El seminario profundizará con una variada temática. Jorge Adamoli (UBA) disertará sobre el ordenamiento de la tierra en el Noreste Argentino.

Como anticipo expresó que “mal puede hablarse sobre la defensa de los bosques nativos, sino se incluye la cuestión de fondo, que es el avance de la frontera agrícola. Actualmente es muy fuerte y es probable que se incremente en los próximos años; por tal motivo debe ser visto como una crisis. Considerando la etimología del vocablo, que para los griegos significaba “replantear la cuestión” o “puesta en marcha”, estamos frente a dos variables; peligro y oportunidad”, remarcó el especialista.

Proyecto de Ley

El Proyecto de Ley sobre “Presupuestos mínimos de protección ambiental para los bosques nativos”, que cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados de la Nación, es más conocido como la “Ley Bonasso” por el nombre de su autor, el diputado porteño Miguel Bonasso.
Es normativa, ha generado un revuelo en las provincias del Norte y en varias organizaciones de productores, básicamente por lo establecido en el artículo 25 donde se prohíben -por un año- nuevas autorizaciones de desmontes, hasta que las provincias tengan elaborados sus propios programas de Ordenamiento Territorial. Existe una larga historia de medidas espasmódicas sobre prohibiciones y vedas de desmontes; que -a pesar de sus buenas intenciones- han demostrado ser inocuas por la debilidad de los órganos de aplicación y de control, o inconducentes y fáciles de burlar, como es la avalancha de autorizaciones de desmontes que preventivamente ocurrieron en algunas provincias.

Para comprender el por qué de este proyecto, hay que tener presente el contexto de descontrol que rodea al fortísimo avance de la frontera agropecuaria, caracterizada por numerosos conflictos por la propiedad de las tierras, y riesgos ciertos de pérdida de ambientes únicos. La mayor superficie de desmontes se concentra en las dos porciones subhúmedas de la región chaqueña, es decir en el bosque de tres quebrachos existente en la frontera Chaco-Santiago del Estero-Santa Fe, y en el deslinde entre el Chaco y las Yungas, en la frontera de Santiago del Estero con Salta y Tucumán. Es común ver inmensas superficies totalmente desmontadas, en áreas en las que las autorizaciones de desmontes no pueden superar al 50 %.
A pesar de las falencias, un mérito mayor de la Ley Bonasso, ha sido instalar el tema de los presupuestos mínimos para el Ordenamiento Territorial. Según, Adámoli, este no debe ser concebido con una visión unilateral, ya que -por si misma- es una herramienta de superación de conflictos.

El especialista, considera que se requiere de un proceso participativo, con todos los actores legítimos (productores agrícolas, ganaderos, forestales, grandes, comunidades campesinas y aborígenes, entidades ambientalistas y de la producción), así como de otros sectores de la sociedad civil. “Si bien esto implica un proceso lento y complicado, asegura una legitimación social y seguridad jurídica mucho más amplia.

PELIGRO Y OPORTUNIDAD

En nuestro país, el Norte Argentino presenta como oportunidad una fuerte y simultánea demanda de granos, carnes y biocombustibles; que presionan cada día más por una expansión de las áreas cultivadas.
El peligro pasa porque este proceso siga sin control y termine provocando severos problemas ambientales, sociales y productivos, donde haya pocos ganadores y demasiados perdedores. Para muchos, la expectativa superadora pasa por un “Ordenamiento Territorial” consensuado por todos los actores sociales. Una ley cuyos objetivos sean las normas regulatorias para la expansión de las fronteras agrícolas y la protección de los bosques nativos.

Por eso, sería importante establecer condiciones previas a la autorización de futuros desmontes, tales como estimular la incorporación de altos niveles de productividad en las tierras ya habilitadas. El valor de la tierra cubierta por bosques se multiplica en torno de 10 veces al ser desmontada, lo que genera un fuerte incremento patrimonial. Hay muchos predios que fueron desmontados en tiempo récord, pero que tienen muy bajos rendimientos, debido a una mala incorporación de tecnología.

En cualquier congreso o jornada promovidos por el INTA, AAPRESID o AACREA, queda claro que existen tecnologías probadas para duplicar los rendimientos agrícolas y triplicar los ganaderos. Incluir esta condición de aumento de productividad previa a nuevos desmontes, sería un fuerte estímulo para la adopción de las innovaciones tecnológicas disponibles. Al mismo tiempo, debería establecerse un régimen de fuertes castigos a los transgresores. Estas dos medidas fortalecerían un camino para que las ventajas competitivas surjan de la incorporación de tecnologías de producción y de gestión.
“Lo ideal sería evitar que las ventajas competitivas sean producto de las actividades al margen de la ley (desmontes ilegales, trabajo en negro, evasión impositiva)”, remarcó Jorge Adámoli.

[El Ordenamiento Territorial debería ser un proceso de construcción y de actualización permanente. El surgimiento de nuevas tecnologías, los cambios del clima, la aplicación de incentivos institucionales y económicos, nuevas obras de infraestructura, pueden modificar las condiciones previas, lo que requerirá adaptar las normas. Esta articulación entre políticas de largo plazo con criterios de flexibilidad, es esencial para que el proceso se mantenga vivo, y para evitar que sea un esquema rígido, que pierda contacto con la realidad”].