A lo largo de la gestión actual, comparativamente a países hermanos y vecinos, la Argentina casi no estuvo en el escenario mundial, ni tampoco recxibió a personalidades relevantes. Estos conceptos vertidos por el periodista Joaquín Morales Sol.a an esu columna de La Nación del domingo 30/09 son muy ilustrativos para enterder mejor y para analizar una gran oportunidad para cambiar en las próximas elecciones.

"Será, enfáticamente, la política exterior donde la senadora marcará la mayor diferencia con su esposo. No le será tan difícil separarse de una política que nunca existió en la cabeza presidencial. Cabe un dato como ejemplo: la última visita de Estado de un dignatario extranjero a la Argentina fue la de la reina de Holanda, hace un año y medio. La última visita de Estado de Kirchner fue a España, hace un año y tres meses. La verdad es casi siempre incómoda: Brasil recibió más de 120 visitas de Estado u oficiales de líderes extranjeros sólo durante 2006".

Porqué un Presidente debe estar e el mundo

Dice Morales Solá: "Por eso, resultan frívolas las críticas a los viajes al exterior de la senadora. Los presidentes, o los que se ofrecen como tales, son en este mundo como vendedores ambulantes de las cosas y los intereses de sus países. El perspicaz Lula ha viajado más que el cosmopolita Fernando Henrique Cardoso. Bachelet está tanto tiempo fuera de su país como lo estuvo Ricardo Lagos. Kirchner ejerce a veces de argentino: soberbio y autosuficiente, cree por lo general que al mundo le irá mal si no entiende a la Argentina".

"El énfasis es una cosa y el contenido es otra. Conocemos el énfasis de la senadora en la política exterior, pero desconocemos el contenido. ¿Será el mismo contenido de Néstor Kirchner? ¿Cuál es, en última instancia, ese contenido? Por ahora, el Presidente dice cosas en privado y las desmiente en público. Hace poco señaló en la intimidad que el gobierno debía mejorar la relación con Washington. El Club de París lo espolea".

La eterna pelea inútil con EE.UU.

"No obstante, acaba de enrostrarle a Bush que no ayudó a la Argentina en el momento de la crisis. Bush no ayudó a Fernando de la Rúa ni a Eduardo Duhalde, porque éstos fueron víctimas de la primera ola de economistas de la era Bush. Era la época en que Paul O Neill y Anne Krueger sostenían la teoría de que los países en bancarrota debían quebrar, simplemente. En los meses finales de Duhalde, Washington ayudó a un acuerdo, entonces crucial, con el Fondo Monetario. Lo hizo aun cuando debió votar por primera vez, y última, rompiendo el consenso habitual del G-7. Kirchner pudo flotar con esa tregua en medio del maremoto de la crisis. Bush ayudó a Kirchner".

Quizá Kirchner lo zamarreó al presidente norteamericano porque consideró que ya había hecho suficiente por él cuando acusó en la ONU a Irán de falta de colaboración con la investigación del atentado contra la AMIA. Pero ese problema no es de Washington, sino de Kirchner. ¿O los 86 muertos del criminal atentado no eran argentinos? Kirchner negocia con Bush como con Hugo Moyano: una caricia seguida de una distancia.

Los temas no defendidos correctamente en el exterior

Morales Solá analiza también los temas importantes que se podían haber defendido desde una óptica de "estadista" en lugar de escaparles: "En fin, cosas importantes que la senadora no suele mencionar. Pero tampoco menciona la inflación de los alimentos, sobre todo, que conmueve a los argentinos, ni la inseguridad que se cobró otra muerte inútil. El empresario Francisco White murió como consecuencia de un secuestro. El mismo día que apareció el cadáver de White, desvalijaron en Buenos Aires a Francis Ford Coppola, el director de cine más popular del mundo, que había decidido vivir en la Argentina buena parte del año. El crimen de White y el robo a Coppola fueron malas noticias argentinas que recorrieron el mundo y exaltaron a los argentinos. Los monólogos y las elusiones pierden sentido".

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