El Lic. Ricardo Martínez Peck, Consultor en Mecanización Agrícola expuso sobre las actuales tecnologías de pulverización y sobre lo que debe tenerse en cuenta a la hora de realizar aplicaciones, especialmente en lo referido a fungicidas para la roya de la soja.

Planear la pulverización

Antes de empezar a pulverizar hay que definir una estrategia de acuerdo a que es lo que se quiere aplicar. Los elementos que determinan esa estrategia son la forma de acción del producto a utilizar, el tamaño de las gotas, el tipo de cobertura (Impactos/ cm2), el coeficiente de variación de la cobertura, la arquitectura de la planta y valor del índice de área foliar (IAF), los métodos de penetración y los posibles escenarios climáticos.
En cuanto a los fungicidas para la roya de la soja, generalmente son mesostémicos, actúan por contacto del producto con la parte afectada de la planta, por lo tanto es necesario llegar a toda la planta. El problema con la soja es que por su forma es muy difícil llegar a la base de la planta, por eso la técnica a emplear es un factor determinante en la eficacia del control de la roya.

Parámetros a tener en cuenta

Para empezar a planificar hay que empezar por ver cual es el espectro de gotas que puede brindar una pulverizadora. Eso esta determinado por el Diámetro Volumétrico Mediano (DVM), que brinda la información sobre cuál es el promedio del tamaño de las gotas en micrones que puede tirar una pulverizadora. También hay que tener en cuenta el DV 0,1 y el DV 0,9. El primero de ellos indica que el 10 por ciento de las gotas son menores a esa medida, mientras que el segundo indica que el 90 por ciento es menor. Toda esta información es brindada por los fabricantes y es importante porque nos permite saber que tamaños de gotas estamos manejando. Con esa información hay que saber cuál es la energía de la gota, que es determinada por su peso y su velocidad, ya que a más energía hay mayores posibilidades de que llegue al blanco. En ese sentido si se aumenta la presión generalmente se achica el diámetro, disminuyendo el peso, de modo que se mantiene la energía, por lo que en algunos casos se emplea aceite para aumentar la vida útil de la gota. Para poder alcanzar una buena cobertura como la necesaria para el manejo de la roya de la soja hay que tirar las gotas lo más chico que se pueda, ya que se necesitan al menos 20 a 30 impactos por cm2 para los fungicidas sistémicos y entre 50 y 70 para los que actúan por contacto. Por ejemplo una gota de 50 micrones es inmanejable, pero una de 400, si bien llega al blanco seguro, cubre muy poca superficie. Por otro lado, el volumen de cada gota de 400 micrones es igual al de 512 de 50.
Otro problema es que a o ancho del botalón la pulverización no es pareja, hay zonas que reciben más o menos químico. Esto es debido a la velocidad de avance de la máquina y al movimiento del botalón entre otras cosas, lo que obliga a que en la zona donde menos cae debe haber un mínimo aceptable. Eso determina que si necesito una baja dosis el coeficiente de variación entre los puntos de más y menos pulverización debe ser bajo. Eso se logra con un equipo en buen estado, estable, con buenos picos y un tamaño de gota adecuado.
Por último están las condiciones atmosféricas, principalmente temperatura y humedad. Por ejemplo, estudios realizados han determinado que por ejemplo con 30º C y 50% de humedad, una gota de 50 micrones cae solo 15 centímetros antes de evaporarse, una de 100 micrones cae 2,4 metros y una de 200 lo hace 39 metros. Como ejemplo Martínez Peck citó que “del 12 al 23 de Febrero de 2005, prácticamente todos los días, la humedad relativa bajaba del 60 % entre las 8 y las 12 de la mañana y se mantenía en valores inferiores a este límite muchas veces hasta después de las 20.00 hs. Además, la temperatura, en ese periodo fue superior a 25 º C”. Esto lleva a que haya que empezar a pensar en pulverizar de noche, ya que durante el día, para poder pulverizar había que usar grandes tamaños de gotas, con los cuales no se logra una cobertura suficiente como para atacar la roya de la soja. Como conclusión se pude decir que una gota muy fina trae acarreado un alto riesgo climático, mientras que gotas muy gruesas traen el problema de poca cobertura.
En cuanto a cual es la temperatura y humedad límites para trabajar o no, esto es difícil de establecer teóricamente, hay que determinarlo de acuerdo a los resultados, porque con una buena estrategia puedo lograr buenos resultados igual. Con respecto al rocío, hay que tratar de tomarlo como aliado, a las horas de la mañana hay buena posibilidades climáticas. Por ejemplo a esa hora cuando se tira glifosato desde aviones, se lanza puro, ya que el agua esta abajo. Lo importante es que el rocío no chorree ni que las gotas sean demasiado grandes, porque al juntarse las gotas de rocío con las de la pulverización, se pueden juntar y chorrear. Lo bueno es que a esa hora la planta absorbe más líquido

Volumen por hectárea

El volumen de fungicida por hectárea no es un parámetro que debe definirse de antemano, sino que debe depender del tamaño de las gotas, la cantidad de impactos por cm2 requerida y el IAF. En soja este último es normalmente de entre 4 a 6 hectáreas de superficie foliar por hectárea de cultivo.
Con respecto a la cobertura hay que saber que al agrandar las gotas la superficie cubierta es menor y se corre el riesgo de errarle al objetivo, sobre todo cuando es chico como puede ser en este caso. De esta manera sabemos el IAF, la cantidad de impactos por cm2 la determina el producto y el tamaño de las gotas surge de la estrategia a emplear por los parámetros citados más arriba, con toda esta información se calculan cuantos litros se pulverizan por hectárea.

Como llegar a la base del cultivo

La arquitectura de la planta de soja hace que las hojas superiores hagan un efecto de paraguas, no permitiendo que el líquido llegue a la parte inferior. Para esto hay que buscar formas de penetrar el canopeo, que puede a través de la disposición o el tipo de pico. Esto puede ser disponiéndolos en planos inclinados, con doble abanico con múltiples planos inclinados o picos de conos huecos. También se puede pulverizar perpendicularmente a la línea de siembra o con equipos con túnel de viento.
Cuando se usan planos inclinados se vuelvan las plantas, lográndose llegar hasta la parte inferior, aunque cuando se usan estás técnicas la pulverizadora no debe avanzar a más de 12 kilómetros por hora, ya que se pierde el efecto. Lo mismo sucede con el doble abanico, sobre todo con gotas pequeñas, ya que si se avanza muy rápido las gotas que son lanzadas hacia delante terminan cayendo hacia atrás.
Esto último se puede solucionar si se emplean portapicos dobles, ya que se puede emplear un pico hacia delante que tire gotas más gruesas y otro con gotas más finas hacia atrás, para que las primeras caigan bien al tener mayor energía. Otra ventaja de estos portapicos es que se puede cambiar la configuración de acuerdo a las condiciones del momento.
Los picos de conos huecos tienen infinitos planos de ingreso al cultivo, pero la mayoría de los que se emplean producen gotas finas. Sin embargo ahora también hay con absorción de aire, que producen gotas de mayor tamaño y son muy útiles para la roya.
Los equipos asistidos por aire, con túnel de viento son difíciles de encontrar hoy en día. El problema que tienen es que si bien logran abrir el follaje, si la velocidad del viento es muy grande, aplastan las hojas unas sobre otras y bloquean el acceso del líquido.
El problema que se puede generar en el futuro es si se achican los surcos en la soja, ya que cada vez va a ser más difícil llegar a la base del cultivo.

Control de la pulverización

Para realizar un buen control de la pulverización debería armarse una planilla con las distintas estrategias a emplear de acuerdo a la situación. También debería llevarse un control de los resultados de la pulverización para definir correcciones, empleando tarjetas hidrosensibles. Actualmente casi no se usan, porque su costo es elevado (45 dólares el sobre), pero es la única forma de determinar si la pulverización se realizó correctamente. Estas deben ser empleadas por el operador de la máquina para definir que se va a usar y además hay programas para computadoras que permiten medir las tarjetas, definiendo el DVM, el volumen por hectárea y por cm2, etc. Actualmente menos del 1 por ciento de las aplicaciones están controladas con tarjetas hidrosensibles y esto es un gran problema porque en el control de la roya, hacen falta más precisiones en la técnica de aplicación requerida. Si bien su control es similar al de cualquier hongo de la papa, los cultivos de papa son muy reducidos y cualquier exceso en la pulverización lleva a pérdidas muy pequeñas. En cambio en extensiones como se siembra la soja las pérdidas causadas por una mala pulverización pueden ser grandes.

En resumen, pulverizar un cultivo de soja para controlar roya asiática no es demasiado complejo, aunque actualmente hacen falta precisiones de la técnica de aplicación requerida ya que los productos agroquímicos han demostrado su eficiencia en el control, pero son “Tecnica-dependientes”. De todas maneras existe en el mercado los picos y sistemas que permiten lograr buenas aplicaciones. Además debe mejorarse la logística de abastecimientos de los pulverizadores, ya que se necesitarán altos volúmenes por hectárea y los tratamientos deben hacerse a baja velocidad (12km/h); debe incrementarse y promover el uso masivo de las tarjetas hidrosensibles y los operadores de los pulverizadores deben conocer las técnicas y accesorios de pulverización y el criterio para utilizarlos.

Por Santiago Rivas – Agrositio.com – Fuente AACREA