El miércoles pasado, el Gobierno dispuso el cierre temporario del registro de exportaciones de trigo, por un plazo de cinco días hábiles, para garantizar el abastecimiento del mercado interno y “realizar una evaluación de las posibles pérdidas en la productividad del cultivo, como consecuencia de las heladas tardías”, registradas hace 15 días, en la provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires.
Sin embargo, desde los distintos medios de comunicación se sostiene que difícilmente se puedan estipular los daños por estos días, puesto que no se registraron heladas de estas características desde hace alrededor de 90 años, y no hay hechos recientes que puedan servir de parámetro. Por lo que habría que esperar a que comience la cosecha, la próxima semana.
“No se entiende esta postura del Gobierno en un producto donde no hay problemas de abastecimiento y, muy por el contrario, los exportadores tienen una cómoda posición comprada de tres millones de toneladas que no pueden vender al exterior”, expresó Pablo Adreani, en la Voz del Interior, en su artículo “Más incertidumbre para el trigo local”.
Muchos productores sostienen que la medida no se justifica, porque en sus zonas –aseguran- habrá suficiente trigo para abastecer a los habituales compradores y al mercado interno.
En dicha publicación, el periodista analiza que “el cierre de las
exportaciones de Argentina va a provocar un efecto de mayor demanda sobre otros
países exportadores, en un año donde nuevamente la demanda mundial supera a la
oferta”.
Conjeturas sobre las pérdidas
Como anticipábamos, todavía no hay una evaluación de los perjuicios registrados por las heladas tardías del último mes. Pero, ya hay muchos que se arriman a apostar que las pérdidas a nivel nacional podrían alcanzar las tres millones de toneladas. Un número un tanto exagerado para algunos; y muy verosímil, para otros.
Por otra parte, se informó que durante las dos semanas en las que la exportación permaneció abierta se registraron siete millones de toneladas de trigo.
De todas formas, hay que destacar que es muy factible que los significativos rindes que se están registrando en las zonas no castigadas por las bajas temperaturas, puedan equilibrar las pérdidas ocasionadas por la helada. De esta forma, el total de la producción no se vería tan afectado.
Varios de los productores de las zonas más afectadas analizan realizar una
asamblea regional para este jueves, y dialogar sobre la crítica situación que se
vive por estos tiempos. De hecho, muchos agricultores se están planteando la
posibilidad de reemplazar el trigo por la soja. Y esto, también, genera sus
dudas.
Por falta de reglas constantes, las relaciones comerciales no son confiables
En la publicación de esta mañana, el diario La Nación lanzó una nota que echaba luz sobre una realidad: los molinos de Brasil desconfiaban de la capacidad del país como proveedor de trigo, por la intervención del Gobierno nacional en el mercado.
José Honorio De Tofoli, integrante de la delegación de la Asociación Brasileña de Industriales del Trigo (Abitrigo), declaró para el medio: "El hecho de que los registros se abren y cierren no nos deja demasiadas seguridades respecto del abastecimiento, y nos lleva a procurar trigo de otras procedencias, pese a que tengamos que pagar un impuesto de importación cuando compramos fuera del Mercosur".
Los técnicos brasileños que visitaron el país destacaron que si la política argentina fuera de “reglas más constantes, sería más confiable”. Esto es vital para las relaciones comerciales de largo plazo.
Y en esta oportunidad, con el cierre de registro de exportación del trigo, el principal cliente perjudicado sería Brasil. El año pasado, el país vecino compró el 61 por ciento de las exportaciones totales de trigo.
Los idóneos en el tema especulan que para los próximos tres meses, no habrá problemas en abastecer la demanda de los molinos de Brasil, pero pasado ese plazo, sí podrían haber complicaciones. Y la incertidumbre yace en poder determinar cuándo se reabrirán los registros de las operaciones al exterior, y si esta modalidad se volverá una constante del próximo Gobierno.
No obstante, el daño parece estar concretado, y tiene que ver con que la
conducta de la política argentina es cada vez más contradictoria y paradójica.
En momentos en que el país tiene todo en pro de crecer, la nulidad de normas
claras, coherentes y constantes revierte esta situación tornando al país, frente
al mundo, irresponsable y poco confiable.
Un perfil de Nación poco favorable, en todo sentido.
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