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Leopoldo Cid de Syngenta brindó un análisis de la competitividad del sector agropecuario, con el objetivo de tratar de determinar cuales son los aspectos que habría que mejorar para ser más competitivos.
Cid planteó si realmente somos un país competitivo, comparándonos con otros países o regiones exportadoras, para lo cual hay que ver esta realidad desde distintos contextos. El primero de ellos es el conocimiento de los mercados y a donde van, ya que este conocimiento es una ventaja comparativa. El segundo aspecto es la infraestructura disponible en el país, seguido por la eficiencia productiva, medida en los costos por cada región; y el marco regulatorio.

Conocer los mercados

En la actualidad es importante la diferenciación de los productos para ganar más valor, tipificando los productos que vendemos y viendo las posibilidades de diferenciación. Además hay que determinar a quien le vendemos, segmentando a los compradores, relevando sus necesidades y evaluando cuales son sus factores claves para la compra.
Un ejemplo de diferenciación que tomó Cid es el de Australia y la Australian Wheat Board, que monopoliza la producción de trigo del país para hacerla más competitiva, así pueden extraer la mayor cantidad posible de valor en el mercado de trigo.
Australia tiene una producción triguera limitada por las condiciones climáticas, con precipitaciones anuales de menos de 600mm. Sin embargo tiene 35.000 productores que hacen 25 millones de toneladas, de las cuales se exporta el 80%. De esta manera generan el 3% de la producción mundial y sin embargo alcanzan al 19% del mercado internacional del trigo, siguiendo a Estados Unidos en el ranking de los mayores exportadores. Argentina, con un comercio atomizado, tiene solo el 8% de las exportaciones de trigo mundiales.
La Australian Wheat Board tiene actualmente oficinas en Japón, China, Singapur, India, Suiza y recientemente abrieron en Brasil, un punto que hay que tener en cuenta, ya que son compradores de nuestro trigo. Además han tipificado el trigo en ocho variedades y unas 50 combinaciones diferentes de las ocho variedades, que se venden dependiendo del mercado al que llegan. En base a los tipos, se estandariza el precio, ya que ellos manejan el almacenamiento y el transporte, de modo que a todos los productores se les paga lo mismo, independientemente de su ubicación geográfica con respecto al puerto. Estos tipos además varían en el precio, desde el Prime Hard, que se paga unos 191 dólares por tonelada al productor, hasta el Feed, que se paga 155 dólares por tonelada.
En nuestro país se encuentra el programa Trigo Calidad Syngenta, que tiene por objetivo buscar valor agregado, primero mirando al mercado de Brasil y ahora al de Nigeria. En el marco de este programa se paga ente 12 a 14 dólares extra por tonelada por trigo de alta calidad.
Frente a este panorama Cid destacó que hay que preguntarse si realmente estamos aprovechando todas las oportunidades que nos ofrece el mercado, por ejemplo en el complejo oleaginoso, en el mercado de carnes y otros productos. Si bien en oleaginosas hay un mayor conocimiento, con exportaciones muy grandes, en los otros casos no se aprovechan todas las oportunidades, por carecerse de un conocimiento completo de las necesidades que plantea el mercado mundial en la actualidad. Este problema se acentúa en todo lo que son especialidades, donde se aprovecha muy poco.

La infraestructura

Cid describió a la infraestructura como todo aquello referido a la capacidad de almacenamiento, los puertos con perfil exportador y el transporte, tanto por vías fluviales como caminos y ferrocarriles. Según su opinión, a pesar de que se pueden hacer muchas mejoras en este aspecto, no es una limitante de gran importancia a la competitividad de nuestros productos.
La capacidad de almacenamiento en nuestro país alcanzó en 2004/5 los 62 millones de toneladas en silos convencionales y 17 millones en silos bolsa, totalizando 79 millones de toneladas, casi el total de la producción anual de granos.
La proyección para el 2010/2011 indica que se alcanzará un total de 74 millones de toneladas de capacidad en silos convencionales y 27 millones en silos bolsa, lo que alcanzaría para el total de producción previsto para ese entonces, que es de 100 millones de toneladas.
Con respecto a los puertos, Cid remarcó que actualmente la hidrovía tiene 28 pies de calado desde la ciudad de Santa Fe hasta Puerto San Martín y 36 pies desde esa localidad hasta el mar, opinando que no hay necesidad de una mejora urgente.
Las inversiones en el área de infraestructura que se esperan para los próximos años comprenden unos 600 millones de dólares para aumentar la capacidad de almacenamiento, en donde se destacan las obras de Cargill en Bell Ville e Inriville, AGD en Villa Huidobro y Ceres y ACA en Bandera. El objetivo es procesar y exportar la producción del país en forma de aceite, harina, pellets o granos (en ese orden), especialmente se espera que toda la soja sea procesada localmente. A esto se suman proyectos en desarrollo en las áreas de ferrocarriles, el sector fluvial y las rutas, encarados tanto por el sector público como el privado.
En puertos los proyectos más destacados son el de Bunge en Ramallo, Noble Argentina y Louis Dreyfus en Timbúes, Cargill en Gobernador Gálvez, Puerto Buey y Diamante, a lo que se suma el proyecto de profundización de la hidrovía hasta el Paraguay, que permitiría que se pueda captar soja desde Paraguay o Brasil, para procesar en Argentina.
En cuanto a rutas sobresalen el corredor del Norte y el del centro, la autopista Rosario – Córdoba y la circunvalación de la ciudad de Rosario. Sin embargo sobre 530.000km de la red vial nacional, solo el 12% está pavimentado, por lo que hay mucho espacio para mejorar y, según afirmó Cid, el sector debe influir para que se hagan este tipo de obras.
Los ferrocarriles son el único sector que ha disminuido su capacidad en los últimos años, transportando menos carga que en 1930 y con una extensión menor. En 1945 había 42.500km de vías férreas en las cuales de transportaban 45 millones de toneladas, mientras en 2004 apenas se alcanzaban los 30.200km y se transportaron 21,7 millones de toneladas.
De acuerdo con Cid, si bien las rutas, el parque automotor, los ferrocarriles, puertos y la hidrovía son factores mejorables, no parecen ser una limitante a la competitividad de nuestra producción.

Eficiencia productiva

Argentina cuenta con varias ventajas naturales para ser eficientes desde el punto de vista productivo, como son buenos suelos, el régimen de lluvias y temperaturas, que permiten un mejor control sanitario de los cultivos en cuanto a malezas, insectos y enfermedades. Además dispone de ventajas tecnológicas, como la disponibilidad de tecnología y la tasa de absorción de la misma, representada por la genética, el manejo (como la siembra directa), protección de los cultivos, biotecnología y la fertilización.
Como ejemplo de la competitividad argentina, Cid mostró una comparación de la utilidad por hectárea en distintos países, que se detalla en el cuadro 1, en base a la rentabilidad comparada del productor en el cultivo de soja, suponiendo un paquete tecnológico completo, sin multicultivo ni incluyendo precio de alquiler de la tierra, con un costo moderado de estructura y precio local según las condiciones prevalentes. En el cuadro 2 se ve la misma comparación, aunque con un precio menor.

Cuadro 1

País

Argentina

Bolivia

Paraguay

Uruguay

Brasil

Estados Unidos

China

Área Geográfica

P. Húmeda

S. Cruz

Itapué

Young

M. Grosso

Illinois

Heilongjiang

Precio internacional U$S/tn

230

230

230

230

230

230

290

Precio local U$S/tn

164

170

162

200

175

230

290

Rendimiento promedio tn/ha

3,2

2,5

2,6

2,3

3,2

3,1

2,2

Utilidad por ha U$S/ha

213

117

113

140

119

300

169

Fuente: AACREA y Syngenta

Cuadro 2

País

Argentina

Bolivia

Paraguay

Uruguay

Brasil

Estados Unidos

China

Área Geográfica

P. Húmeda

S. Cruz

Itapué

Young

M. Grosso

Illinois

Heilongjiang

Precio internacional U$S/tn

193

193

193

193

193

193

243

Precio local U$S/tn

138

142

125

163

138

193

243

Rendimiento promedio tn/ha

3,2

2,5

2,6

2,3

3,2

3,1

2,2

Utilidad por ha U$S/ha

132

58

27

68

0

205

65

Fuente: AACREA y Syngenta

De esta comparación se ve la fuerte caída en la utilidad por hectárea en Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay, en donde se destaca la zona de Mato Grosso, que no tiene ninguna utilidad ante el segundo escenario.
Como último punto a tener en cuenta en la eficiencia productiva de los productores argentinos está la diferencia en el endeudamiento con respecto a sus pares de Brasil o de Estados Unidos. En Argentina los productores han logrado sanear su situación y en general no tienen deudas, mientras que en Brasil los créditos a pagar por año corresponden al 50% de sus ingresos brutos, situación que se ha vuelto muy preocupante para ellos. En Estados Unidos el sector agropecuario tiene una situación intermedia de endeudamiento.

El marco regulatorio

Actualmente si bien el sector agropecuario es de enorme importancia, su nivel de influencia sobre las medidas que toma el gobierno es insignificante y según Cid, es una postura ingenua e irresponsable el decir “yo hago las cosas bien y listo”. Actualmente existen tres tipos de organizaciones que representan al sector, las primeras de las cuales son las gremiales, como la Sociedad Rural, CARBAP, CRA, Coninagro y Federación Agraria, que Cid describió como muy atomizadas, a pesar de que tienen más intereses en común que diferencias, pero sin embargo no se unen. Por otro lado están las organizaciones por cultivos, como Maizar y Asagir; y finalmente están las otras como AACREA y AAPRESID, que manejan cuestiones técnicas y de gerenciamiento, aunque deberían plantearse si no deben hacer esfuerzos para influir en el contexto y participar.
Desde el punto del gobierno, el intervencionismo y el hecho de que sea tan imprevisible le saca competitividad a nuestra producción.
Leopoldo Cid calificó al marco regulatorio como el aspecto en el que somos menos competitivos, tanto desde el punto de vista de las entidades que representan al sector como desde el gobierno, concluyendo que es lo que más hay que mejorar, agregando también que la educación es otra desventaja competitiva importante. Ante esta realidad remarcó que si se quiere mejorar la rentabilidad, hay mucho más para hacer tranqueras afuera que adentro.

El rol de la tecnología en el campo

Dentro del mismo panel, Rolando Meninato, de Dow Agro, dio una visión del rol de la tecnología en la empresa agropecuaria, mirando diez años hacia adelante. Para comenzar su exposición volvió diez años hacia atrás, para remarcar los cambios que ocurrieron desde entonces hasta la actualidad. Por ejemplo en 1996 recién se lanzaba la soja RR y en cuatro años alcanzaba el 90% de la superficie de ese cultivo en Argentina, al tiempo que se pasaba de 6 millones de hectáreas con soja a casi 16 millones en 2006. En fertilización se pasó de 400 mil toneladas a 2,5 millones y por otra parte apareció el maíz BT, alcanzando un 70% de la producción, cuando se esperaba que llegue al 35%.
Ahora, mirando hacia delante, se ve el gran potencial de crecimiento de China e India, en donde Argentina tiene una oportunidad histórica si es competitiva. El uso de vegetales como biocombustibles es otro tema fundamental, que dependerá de la política energética que tome nuestro país, ya que aún no tenemos un marco desarrollado, algo que si poseen Estados Unidos y Brasil. La mayor necesidad de consumo de proteínas en el mundo y la producción de commodities a costos menores son otros desafíos.
Desde 1995 hasta el 2000 se hablaba de nuevos productos en cuanto a rasgos agronómicos, como tolerancia a herbicidas, protección contra insectos, mejoras y estabilidad en la producción y resistencia a enfermedades. A partir de 2000 se sumaron los rasgos de calidad, como alimentos más sanos, mejor procesados, con mejoras en la molienda y harinas, además de una mayor eficiencia del forraje. A partir de 2005 el tema son las plantas como fábricas productoras de lubricantes, biocombustibles, disolventes, adhesivos, plásticos, recubrimientos, tintas, proteínas y productos farmacéuticos.
Un problema que remarcó Meninato en el desarrollo de estas mejoras, en lo que respecta a la biotecnología agrícola, es el costo regulatorio de los eventos, que inhibe el desarrollo de soluciones para marcos locales; hoy nuestro país autoriza solo los mismos eventos que se aprueban en Europa y eso no permite los desarrollos locales. Por ejemplo se trabaja en genes para el mal de Río IV, aunque su aprobación no se va a lograr si se espera a que se registre en Europa. La semilla no es lo más importante, sino que como fue la introducción del RR, es una herramienta que permite un trabajo en red de investigación y un avance de los sistemas agronómicos, aunque estos llevan de 5 a 7 años.
Los productos que se vienen incluyen agroquímicos con mejor perfil toxicológico y de residuos, dosis más bajas en gramos por hectárea, control de insectos más malezas en un mismo producto, controles cruzados de malezas (resistencia a más de un herbicida), mejoras en la alimentación animal y en la calidad y cantidad de aceites de maíz, girasol, soja y canola.
Meninato además destacó algunos problemas que hay que resolver, como las resistencias generadas a fungicidas, glifosato (ya hay sorgo de alepo resistente) y la que se está generando a los piretroides. Además se pierde la posibilidad de uso de algunos agroquímicos por no estar registrados en los países avanzados y el uso de fertilizantes nitrogenados, que llevan a la presencia de nitratos en las napas freáticas. Otro punto es la búsqueda de aceites vegetales mejorados, con el objetivo de llegar a un 0% de grasas trans en dos o tres años.
Frente a esta situación, los desafíos de la industria son continuar desarrollando nuevas tecnologías que aporten valor a la agricultura con el objetivo de asegurar beneficios económicos, un ambiente sustentable y responsabilidad social, buscar a través del trabajo en redes la mejor adaptación de tecnologías preexistentes a nuestro país y ver porqué no avanzamos rápido para competir.

Por Santiago Rivas – Agrositio.com – Fuente AACREA