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El sorgo volvió para quedarse. Ese es el mensaje que se percibe cuando se ven los números de la producción de este cultivo, que es requerido por Europa, Japón, México y Chile. En lo que va del año, se han exportado más de 788 mil toneladas, con vistas a llegar a 1,1 millones. Y es tal la repercusión de este grano en el mercado que desde Maizar convocaron a distintos actores de los diversos eslabones de la cadena a una jornada en Pergamino, para evaluar las posibilidades que tiene el grano forrajero de recuperar posiciones.
Desde el organismo se informó que en el país “se produjeron en la última campaña 3,3 millones de toneladas sobre una superficie de alrededor de 600 mil hectáreas. Para el ciclo actual se estima que la superficie podría crecer por encima del 10 por ciento”. Y a nivel mundial la producción asciende a los 65 millones de toneladas, con productores como Estados Unidos (12 millones de Tn. y 2 millones destinadas a la producción de etanol), secundado por Nigeria, China, México, Sudán e India.
Durante el encuentro, Alberto Chessa, especialista de Nidera manifestó que “el gran desafío es afianzar el cultivo en el país como complemento del maíz, porque el productor local desconoce sus virtudes”. Y en cuanto a la calidad, la ingeniera Laura María Giorda, de INTA Manfredi, señaló que lo que afecta la calidad y el destino del sorgo es el genotipo: “En Argentina es común un grano intermedio porque varían mucho las utilidades. Sin embargo, en algunas regiones de EEUU se están buscando materiales con mayor tamaño de grano para mejorar su procesamiento”.
Mercados y clientes
Según Giorda, el sorgo granífero con o sin tanino condensado “propende a un esquema sustentable con rentabilidad porque tiene bajo costo, puede cosecharse dos veces y hasta usarse diferido. Además no es transgénico, tiene mucha variabilidad genética y se perfila como recurso para la agroindustria de los biocombustibles”.
La experta advierte que hay que tener cuidado con las viejas limitaciones que se atribuían al cultivo, porque “hoy hay mercados y necesidades muy heterogéneas y el sorgo puede generar beneficios a cada productor”.
Daniel Schiano y Daniel Cardona, representantes del sector de alimentos balanceados para la avicultura, coincidieron en que “la avicultura pide sorgo blanco porque es bajo en tanino condensado, pero es una generalización que evitó la implementación de muchas técnicas en mejoramiento del cultivo que están disponibles”.
Por su parte, Juan Carlos Batista, director de Calidad del Senasa, aseguró
que la gran expansión del sorgo irá de la mano de la industria avícola y porcina
y de la exportación. Con bajo contenido de tanino (menor a 0,2) el sorgo tiene
una ventaja sobre el maíz en precio. De hecho, la Unión Europea y Japón, con
valores por encima de 1,0 en la escala de medición, realizan importantes
descuentos en el valor del grano.
El sorgo en el campo
Las provincias que hoy lo cultivan son Santa Fe, Santiago del Estero, Córdoba, San Luis, Chaco, Entre Ríos, Buenos Aires, y La Pampa en menor proporción.
Horacio Agüero, productor en las provincias de Santiago del Estero y Chaco y miembro de AAPRESID afirmó que “el sorgo pasó de ser un commodity a un especiality”, y que la realidad es que el contenido de tanino condiciona el precio, al igual que su condición de transgénico o no transgénico. Con respecto a la dualidad con o sin tanino, este productor afirmó que “la estrategia está en aprender a explotar las virtudes de cada material”.
“El futuro del cultivo está en el norte, con inviernos secos y cortos, veranos largos y lluvias concentradas, lo que da la posibilidad de un doble cultivo estival con producción de rastrojo para cobertura”, indicó.
Frente a las complicaciones de este cultivo destacó que el problema más serio no es agronómico o genético sino de manejo, por falta de cultura del cultivo, y porque ha sido un cultivo no rentable. “Hoy tiene buen precio y deja buen rastrojo, cosa que también requiere difusión, porque el rastrojo no se hace en el norte y es estratégico”, afirmó el productor.