SANTIAGO, Chile.– Se hacía más grave minuto a minuto: Botnia empezó a echar humo en Fray Bentos; Néstor Kirchner acusó al presidente uruguayo y le pidió perdón al rey de España por haberle encargado una mediación que fracasó; en Buenos Aires el embajador oriental fue citado para recibir una nota de protesta; Tabaré Vázquez comparó los cortes de puentes con el bloqueo a Cuba y, por teléfono, ordenó cerrar la frontera por temor a protestas violentas.

Los líderes de 20 países fueron testigos ayer, aquí, de las horas de mayor tensión diplomática entre la Argentina y Uruguay en los tres años que lleva abierto el conflicto por la instalación de una fábrica de celulosa en la zona fronteriza. El daño en el vínculo binacional puede tener consecuencias que van más allá de la discusión sobre si la pastera contaminará o no, advirtieron en los dos gobiernos.

La virtual ruptura del proceso de diálogo guiado por el rey Juan Carlos, sentenciada cuando anteayer Vázquez firmó en plena negociación el permiso para que Botnia empezara a fabricar celulosa, acaparó la atención de la Cumbre Iberoamericana desde que Kirchner tomó el micrófono en la primera sesión de debate. “Su majestad, realmente le quiero pedir disculpas porque fui uno de los que le pidieron que mediara en este problema que tenemos con la república hermana de Uruguay. Usted hizo un esfuerzo tremendo, pero apareció la incomprensión de algunos, o vaya a saber qué".

A Vázquez le tocó hablar pronto: "El bloqueo de puentes nos causa un daño enorme. En la región ya tenemos experiencia de lo que causan los bloqueos con el que sufre Cuba desde hace 40 años".

Después, sin testigos, Kirchner y Vázquez se cruzaron reproches en un pasillo del centro de convenciones enclavado entre los cerros del norte santiaguino donde se desarrolla la cumbre.

"La relación ha quedado muy dañada", dijo ayer el jefe de Gabinete argentino, Alberto Fernández. Fue incluso antes de que se conociera la noticia del cierre de la frontera entre Gualeguaychú y Fray Bentos, ordenado por Vázquez, junto con un refuerzo de la vigilancia aérea y fluvial.

El malestar era enorme ayer en la comitiva argentina, empezando por Kirchner. Había caído como una bomba la decisión de Vázquez de autorizar a Botnia en plena cumbre, sin avisar a la Argentina ni a España, cuando todavía existía una lánguida instancia de mediación abierta.

El Presidente dijo en su discurso que sentía "dolor". Sobre todo lo irritó que Vázquez lo hubiera abrazado la noche anterior delante de todos los presidentes y del rey, cuando -sin que él lo supiera- ya había firmado la resolución en favor de la pastera.

La comitiva uruguaya machacó con la idea de que el presidente oriental actuó así cuando se enteró que Kirchner había recibido apenas aterrizó en Chile un petitorio de un grupo de asambleístas entrerrianos que vinieron para protestar contra Botnia. "Siempre estaré con la causa", les había dicho.

Un funcionario que pasa el día pegado a Vázquez añadió: "Cuando vimos eso y nos contaron el resultado de la primera reunión con los españoles decidimos no esperar más".

El rey de España fue el primero en sorprenderse. Su delegado para "facilitar el diálogo", el embajador Juan Antonio Yáñez, se enteró que el proceso estaba acabado por medio una carta oficial uruguaya que le pasaron por debajo de la puerta de su habitación. La vio cuando ya medio mundo sabía la noticia.

Quedaba hecho trizas el intento de anunciar aquí una suerte de acuerdo para encapsular el conflicto de Botnia (con el litigio abierto en la Corte Internacional de La Haya), pero relanzar la relación bilateral en los demás aspectos comerciales y políticos.

En busca de explicaciones

Al amanecer, el rey empezó una sucesión de reuniones en busca de una explicación. Recibió a las 9 a Cristina Kirchner. A la presidenta electa había pedido verla para transmitirle su apoyo a la gestión que empezará el 10 de diciembre. Pero lo primero que les tocó hablar fue de la crisis papelera.

Un ministro argentino dijo que Juan Carlos I estaba "sorprendido y descolocado" por la actitud de Vázquez.

El canciller español, Miguel Angel Moratinos, diría un rato más tarde a la prensa: "Esperamos ver cuál es la explicación de Uruguay". Pasaron unos minutos y el rey se recluyó con Vázquez. "Le dije que consideré cerrado el compás de espera cuando el gobierno argentino apoyó a los que cortan las rutas", dijo el propio presidente en una rueda de prensa nocturna.

Tras las reuniones bilaterales con el rey, ocurrió el contrapunto público en la mesa de los presidentes. Kirchner encaró el tema en el segundo párrafo. Dijo: "Yo no quería traer el problema a esta cumbre. Les pido perdón a todos por igual porque no era el tema". También: "Nosotros, a pesar de la incomprensión de algunos, siempre vamos a creer en el diálogo". Y: "Nunca vamos a utilizar en la política corta de la coyuntura estos temas".

Dardos directos a Vázquez, pero envueltos en una disculpa al rey, que hace un año, en la anterior Cumbre Iberoamericana, se hizo cargo de una mediación que se reveló inviable.

Se acercaba el mediodía y a esa hora, en Buenos Aires, el embajador Francisco Bustillo recibía una nota en la Cancillería. Allí se expresó "la más enérgica y formal protesta" del Gobierno por la habilitación a Botnia.

De la chimenea de Botnia ya salía humo. El gobierno argentino anunció que empezará a monitorear el ambiente en la zona fronteriza para, eventualmente, aportar más pruebas en el juicio abierto en la Corte Internacional de La Haya.

Sólo de allí podrá salir una solución. Tal vez en mucho más de un año.

¿La relación puede quedar congelada hasta entonces? "Nosotros somos racionales, somos pacíficos y creemos que se deben buscar soluciones del siglo XXI, no del XVI". La frase pertenece a una altísima fuente de la delegación argentina. Sintetiza fielmente la idea que transmitirá Kirchner ahora que la crisis creció hasta lo imaginable.

Sonó también a una línea de discurso con la también sorprendente medida de cerrar el puente General San Martín que une Gualeguaychú con Fray Bentos.

Por Martín Rodríguez Yebra
Enviado especial