En dicha conferencia se expuso algunos de los puntos centrales de su libro, fruto de un año de trabajo en China. Agrositio estuvo presente en esta interesante conferencia del pensador francés que visitó nuestro país y le alcanza conclusiones e ideas que lo mobilizarán.
Sorman, investigó la realidad del gigante asiático, tratando de desenmascarar
la propaganda del Partido Comunista Chino sobre el gran suceso que muestra su
economía, escuchando directamente de la población la opinión sobre el gran
cambio que ha experimentado este país y que ha repercutido en la economía
mundial de una forma extraordinaria.
Si bien Sorman reconoce que es importante el cambio que se vive en la sociedad,
explica que a pesar de que el gobierno chino se empeña en mostrar a su país como
una economía de mercado, democrático, con amplias libertades, la realidad es muy
distinta.
El verdadero poder en China
Según explicó el Partido Comunista sigue siendo la figura central en el poder
chino, con una fuerza muy grande, con el control total político, cultural y
religioso, especialmente debido a que todo tipo de oposición al régimen sigue
estando penada por la ley y cualquiera que discuta las políticas del gobierno o
que siga una religión abiertamente y fuera del control del estado, es castigado
y tratado como criminal.
Este control se inicia desde la educación, donde la ideología de Mao Tse Tung es
enseñada obligatoriamente y es el punto central para poder aprobar cualquier
examen. Sin embargo la educación se da casi exclusivamente en las ciudades,
existiendo una enorme discriminación hacia los granjeros chinos, que conforman
entre el 70 y 80% de la población. Este sector, según indicó Sorman, está
discriminado legalmente, ya que para acceder a los beneficios del crecimiento
chino, deben vivir en las ciudades, mientras que el gobierno no les permite
radicarse en otro lugar que no sea el de nacimiento, salvo con una autorización
que es difícil de conseguir y cuyo sistema de otorgamiento está rodeado de
corrupción. De esta manera los pequeños productores agropecuarios chinos no
pueden acceder a educación o salud de calidad, debiendo contentarse con los
pobres servicios que les brindan las pequeñas poblaciones.
Una minoría que controla
Aunque parezcan un número grande, los 60 millones de miembros del Partido Comunista Chino solamente representan una ínfima minoría en un país de más de 1300 millones de personas. También es importante tener en cuenta la distribución de los miembros según su origen, ya que solo hay un 12% de mujeres y un 6% de miembros provenientes del campo. Sorman explicó que el partido está formado en su mayoría por hombres educados, tecnócratas, provenientes de las universidades y con muy poco contacto con la gente.
El camino a la industrialización
China entró al comunismo en 1949 y ya Mao Tse Tung intentó una primera industrialización del país, que era formado casi totalmente por población rural. Sin embargo este primer intento fue siguiendo los métodos soviéticos y fracasó. Luego entre fines de los ’70 y comienzos de los ’80 iniciaron un nuevo intento, esta vez estudiando lo que el mundo podía requerir. Vieron que el mundo era un potencial cliente y que ellos podían constituirse en una gran industria. En un primer punto se orientaron a lo que Sorman definió como el “Wal-Mart consumer”, un consumidor que busca productos baratos y simples, que no requieren alta tecnología ni complejidad para producirlos. Como gran ventaja para industrializarse tenían el hecho de ser un estado totalitario y militarizado, preparado para manejar grandes masas de personas, donde sobresale la organización.
Otra ventaja son los sueldos extremadamente bajos que pagan, gracias a la fuerte presión política y demográfica, donde la gente del campo busca ir a las ciudades y debe aceptar sueldos bajos para no tener que volver al campo.
China crece lo que crece un país en plena revolución industrial
Todo el mundo se asombra con el constante crecimiento al 10%. Sin embargo Sorman expuso que ese número es normal en cualquier país que viva una revolución industrial. Mientras, la economía depende totalmente del mercado global, ya que el doméstico es muy chico. Por eso buscan evitar cualquier confrontación con las potencias extranjeras, especialmente Japón y Estados Unidos, aunque en el largo plazo quieren convertirse en algo similar a éste último país, pero en oriente. Ellos piensan llegar al punto en que Estados Unidos sea el estado dominante en occidente y ellos lo sean en la otra mitad del mundo. El problema que tienen es la fuerza de Japón (que va de la mano de Taiwán) e India, que están dispuestos a disputarle ese predominio buscado.
Además, el sistema comunista, donde no existe la propiedad privada ni la
propiedad intelectual, lleva a una escasez de creatividad, haciendo que muchos
se vayan a otros países a patentar sus inventos y luego regresen a China. Los
granjeros no invierten en mejorar su producción porque no son los dueños de la
tierra que ocupan. Tampoco tienen acceso a créditos, ya que no tienen ningún
bien para hipotecar, Sorman los describió como prisioneros de su tierra, ya que
no pueden mejorar su condición por su pobreza y deben contentarse con lo que
tienen.
Los únicos que pueden mejorar su condición económica son los miembros del
partido, que tienen acceso a una economía capitalista, donde pueden llegar a ser
dueños de sus inmuebles, sin embargo, los miembros del partido que pueden
acceder a la propiedad privada solo representan al 1% de la población.
Oposición interna
Actualmente existen en el interior de China muchas rebeliones contra los
abusos del partido, algunas de las cuales llegan a ser violentas. Estas se deben
a acciones contra los granjeros, manifestaciones religiosas (a pesar del
crecimiento del budismo, taoísmo y el cristianismo incluso), oposición política
y el sistema de planificación familiar.
Sobre este último punto, en la mayoría de los estados chinos solo se permite
tener un hijo y en otros dos, especialmente si el primero fue mujer. La
organización que maneja la planificación familiar es uno de los organismos más
corruptos de China afirmó Sorman y el sistema lleva a que se practiquen abortos
obligatorios o que directamente se ordene la muerte de los bebés, en caso de que
una familia se exceda en la cantidad permitida.
Una mirada hacia adelante
Sorman explicó que la mayoría de los chinos no quieren al Partido Comunista y
desean un cambio. Sin embargo, esta situación lleva a que el gobierno, si bien
habla de una apertura, no discute ir hacia un sistema democrático. Esta opinión
es defendida por la clase media y alta chinas, debido principalmente a que, dado
que el grueso de la población es de origen rural y muy pobre, de realizarse
elecciones tendrían una amplia mayoría y accedería al gobierno un representante
de este sector, cambiando radicalmente las políticas actuales de discriminación
hacia la población rural.
De todas maneras reconoció que hay un cambio significativo y que aunque sigue
habiendo opresión, no es la misma que hace 20 años. Sobre todo Sorman dijo que
se nota que hay una sensación de que al final existe paz y esperanza en China.
Todo indica que han empezado a recorrer un largo camino hacia un estado con
mayores libertades y posibilidades, pero todavía falta mucho por hacer.
Por Santiago Rivas – Agrositio.com