Poco a poco, el sistema de la policultura se va consolidando como una opción más para los productores para aumentar sus márgenes, sobre todo en la medida que los conocimientos sobre este tema se van haciendo más firmes. En estos últimos tiempos se han realizado gran cantidad de ensayos que están arrojando resultados para que, en base a ellos, definir estrategias.

La renta de las empresas generalmente depende del ingreso, que se mide en base al rinde por el precio de venta, a lo que se restan los gastos, directos e indirectos, incluyendo los retiros. Actualmente la tendencia mundial de los precios es a la baja y si bien los rindes van evolucionando, no lo hacen en la misma medida que la caída de los precios. Pablo Calviño explicó durante una jornada realizada en Río IV que los gastos directos están viviendo el buen momento generado por la soja RR, pero en los cultivos de gramíneas estos suben por el mayor uso de fungicidas y fertilizantes, mientras que hay que sumar el costo cada vez mayor de los alquileres.
Para solucionar esta caída en los márgenes, es necesario intensificar la producción, para mejorar la eficiencia en el uso de los elementos y los recursos.

Medir el rendimiento

En los orígenes de la agricultura el rendimiento se expresaba por semilla sembrada, por que estas eran la limitante, ya que se debía utilizar una parte para alimentos y otra parte importante para dejar como semilla para el año siguiente. Esto fue cambiando y se expresó como rendimiento por hectárea, aunque ya hay sistemas en el mundo que expresan la producción por día, como sucede en algunos ambientes tropicales con 3 cultivos por año.
En síntesis, medir los rendimientos por hectárea es una tradición, aunque comenzar a medirla por año o por otro recurso más limitante podría ayudar a mejorar la producción o la renta del sistema. Por ejemplo en algunos casos la producción se puede expresar por superficie, tiempo (año, semestre, día), precipitaciones (mm anuales, durante el cultivo o durante el período crítico), agua utilizada (mm), costo del alquiler, gastos indirectos o directos, etc.
En los últimos años, los sistemas productivos de los establecimientos agrícolas de Argentina han sufrido cambios importantes. Entre los más significativos aparece el aumento de la superficie de soja y la reducción de la superficie del maíz y trigo en algunas regiones. Estos cambios ocurrieron principalmente debido a la diferencia de rentabilidad entre las actividades y su consecuencia ha sido el aumento de la participación de la soja y el incremento del riesgo por la reducción de la capacidad productiva de los suelos. En esta línea, la viabilidad de los sistemas agrícolas no subsidiados sólo puede ser sostenida con la intensificación de las prácticas culturales y el incremento en la eficiencia del uso de los recursos.
En este sentido varias prácticas de manejo tales como los cultivos sucesivos o los intercultivos, entre ellos la intersiembra, han sido mencionados como ejes de la intensificación. La intersiembra, entendida como dos o más cultivos simultáneos sobre una misma superficie (Andrews y Kassam, 1976), frecuentemente incrementa la captura y eficiencia de uso de los recursos y la productividad de la tierra (Morris y Garrity, 1993; Carruthers et al., 2000; Caviglia et al. 2004). En este contexto, la intersiembra tiene el potencial de convertirse en una alternativa significativa de intensificación para los agroecosistemas de la Pampa Húmeda.

Primeras experiencias

En el CREA Tandil comenzaron a realizar cambios desde hace cinco años para aumentar la rentabilidad, a pesar de que ya estaban en campos con agricultura permanente en siembra directa. Ante esa situación había un gran impacto del doble cultivo, con acumulación de rastrojo que dura entre 4 a 5 años y además tienen un período libre de heladas corto (del 15 de noviembre al 30 de marzo). Como primer paso dividieron los campos por ambientes, haciendo los cultivos en base a esos ambientes.
El problema en la zona es que a medida que se atrasa la fecha de siembra, el rendimiento de la soja cae mucho, por lo que hacer trigo y soja de segunda arroja un rinde muy bajo para el segundo cultivo. Ante esta situación decidieron analizar la posibilidad de hacer los dos cultivos juntos, perdiendo la menor cantidad de trigo posible en el momento de la siembra de la soja y sin dañar la soja al cosechar el trigo.
Los ensayos en el primer año arrojaron como resultado que el rinde del trigo bajaba mucho al separar la distancia entre hileras. Por ejemplo con una separación a 70cm, la producción caía 28%, mientras que en siembras tardías el rendimiento también disminuyó por menor cantidad de espigas. Sin embargo, al separar la distancia entre hileras del trigo, aumentó el rinde de la soja, por lo que decidieron abocarse a buscar la estructura ideal.
Luego de diversos ensayos, llegaron a la conclusión de que la mejor combinación son 3 hileras de trigo y 1 o 2 de soja, con menos trigo, la soja tiene menos competencia y rinde más. De todas maneras, de acuerdo al ambiente cambia la estructura, por ejemplo en Pergamino conviene hacer más soja que en Miramar.

Sistemas de intersiembra

Calviño definió varios tipos de dobles cultivos. El tradicional, que es el sucesivo, o sea trigo y soja de segunda, y los intercultivos.
Entre los intercultivos hay tres variables, pueden ser siembras simultáneas o separadas en el tiempo, dentro de estas últimas, pueden ser con menos de 50 días de diferencia (antes de que el primero crezca mucho), en el cual el segundo cultivo no tiene restricciones de luz o agua generadas por el primero, aunque el primero tiene la competencia del segundo. Otra opción es con más de 50 días de separación entre la siembra, para lo cual se necesita una máquina especial que permita entrar en el cultivo sin causar daños, como es el modelo diseñado por Alberto Choulet junto con La Tijereta.
Como base para la intersiembra hay que comenzar por medir el rinde en eficiencia del uso de los recursos (como por ejemplo milímetros de agua), mirar el rendimiento anual, por ejemplo aprovechar el 75% de la lluvia en lugar del 50%.
Entre las distintas alternativas exploradas, Calviño explica que han podido idear y fortalecer tres combinaciones de intersiembras

Intersiembra trigo – soja

Este sistema en principio fue pensado para las regiones en donde la soja de segunda es riesgosa por un reducido período libre de heladas posterior a la cosecha del trigo y para todas las regiones donde las últimas sojas de segunda sembradas tienen diferencias importantes de rendimiento con las sojas de primera.
Si bien esta tecnología tiene varias décadas en la Argentina, no ha tenido una difusión de gran magnitud, básicamente porque durante muchos años la soja se moría debajo del trigo. Para buscar mayor estabilidad en los rendimientos, especialmente de soja, estudiaron como disminuyen los rendimientos del trigo al separar las hileras del mismo. Hasta el momento terminaron 2 campañas de ensayos. En el 2004, realizaron 5 ensayos en el que variaron la variedad (Baguette 10 y Back Sureño) y la profundidad de suelo (somero y profundo) y en la última campaña otros 4 ensayos en ambientes de muy diferente productividad.
Los resultados obtenidos fueron muy fuertes y con bastante semejanza entre ensayos. En estos se observó al reducir poco la proporción de trigo (66 y 75% de las hileras), reducciones similares a las obtenidas en años anteriores por otros investigadores. Cuando la proporción de trigo fue 33 o 25%, el rendimiento bajó 23 y 27%, respectivamente.

Girasol-soja

Esta opción descansa en tres elementos, comenzando por los estudios de López Pereira y su equipo (UBA) que indican que el girasol en surcos a 1,4m es capaz de mantener rendimientos similares a los que presenta en distancias convencionales. El segundo elemento es la intersiembra de soja a los 40-50 días posteriores a la siembra de girasol, que puede implementarse con leves modificaciones de la maquinaria actual. Por último la combinación de soja RR y girasol CL posibilita un manejo realista de las malezas con herbicidas disponibles. De esta manera el período crítico de la soja es cuando ya no está el girasol, no hay competencia entre los cultivos, aumentando el resultado económico, el aporte de Carbono y la captura de recursos, como los fertilizantes. Los problemas son la posibilidad de vuelco del primer cultivo por exceso de agua o la muerte o ahilado de la soja.
La intercepción de la radiación, cualquiera que sea la variedad, depende de la densidad del girasol, si es superior al 65% la soja tiende a hilarse, capta menos del 35% de la radiación. El óptimo es aproximadamente 30.000 plantas de girasol por hectárea, con un girasol de mejor genética se logra un mejor rinde con la misma radiación.

Maíz – soja

En los últimos dos años se ha probado que el maíz a 1,57m entre hileras sólo reduce su rendimiento entre 16 y 20% respecto al cultivo con todas las hileras, mientras que el resto de los factores son coincidentes con lo descripto para el caso de la intersiembra girasol – soja. La base ecofisiológica de la mayor productividad y estabilidad de la intersiembra se respalda en el defasaje temporal entre los períodos críticos para la determinación del rendimiento de estos cultivos, logrando que el primer cultivo llegue a madurez fisiológica antes de que el segundo comience su período crítico. Al igual que con el girasol, es más importante la densidad que la separación entre hileras, se puede lograr igual cobertura a 70cm o 1,40mts.
Por otro lado se está comenzando a ver la posibilidad de hacer trigo- maíz de 2º en donde el maíz no caería más del 18% de su rendimiento

Ideas generales

Si bien los resultados presentados son novedosos y alentadores, para distintas regiones agrícolas de la pampa húmeda es muy probable que para la intensificación de los cultivos de gruesa, convendría probar donde la estación de crecimiento lo permita:
Cultivos sucesivos (primero uno corto y a continuación el segundo), siembras simultaneas de ambos cultivos, siembras desfasadas, entre las que puede hacerse la del segundo cultivo antes de que el primero llegue a la altura del bastidor de la sembradora o con el segundo cultivo después de la floración del primero. Por ejemplo en Tandil no es posible sembrar el segundo cultivo luego de los 50 días de la siembra del primero, sí se puede hacerlo al norte de la Ruta 5, donde la máquina desarrollada por Choulet permite aumentar las densidades y mejorar los rindes.
El resultado final de los ensayos dio que a pesar de que el margen individual de cada cultivo es inferior, los márgenes sumados de ambos son superiores a hacer un cultivo solo.

Resultados de ensayos realizados por Calviño

Trigo – Soja y Girasol- Soja

En estas dos últimas campañas realizaron ensayos controlados y varios lotes comerciales en distintas regiones del país. Como conclusiones de la experiencia recopilada, encontraron que en la medida que logren que el primer cultivo llegue a madurez fisiológica antes de que la soja llegue a R1 – R2 en regiones con recarga hídrica, el rendimiento de los cultivos intersembrados puede alcanzar el 80 - 85% y 45 - 60% del rendimiento de cada monocultivo. En cambio, en los ambientes con deficiencias hídricas de importancia, la competencia que sufre la soja puede incluso producir la muerte del cultivo de soja. En todas las pruebas con girasol y soja el primer cultivo rindió 600kg y el segundo 200kg por encima del promedio.

Maíz- Soja

Los resultados de estas dos últimas campañas, muestran resultados muy parecidos a los de Girasol- Soja, donde por sembrarse el maíz a 1,57m entre hileras el rendimiento del maíz es de aproximadamente 20% menor al del cultivo puro para rendimientos desde 10 a 16 t/ha. Incluso en algunos casos con deficiencias importantes de agua en las etapas finales del cultivo, las reducciones fueron muy inferiores. Respecto al rendimiento de la soja, es donde están los mayores problemas, especialmente cuando no se consigue separar los ciclos de los cultivos por no contar con materiales de maíz lo suficientemente cortos. En ambientes con restricciones hídricas de importancia, la soja tiene mermas muy importantes de rinde y en ambientes de muy alta productividad la soja puede tender al vuelco. A pesar de estos inconvenientes, para la región norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, las limitantes principales que detectaron hasta el momento son:
a) El alto riesgo de que se doble o vuelque el maíz, que produciría graves problemas en la cosecha.
b) La falta de materiales lo suficientemente cortos (MR < 95 -105) CL o RR.
Las mejores expectativas para este intercultivo son con el sistema de Choulet, para sembrar más separada la soja. Por ejemplo sembrar la soja el 15 de diciembre y cosechar el maíz un mes después, con una soja lo suficientemente larga como para separar los períodos críticos de los cultivos.

Por Santiago Rivas – Agrositio.com – Fuente AACREA