Mantener bien fertilizadas a las pasturas es un aspecto fundamental si se quiere tener una buena producción de forraje para la ganadería, tanto para leche como para carne. Con una buena nutrición se puede lograr un significativo aumento en la producción de pasto y la persistencia, aunque es necesario saber las dosis necesarias y el momento de la aplicación de los distintos nutrientes para el cultivo.

La Ing. María Alejandra Marino del Grupo Producción y Utilización de Pasturas de la Unidad Integrada Balcarce de la Facultad de Ciencias Agrarias (UNMdP) y el INTA disertó en una jornada realizada por el CREA 9 de Julio sobre la demanda y oferta de nutrientes en sistemas pastoriles.

En diferentes épocas del año no hay pasto y esos huecos se pueden solucionar con suplementación, pero en sistemas de carne esto se complica por los costos. El alimento más barato es el pasto y para producir más pasto una de las herramientas es aprender a manejar los fertilizantes. Las preguntas son ¿con qué? ¿Cuándo? ¿Cuánto? Para cada caso habría tres respuestas diferentes.
“Básicamente lo que tenemos como combustible para que crezcan las pasturas es agua, radiación y temperatura” explicó Marino. Una pastura mal nutrida ofrece suelos desnudos y una baja eficiencia del aprovechamiento de los recursos ambientales, por deficiencias nutricionales.
Para tener alta o baja producción de forraje hay que tener en cuenta que el costo de la implantación ya se hizo, por lo que el objetivo es tratar de tener mucho forraje.

Ciclo de nutrientes en pasturas

El ciclo de los nutrientes en una pastura bajo pastoreo, excepto por el hecho de que tiene varias especies consociadas no difiere demasiado de lo que es un cultivo, la pastura toma nutrientes del suelo. Tenemos la particularidad de tener leguminosas, que afortunadamente fijan el nitrógeno atmosférico y tenemos pérdidas por distintas vías.

Hasta ahí es prácticamente igual a un cultivo. “El problema viene cuando tenemos estos animales encima, puede ser un problema o beneficio, porque los animales consumen el forraje, no todo, retienen muy poco de lo que comen y la mayor parte de los nutrientes consumidos los devuelven al medio en forma de gases, estiércol u orina. Esto es bueno, pero no en nuestro sistema, porque estas deposiciones están distribuidas en forma despareja” explicó. La eficiencia de retorno de estos nutrientes es bastante baja y no podemos contar con ellos al momento como una fuente útil a corto plazo. Otra parte que vuelve al suelo es el forraje no consumido y las raíces, lo cual es variable de acuerdo a la utilización del forraje. La suplementación aporta también nutrientes al sistema y lo que podemos aplicar efectivamente es la fertilización. Se puede administrar en la cantidad y momento que uno decide. ¿Cuánto es necesario? Ahora empezamos a jugar con este balance entre los aportes al sistema y las pérdidas, que va a depender de cada ecosistema.

Nutrientes distintos

El fósforo, el nitrógeno y el azufre son nutrientes distintos con dinámicas diferentes. El fósforo en el suelo esta asociado al material originario, una parte variable puede estar asociado a la materia orgánica, está fijado a las partículas del suelo, es relativamente estable y por eso aporta un efecto residual. El nitrógeno y algo similar pasa con el S que está asociado a la materia orgánica, disuelto en la solución del suelo, por lo tanto es dependiente de la cantidad de agua en el perfil. Si hay lluvias hay nitrógeno disponible, si hay sequía se afecta el crecimiento de las plantas por la falta de agua, pero también se afecta la captura de N que pueda haber. Además, según las condiciones climáticas es altamente inestable.

Tenemos que usar diversos nutrientes, no se puede hablar de que uno sea más importante, ya que hay una interacción que no se puede soslayar ya que todos son importantes, en distintas cantidades y diferentes momentos.
En una pastura de festuca, Marino analizó la cantidad de fósforo en planta más el fósforo disponible, “cuanto más le doy a la planta, hay más forraje acumulado”. Además, a medida que hay más fósforo en la planta, ésta consume más nitrógeno. Entonces, sin ese nitrógeno, no se verá crecimiento. Lo mismo pasa si abastecemos al cultivo con distintas dosis de nitrógeno, produce más forraje, aunque también consume mucho más fósforo. Si no abastecemos estas demandas, no esperemos ver las respuestas al agregado de un solo nutriente.

Demanda de fósforo

Para determinar la demanda de fósforo en una pastura de alfalfa, hay que medir la acumulación en la planta y la respuesta en kilos de forraje acumulado. Maximizando la producción, el consumo de fósforo es de 30kg/ha. A partir de este valor es donde se va a tener que decidir en qué forma se va a aplicar el fertilizante. En una pastura consociada con nitrógeno, tenemos exactamente la misma relación: 20 a 30kg de fósforo en planta aseguran una maximización de la producción de forraje. No siempre hay que maximizar la producción, tenemos que decidir cuánto forraje necesitamos, ya que eso no siempre significa el máximo.

“Analizando la distribución a través del tiempo de una pastura primavera- estivo- otoñal en base a trébol rojo con alguna gramínea que la acompañe, tenemos la evolución clásica. Mientras tenemos una festuca, que es una gramínea de producción más invernal, con fertilización puede adelantar la producción de forraje. En los campos no hay tanta festuca a la salida del invierno por limitantes nutricionales, pero potencialmente esta especie pueden tener el crecimiento de las otras” subrayó Marino.
“Afortunadamente la mayoría de nuestras pasturas está subnutrida, por eso lo que se ve está muy por debajo del potencial de producción. Podemos combinar especies o cultivares, sin embargo hay cosas que no podemos cambiar, cuando las temperaturas disminuyen a la salida del invierno, vamos a tener crecimiento vegetativo, producción de hojas y menos de materia seca, por eso hay menor eficiencia.” La planta, en lugar de utilizar los recursos para producir materia seca, como el ambiente le indica que se acerca el invierno, usa esos nutrientes como reserva para la primavera que viene. En primavera aumenta la demanda de nutrientes, que son empleados para producir biomasa aérea, forraje y por eso aumenta la eficiencia del uso de los nutrientes.

Eso es lo que demanda el cultivo, ahora hay que ver lo que hay en el suelo. A lo largo del año la disponibilidad de nitrógeno en el suelo tiene una curva en la que apenas aumenta, a la salida del invierno la mineralización es baja, por bajas temperaturas y hay poco nitrógeno disponible. Mientras tanto en verano, hay altas temperaturas y mineralización y mayor oferta de nitrógeno disponible. Esto puede variar por la cantidad de materia orgánica en el suelo, los años de agricultura, el manejo del suelo y el estado del mismo. A esto debemos acoplar la demanda de la pastura, que a la salida del invierno tiene una demanda que siempre supera a la oferta, de modo que habrá altas eficiencias al uso de fertilizante. En otoño en cambio, dependiendo del tipo de suelo, pueden tener menos materia orgánica, pero más temperatura. En esta estación las exigencias son variables, en primavera siempre las respuestas son altas.

Si vemos el efecto de la temperatura sobre el crecimiento de hojas, en este caso de rye grass, tenemos una curva de control sin fertilizante y dos ensayos con distintas dosis de nitrógeno de 100 y 150kg. “Deben tener hojas, con las plantas bien nutridas, al tener buena temperatura triplican la velocidad de crecimiento con respecto al control”, sintetizó Marino y agregó que “cuando hace frío no veo la respuesta al fertilizante, pero la planta lo está absorbiendo y la respuesta la voy a ver avanzada la primavera. Si no fertilizo ahí, cuando vea las deficiencias ya va a ser demasiado tarde, porque la planta empieza a absorber fertilizante con bajas temperaturas y con más calor aumentan las perdidas de nitrógeno.

Pasturas coasociadas y demanda

En términos productivos vemos una pastura consociada en la zona de Miramar en dos primaveras, viendo cómo es la respuesta clásica a la aplicación de nitrógeno en agosto. Se ven dos cosas, una es el incremento en ambos años de la producción de forraje y la otra es el impacto de la fertilización nitrogenada sobre las leguminosas y gramíneas. Si aplicamos nitrógeno favorecemos notablemente la producción de estas últimas. “Si no construimos adecuadamente ese crecimiento perdemos el trébol, por eso el manejo es importante. ¿Qué pasa si no aplicamos en agosto, esperamos a que suba un poco la temperatura y lo aplicamos en octubre. Ahí producimos la mitad que con la aplicación temprana. Por eso hay que aplicar el nitrógeno al principio del crecimiento.”

El trébol fija N atmosférico, por eso sin aplicación de este nutriente, vemos una cantidad impresionante de esta especie y a las gramíneas muertas, mientras que en los manchones de orina vemos la respuesta de la gramínea al N de la orina. La leguminosa le ofrece tarde el nitrógeno atmosférico a la gramínea, cuando se descompone o cuando disminuye su crecimiento y esto pasa avanzada la primavera o en verano. Además, la asociación simbiótica depende de la especie de leguminosa, la proporción de éstas en la mezcla y la cantidad de fósforo, del clima, etc. Entonces el nitrógeno que fijan las leguminosas puede ser tan variable como 5kg/ha/año hasta más de 400 y el nitrógeno que a las gramíneas también es altamente variable, puede ser desde menos del 10% hasta un 50%. El resto hay que ponérselo por otros medios.

Las dosis

La curva de producción de forraje aumenta a medida que se incrementa la dosis de nitrógeno hasta un punto en donde empieza a caer. Lo que no disminuye es este nutriente en la planta, al fijar dosis altas de nitrógeno vamos a tener no sólo alta respuesta en la producción de forraje sino alta concentración de éste nutriente en planta, lo cual es bueno hasta cierto punto.

En rye grass anual se aprecia cómo varía la tasa de crecimiento de un verdeo a la salida del invierno, con dosis variable de nitrógeno aplicado. Una pastura bien nutrida puede pastorearse 30 días antes a la salida del invierno que aquellas que no son fertilizadas. Sin embargo, tal vez no necesito que todas las pasturas produzcan en ese momento y puedo necesitar que otros potreros produzcan más tarde, por lo que para ellos no necesito dosis tan altas.
Pensando en este concepto hay que estudiar cómo varía la evolución de la concentración de nitrógeno en la planta. Al inicio del crecimiento hay alta concentración, la planta absorbe todo o buena parte de lo que le ofrezcamos y después lo diluye a medida que crece en los tejidos.

Primero medimos el punto crítico por encima del cual, si seguimos la concentración de nitrógeno, ya no se produce materia seca. “En ensayos en Tandil aplicamos 150kg de nitrógeno por año a las pasturas y no vemos la respuesta, lo que pasó fue que lo aplicamos de una vez y la pastura lo consume. En un manejo adecuado la defoliamos muy rápido, 2000kg de materia seca por hectárea en un pastoreo, consumimos ese forraje y nos lo llevamos, extraemos pasto con muy alto contenido de nitrógeno y dejamos poco para el rebrote. Entonces si queremos altas tasas de crecimiento y necesitamos grandes dosis de fertilización, hay que pensar en el fraccionamiento de las dosis.”

En Siembra Directa

En un suelo con 8% de materia orgánica, en Siembra Directa no hay respuesta al principio con respecto al testigo, debido a la menor temperatura en el suelo, recién vamos a verla en primavera. En cambio sí hay respuesta rápida en laboreo convencional.

“Hay que fertilizar pasturas densas, con buena cobertura y con poca acumulación de forraje. Luego, con mayor crecimiento hay que preocuparse más en cómo lo consumimos”, sostuvo Marino.
Debemos determinar cuánto forraje necesitamos para un período específico, antes de definir la dosis a aplicar, para alcanzar el balance nutricional. Esto lo fijamos de acuerdo a la cantidad de materia seca que necesitamos y los nutrientes que deberá tener la planta; además depende del tipo de pastura y el tipo de manejo; en base a eso definimos la dosis requerida.
Planteando la relación costos de insumos/ producción y la conveniencia de la fertilización en base a eso, Marino explicó que hay que verlo a largo plazo, ya que pasturas bien nutridas aumentan su persistencia; tener pasturas más homogéneas y con más cobertura pueden disminuir la necesidad de resiembra. Además, reducen la competencia de malezas y por ende de controles químicos, disminuyen la evaporación de agua del suelo y aumentan la eficiencia del uso del agua. “Esto es fundamental” explicó Marino, “pasturas bien nutridas usan mejor los recursos. Si fertilizo hay una mayor calidad de forraje y manteniendo una alta disponibilidad de forraje a lo largo del tiempo es un aporte de materia orgánica alto, mejora las características edáficas y favorece a los cultivos que siguen.”

Por Santiago Rivas – Agrositio.com – fuente AACREA