Hoy la baja rentabilidad del cultivo está disminuyendo su importancia, aunque hay algunas ideas para que pueda resurgir. El noreste argentino y el litoral son zonas con una amplia diversidad en lo que hace a la producción, existiendo cultivos tales como la yerba mate, té, algodón, mandioca y arroz, entre otros. Las nuevas tecnologías fueron produciendo una transformación en ese escenario, principalmente por el avance de la soja, que en algunas zonas apareció para quedarse y prácticamente hizo que los otros cultivos desaparezcan. Esta situación es posible observarla en la zona norte de la provincia de Entre Ríos, donde el arroz perdió terreno significativamente en los últimos años.
En este caso se sumaron otros factores determinantes, como fue la situación política y económica, tanto Argentina como la de nuestro principal comprador, Brasil.

La llegada de la soja en el año 2000 estuvo acompañada por la devaluación brasileña, que hizo bajar el precio del arroz desde 30 centavos de dólar por kilo hasta 8 centavos, mientras casi desaparecieron los compradores. La producción nacional de 1998/1999 había sido de 1,6 millones de toneladas y en 2000 fue de sólo 900.000. Este abrupto cambio de valor obligó a que solamente sea rentable hacerlo para quienes contaban con una represa para inundar los lotes y no así para los que empleaban agua de pozo, debido al importante gasto que representa el gasoil para operar las bombas de los mismos. Como una alternativa, algunos productores compraron un combustible más económico, llamado Glifo 10, aunque trajo muchos problemas en el funcionamiento de los motores.

El arroz desaparece hasta la devaluación

Durante el período que duró hasta la devaluación argentina (en 2002) el cultivo del arroz prácticamente desapareció, alcanzando en 2001/2002 una producción de sólo 700.000 toneladas, con una superficie sembrada a nivel nacional que había pasado de 300.000 hectáreas en 1999 a 125.000.

Afortunadamente, la variación del tipo de cambio argentino permitió tener mejores márgenes, llevando la producción hasta el millón de toneladas en 2005 y 1,17 millones en 2006. A esto se sumó en los últimos tiempos un aumento en el precio, llegando a los 0,45 dólares por kilo.
De acuerdo a los números facilitados por el ing. Orlando Williams del CREA Concordia, los márgenes a la fecha de siembra en septiembre de 2006, “con un precio normal del arroz y un precio de soja mucho más barato que el actual, calculando un rinde de 6500kg (el promedio nacional en 2006 fue de 7040kg), por administración en represa, dejaba 298 pesos por hectárea con un kilaje de indiferencia de 4000kg, quedaban unos 2000kg de ganancia. Haciendo arroz por pozo con un rinde igual daba 281 pesos por hectárea y el rendimiento de indiferencia eran 6000kg, porque se suma el costo el combustible”.

Sin embargo, la mayoría de los campos que hace arroz por represa no cuenta la amortización de la misma en los márgenes. Agregando la amortización, los márgenes no son tan diferentes entre las dos formas de hacer el riego. Sin embargo, las diferencias se notan en los precios de los arrendamientos, ya que una hectárea con pozo cuesta unos 800 kilos y una con represa 1500kg.

“Cuando se empezaron a hacer represas en Entre Ríos, en la época de oro del arroz, se hacían en campos donde no había agua subterránea, eran de muy bajo valor, con monte, en la zona de Feliciano y Conquistadores y al hacer una represa e instalarle un sistema de riego, el campo duplicaba su valor por hectárea; era un inversión que le daba un valor agregado al campo” explicó Jorge Reta, a cargo de la producción de arroz del Establecimiento “El Espinillo” del CREA Concordia, quien agregó que “cualquier represa para sembrar entre 250 y 350 hectáreas ya requiere, sólo para el movimiento de tierra de una inversión de 100 mil dólares y a eso hay que agregarle las estaciones de bombeo y los canales. Un pozo completo cuesta de 80.000 a 90.000 pesos y alcanza para unas 50 hectáreas. Yo hago arroz porque tengo un motor comprado, que todos los años arreglo, la bomba ya la tengo, tenía diez pozos en marcha y ahora tengo cuatro, entonces tengo repuestos de sobra. Si ahora tuviera que comprar una bomba nueva, que sale 20 mil pesos, hago 200 hectáreas de soja”.

La comercialización del arroz

Otro de los problemas que se suma es la comercialización, ya que se hace directo a los molinos, acopios o a empresas que compran para exportación. Al existir pocos compradores es difícil conseguir buenos precios.

La crisis del año 2000 obligó a hacer más eficiente tanto la producción como el personal. El arroz es un cultivo que en la zona juega un rol social muy importante, debido a que emplea mucha mano de obra. La crisis llevó a que muchos busquen otros empleos y quienes se mantuvieron en sus puestos debieron aumentar su productividad. Actualmente se necesita un empleado cada 50 hectáreas para manejar el riego.
No es fácil lograr un empleado que sepa regar, es un oficio que hay que conocer bien y es difícil conseguir personal capacitado, por esa razón no se puede terminar el riego de cada temporada y decirle que vuelva al año siguiente, porque ese empleado consigue otro trabajo, es necesario que se lo contrate permanentemente. Eso encarece la producción, aunque permite un importante desarrollo de la región.

Una de las ventajas que trajo la aparición de la soja en la zona, ampliando la superficie destinada a la agricultura, fue el gran aumento en la disponibilidad de maquinaria. Antes había que tener máquinas propias y hoy han proliferado los contratistas. Esta situación incluso ha permitido que se siembren otros cultivos como el maíz, el cual antes era imposible porque no había sembradoras para granos gruesos.

El cultivo del arroz

El manejo del arroz tiene una gran diferencia con respecto a otros cereales y es la necesidad de inundar el lote durante gran parte del ciclo. En la zona de Entre Ríos el arroz se hace luego de la soja en Siembra Directa, o sobre campo natural o pasturas en labranza convencional.
En el segundo caso, se rotula el suelo con una rastra pesada, con la que se hacen dos pasadas y se usa un rastrón nivelador, que muele el suelo y lo nivela, para que esté lo más parejo posible al momento del riego, seguido por una niveladora con cuchillas para el nivelado definitivo.
Seguidamente, con un nivel láser se confeccionan las curvas de nivel, las cuales dependiendo del declive del suelo, se hacen con diferencias de entre 3 a 10cm. Posteriormente se realizan las lomadas o taipas, con un taipero, similar a un doble disco, aunque todos los discos tiran la tierra hacia el centro. Las taipas contienen el agua en cada nivel para que no se escurra. Los movimientos de suelo comienzan a hacerse en febrero y marzo porque con la lluvia y calor posteriores se desmenuza más fácil y lleva menos UTA para separarlos. La fecha de siembra es a partir del 15 de septiembre hasta fines de noviembre, el mes ideal es octubre. Se aplica glifosato, cuya dosis depende del tipo de malezas que haya, variando entre 3 a 5 litros. Se siembra con una máquina de trigo en directa, aunque ésta tiene un volteo más amplio que permite pasar las taipas sin romperlas, las distancias entre surcos son de 17 o 21cm.

Se usan cantidades muy grandes de semillas, entre 170 y 200kg por hectárea, para lograr 300 plantas por metro cuadrado. Con 200kg de arroz se alcanzan entre 800 y 1000 semillas por metro cuadrado, logrando una eficiencia del 30%.
Después de que el arroz nace, se ve la emergencia de malezas, que ya son las específicas del cultivo, como capín, brachiaria y grama acuática, y se aplican herbicidas como Clomazone, Quinclorac y Profanil. Esta segunda aplicación se hace casi siempre con avión, debido a que las pulverizadoras terrestres dañan mucho al terreno si entran con el suelo húmedo. Se usan volúmenes altos, de 30 litros por hectárea o más, es una fumigación un poco más cara que las tradicionales, con un costo que está en unos 9 a 10 dólares la hectárea y el cóctel de herbicidas se encuentra entre 25 y 40 dólares por hectárea.
Desde siembra a emergencia existe una semana aproximadamente, dependiendo muchísimo de la temperatura. Octubre es el mes ideal para sembrar porque hay humedad y temperatura.

Inundación

Desde la emergencia se esperan dos o tres semanas para fumigar e inmediatamente después comienza el riego, porque los herbicidas son un 30% de contacto y un 70% sistémico, hay que incorporarlos con agua. Cada lote se trabaja rotativamente en parcelas de unas 50has con el agua. Al principio no se libera un gran nivel de agua, sino que se lo va regando de a poco, así esta inundado, drena un poco y se riega de nuevo. De esta forma disminuyen los problemas con los gusanos blancos de raíz.
Seguido al riego el manejo es similar a otros cultivos, con un buen stand de plantas se tiran 50 a 60kg de urea a la diferenciación, previa a la floración. Con la siembra, si la tierra tiene algún problema se tiran 50 y 60kg de PDA.
Si se perdieron muchas plantas porque se encharcó por algún motivo, o hubo mucho frío y no hay un stand de plantas suficientes (200 o menos), se fertiliza con urea antes de iniciar el primer riego para fomentar el macollaje; el arroz es una planta muy macolladora y si tiene espacio y hay fertilidad el rinde es casi el mismo.

Debido a que la capacidad para inundar el lote es de 4 a 6 hectáreas por día, el nitrógeno se tira con el lote ya inundado, a pesar de las pérdidas que se producen. La urea se echa con avión y vale entre 9 y 10 dólares la hectárea.
Después de que el arroz florece comienza el llenado de grano, lo cual es igual al trigo, empieza a volcarse a medida que la espiga se va llenando y la cáscara va pasando de verde a amarrillo. En ese momento se deja de regar y se cosecha unos 15 días después.

La trilla es exactamente igual que el trigo, aunque son máquinas con cubiertas especiales y doble tracción, adaptadas para andar en el barro.
El rinde en el norte de Entre Ríos es de alrededor de 8000 kilos. Los mejores años son los muy secos, porque se puede administrar el agua. Aunque no es bueno recortarla tanto, debido a que la mayoría de los pozos abastecen más hectáreas que aquellas para las que tienen capacidad.
En cuanto a humedad, lo ideal para cosecharlo es entre 20 y 25%. Cuando está con la humedad normal no puede estar almacenado más de un día porque se calienta y se mancha y baja el precio. La base seco es de 14%.

Problemas de malezas

Durante el cultivo, el problema de las malezas se ha vuelto más grave, debido a que son de hoja ancha. Originalmente no había inconvenientes y se usaba Metsulfurón con Dicamba o 2-4D, aunque con la aparición de la soja en esta zona desde hace unos 8 años, se ha complicado la situación, sobre todo porque las aplicaciones son con avión. Jorge Reta explicó que usa Clomazone, aunque se escapan algunas especies de malezas.

Variedades

La variedad que más creció últimamente es Cambá desarrollada por el INTA Concepción del Uruguay; aunque el caballito de batalla es Paso 144, una variedad uruguaya vieja. Además, en Entre Ríos existe el programa Proarroz, un consorcio de productores que destinan un porcentaje de las liquidaciones de sus ventas para un fondo que se usa en investigación, donde están creando algunas líneas IMI, resistentes a Imidazolinonas, porque el tema de la resistencia a glifosato en arroz es complicado. Esto se debe a que una de las principales malezas del cultivo son el arroz colorado y el negro, de la misma familia, y si se hiciera un arroz RR y se cruza con esas variedades, se crearía un grave problema.

Los arroces IMI son viables donde existe el arroz colorado o negro, debido al alto costo de la semilla. Estas malezas aparecen generalmente por descuido del productor en cuanto a la semilla que compra. Otro problema que hubo en Entre Ríos fue que las máquinas iban a Corrientes a trillar temprano y allá hay gran cantidad de arroz colorado, luego iban a Entre Ríos y dejaban semillas de esta maleza.
El problema del arroz colorado es que su maduración es más rápida y se cae cuando el arroz común aún está verde, de modo que se resiembra y es imposible sacarlo cosechándolo.

Un proyecto esperanzador

Los altos costos para extraer el agua de los pozos o para construir represas, son la principal limitante a la hora de hacer arroz. Esto parece tener poca solución en una zona donde no sobra el agua de las lluvias. Sin embargo, en Entre Ríos existe un programa, cuyo estudio preliminar está hecho, para usar agua del lago de Salto Grande, canalizada por los arroyos Gualeguaycito y Mandisoví. Ese abastecimiento de agua se llevaría a las represas que están hechas, las cuales actuarían como vasos, en donde no quedarían dependientes de la lluvia sino que estarían siempre llenos. De esta manera las represas no serían sólo para uso exclusivo de su dueño, sino para uso de la zona, porque un favor se cumpliría con el otro. Se terminaría el problema de la cantidad de agua, porque se usarían las represas como reservorio.

Según explica Reta, “el proyecto existe pero lo tiene la entidad que maneja la planta de Salto Grande, dicen que se va a hacer. Para el norte de Entre Ríos sería una obra que terminaría con todos los problemas de desocupación y gente mal ocupada, habría seguridad de producción ya que tendrían un sistema de riego seguro”.
En Entre Ríos en 2006 se sembraron entre 40.000 y 50.000 hectáreas, llegó a haber 130.000 y durante años fue la provincia con mayor producción de arroz. Se necesita una persona cada 50 hectáreas que maneje el riego, además del personal para el laboreo, gente especializada que maneje el nivel láser, y es personal que hay que conservar todo el año porque sino se van y no se pueden volver a conseguir. Esto hace que el cultivo del arroz sea una gran fuente de empleo para la región y tiene un enorme potencial si se logra hacerlo crecer. A su vez tiene un subproducto para la ganadería como el afrecho de arroz, importantísimo en cantidad y calidad, sobre todo para las granjas avícolas.
“El sistema social que se armaba con el arroz era espectacular, había muchos productores medianos y chicos, eran importantísimos, había un sistema de cooperativas arroceras que estaban asociadas entre sí, que exportaban y acopiaban más arroz que todos los demás. Eso no existe más, las cooperativas están fundidas o están en manos de alguien que se apropió. Ahora está todo en manos de unas pocas empresas que se quedaron con todo de los que estaban fundidos”; concluyó Reta.

Por Santiago Rivas – Agrositio.com