en cada
economía doméstica, llevando a suponer o imaginar, que los gobiernos de los
países productores de commodities (alimentos, minerales, recursos naturales no
renovables minerales, petróleo, etc.) podrían utilizar esta herramienta cada vez
más a los efectos de que la oferta doméstica satisfaga la demanda y de esta
forma no sobrepasar las tasas de inflación proyectadas.
En el contexto citado, donde las compras crecen a un ritmo mayor que la producción -debido a China e India- y con alto crecimiento mundial, la inflación global ha llegado para quedarse por un buen tiempo, y los países deberán buscar las herramientas para disminuir este flagelo.