Para completar las malas noticias para el sector, se conoció la renuncia de Marcelo Rossi a su cargo de titular de la Oncca (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario), encargada de distribuir u$s 500 millones de subsidios.

Los famosos ROE (Registros de Operaciones al Exterior) siempre existieron, pero antes sólo se los utilizaba para fines estadísticos. En la actualidad y por injerencia del Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, se han convertido en la práctica, en verdaderos "permisos de exportación", que, al ser trabados o demorados ocasionan un enorme perjuicio a la industria frigorífica exportadora en general y en particular a la regional.

Porque la intención que se persigue con estas medidas es obligar a los frigoríficos que venden mitad al exterior y mitad al mercado interno, a volcar más mercadería para el consumo local y mantener así bajo el precio de la carne.

Pero eso pueden hacerlo las plantas industriales que están en los grandes centros poblados y no el Friar que, a lo sumo, puede destinar algo menos del 20% de su producción a su carnicería minorista, porque tiene un mercado muy acotado de baja densidad poblacional.

Y las consecuencias son funestas: incumplimiento de contratos de venta al exterior con la consiguiente pérdida de seriedad ante compradores importantes y exigentes, justo en momentos en que Brasil retorna al mercado internacional luego de la sanción sufrida por la aftosa, abarrotamiento de carne en las cámaras que obligaron a la empresa, por ejemplo, a cerrar sus puertas el mes pasado durante dos semanas licenciando a sus 850 trabajadores (en la planta de Reconquista, más 250 en Santa Fe), para no perjudicarlos en sus ingresos.

Y para el caso de los productores ganaderos, que encima tienen el problema de la inundación, no poder vender la hacienda porque se retira el principal comprador.

Pero la situación se vuelve todavía más absurda al analizar las consecuencias en el mercado consumidor interno. El frigorífico tiene una carnicería de venta al público, que es, por lejos, la que más barato vende la carne en toda la región.

Inclusive más barato que aquellas (que no son pocas) que venden carne proveniente del faenamiento clandestino, que no pagan ningún impuesto.

Al retirarse Friar del mercado, incluida su carnicería porque no puede faenar, el resto de los carniceros respira aliviado porque saben que no sólo aumentan sus ventas si no que también hasta pueden cobrar más por sus productos.

De toda esta situación fue impuesto Javier De Urquiza en una audiencia que concedió a Carsfe y a la que también fueron invitados directivos de Friar.

En la oportunidad, hace unos cuantos días, el funcionario, que atendió en forma muy diligente a la delegación, se comprometió a solucionar de inmediato el problema, tranquilizando a los dirigentes y empresarios diciéndoles que él se iba a encargar de realizar las gestiones correspondientes para destrabar la situación.

Pasaron varios días y la solución aportada fue mínima: sólo le "autorizan" a Friar a sacar de sus cámaras 60 toneladas diarias con destino al exterior, exactamente la mitad de lo que la empresa necesita para cumplir con sus compromisos.

"A este paso, dijo a "Sin Mordaza" un vocero de la empresa que pidió no ser identificado- si no nos autorizan un mayor volumen, la semana que viene tendremos que volver a cerrar la planta, y no sabemos qué hacer con el personal, porque ya le hemos dado casi toda la licencia anual."

Por su parte, la planta de Santa Fe trabaja con la mitad de su personal y el frigorífico Toba, de Resistencia (a través del cual Friar terceriza su actividad en el Chaco), hace más de dos meses que está totalmente paralizado, con sus 300 trabajadores suspendidos, ya que faena exclusivamente para exportación.

Diario Norte